27 abril, 2020

LA LEYENDA DE JASÓN Y LOS ARGONAUTAS

Jasón de Bertel Thorvaldsem (1803)
La leyenda de Jasón y los Argonautas cuenta la expedición que el héroe realizó en busca del tesoro del vellocino de oro. Sus aventuras tienen en la mitología griega el mismo valor educativo que otras aventuras y proezas llevadas a cabo por otros héroes y dioses ya conocidos. Para los antiguos griegos, la vida fue siempre un obstáculo cuya superación por la osadía, la inteligencia y el vigor de dioses y héroes era presentada como lección al juicio de los hombres.

Así, los sacrificios de Jasón para encontrar el vellocino de oro representan las pruebas y los sufrimientos que debe vencer todo mortal que aspira a un destino superior.

El padre de Jasón, Esón, había sido destronado como rey de Yolco por Pelias, tío de Jasón. Por ello, Jasón fue educado por el centauro Quirón, que habitaba en Pelión, morada que abandonó Jasón al alcanzar la mayoría de edad.

Y un buen día Jasón se presentó en Yolco, su ciudad natal, en medio de la plaza pública donde su tío Pelias se disponía a realizar un sacrificio en honor de los dioses. Jasón iba vestido de una manera extraña pues su cuerpo iba protegido por una piel de pantera y portaba una lanza en cada mano. Pero lo que más asombro causó entre la multitud fue que el muchacho tenía descalzo el pie izquierdo. Había perdido la sandalia en el fangoso río Anauro, cuando se compadeció de una anciana que suplicaba que la pasaran a la otra orilla del río, y a la cual portó a su espalda. Aquella vieja era nada más y nada menos que la diosa Hera disfrazada. Y es que Hera se la tenía jurada a Pelias desde que éste no le hiciera los sacrificios de costumbre, por lo que decidió castigarlo.

Y es que el oráculo había vaticinado al rey Pelias que debía desconfiar de aquel que se presentara un día con un sólo pie calzado. Y ese día había llegado.

Pelias intentó mantener la tranquilidad y empezó a cavilar cómo podía conjurar el peligro que representaba aquel joven si quería mantenerse en el trono.

Pelias, en un primer momento, simuló no reconocer a su sobrino, el cual tampoco dijo nada, limitándose a observarlo durante toda la ceremonia del sacrificio. Jasón desapareció durante cinco días y al sexto día se presentó en el palacio de Yolco reclamando el reino que legítimamente le pertenecía.

Jasón se presenta ante Pelias de Johann Friedrich Overbeck (1807)

Pelias, que había tenido tiempo durante todos estos años de urdir un plan para evitar que Jasón se hiciera con el trono, le dio como respuesta que el joven debía demostrarle que era digno de ocupar su lugar. Y para ello le impuso una prueba que, si era capaz de cumplir, bastaría para probar sus aptitudes como rey. Pero antes el usurpador Pelias le hizo una pregunta enigmática, una pregunta con trampa con la que perjudicar a su sobrino.

La pregunta fue la siguiente ¿Qué castigo impondrías a un hombre que conspirase contra su rey?. Sin titubear, Jasón le respondió que lo enviaría a conquistar el vellocino de oro (esas fueron las palabras que Hera puso en su boca)

El vellocino de oro era el toisón de un carnero milagroso sacrificado a Zeus por Frixo en agradecimiento porque el rey de Cólquide le había concedido la mano de la más hermosa de sus hijas, Calcíope. La testa del carnero era de oro y estaba clavada en un roble, en un bosque consagrado a Ares, el dios de la guerra.

Pues bien, Pelias ordenó a Jasón la misión de viajar a la lejana Cólquide, hallar el vellocino de oro y traérselo, sólo así lograría que le devolviera su trono en Yolco. Pelias creía que su sobrino no sería capaz de salir con bien de la difícil prueba porque el preciado vellocino estaba custodiado por un temible dragón que nunca dormía. Pero es que además Pelias sentía que era acosado por el espíritu de Frixo (que había huido para evitar que lo sacrificasen) el cual al morir se le negó el entierro adecuado, y según el Oráculo de Delfos, Yolco no prosperaría hasta que su ánima fuera conducida a su patria en una nave junto al vellocino de oro.

Mapa de la Argonaútica de Abraham Ortelius (1608)

Jasón envío emisarios a toda Grecia pidiendo voluntarios para emprender tamaña empresa. Pidió ayuda a Argo, hijo de Frixo, quien a su vez pidió consejo a la diosa Atenea, la cual les dijo que debían construir un navío muy resistente que fuera capaz de llevarlos hasta Cólquide. Jasón decidió poner a la nave el nombre de Argo en honor al hijo de Frixo.

Pero antes de embarcarse Jasón y sus compañeros ofrecieron un sacrificio al dios Apolo y los presagios se auguraron favorables.

La multitud despidió a los aventureros desde la playa de Págasas en Tesalia. Aunque uno de ellos, Idmón, sabía que ese sería su último viaje y que no regresaría, así interpretó él los presagios de Apolo.

Jasón y sus compañeros pusieron rumbo a la isla de Lemnos donde al arribar se encontraron una isla solo habitada por mujeres, ya que todos los hombres habían sido muertos por ellas mismas debido a una maldición que Afrodita lanzó a éstas. La maldición consistía en que los hombres vieran a sus mujeres como seres repugnantes por lo que fueron abandonadas por esclavas tracias. Las mujeres, despechadas, decidieron matar a sus maridos, y al no haber hombres no podían ser madres.

La llegada de los argonautas a Lemnos fue recibida con alegría por sus mujeres que vieron en su llegada la posibilidad de volver a engendrar. Y así fue.

De Lemnos, el Argo navegó hasta la isla de Samotracia, donde Jasón y sus compañeros se iniciaron en los misterios de Orfeo, el cantor olímpico por excelencia,  y luego siguieron viaje por el Helesponto  (estrecho de Dardanelos entre Europa y Asia) y llegaron a la isla de Cícico.

En Cícico su rey les acogió con hospitalidad y les ofreció un banquete en señal de amistad. A la noche siguiente los héroes zarparon para seguir su camino. Pero los vientos desviaron la nave, que antes de la salida del sol había vuelto a la isla de Cícico, aunque los argonautas no se dieron cuenta. Los habitantes de la isla tampoco los reconocieron y los tomaron por piratas, que con frecuencia asolaban las costas, y se entabló una dura batalla en la que el rey Cícico fue muerto por Jasón.

Con la llegada del amanecer, ambos bandos cayeron en la cuenta de su error y sobre el campo de batalla solo se escucharon lamentos y maldiciones. Al conocer la triste noticia la mujer de Cícico, desesperada, se suicidó. Y Jasón, apesadumbrado ordenó unos solemnes funerales en honor del rey Cícico, y antes de partir levantaron en la cumbre de un monte una estatua a la diosa Cibeles.

Siguiendo viaje una tempestad dirigió el Argo hasta las costas de Tracia y allí se encontrarían con el rey Fineo, que era hijo de Posidón y que padecía una terrible maldición impuesta por los dioses. Y es que las Harpías, seres mitad mujer y mitad ave, devoraban cualquier alimento que le pusieran por delante al infeliz Fineo que además era ciego, por lo que estaba a punto de morir de hambre.

Persecución de las Harpías de Erasmus Quellinus (1630)

Jasón sintió pena por el pobre Fineo y le prometió que le ayudaría sí le decía cuál sería el resultado de la expedición, puesto que Fineo poseía el don de la adivinación. Jasón pidió a sus compañeros Calais y Zetes que ayudaran al pobre y viejo rey, ya que al ser hijos del viento tenían alas con las que volaban muy rápidamente. El objetivo era perseguir a las Harpías por medio mundo hasta agotarlas y que prometieran dejar en paz a Fineo. Una vez que Fineo pudo comer y beber reveló a Jasón el futuro como gratitud. Les dio importantes indicaciones sobre la ruta a seguir en la siguiente etapa del viaje, y les advirtió que tuvieran cuidado con las temibles Rocas Azules. Si una paloma lograba pasar entre ellas debían seguirla, pero si no conseguía pasar entre las rocas lo mejor era abandonar la expedición pues los dioses no les serían propicios.

Cuando llegaron a las Rocas Simplégades, unas rocas que defendíasn la entrada del Bósforo, los aventureros soltaron una paloma como les había indicado Fineo y el ave logró pasar entre los peñascos fácilmente, pero en seguida éstos se cerraron por lo que los argonautas se vieron perdidos. Sin embargo, cuando la nave estaba a punto de tocar las rocas con su quilla éstas volvieron a abrirse y el Argo pudo terminar de pasar y seguir su viaje.

Al llegar al Ponto Euxino (Mar Negro) el primer puerto al que arribaron pertenecía al país de los mariandinos donde reinaba el rey Lico, el cual en seguida organizó una cacería para divertir a sus huéspedes. En esta cacería perdería la vida el argonauta Idmón al ser atacado por un jabalí, cumpliéndose así la profecía. Pero no sería el único, ya que la misma suerte corrió el piloto Tifis, que enfermó y murió.

Las Rocas Simplégades o Rocas Azules

Aunque tristes por la muerte de sus compañeros los argonautas siguieron viaje con la idea fija de volver triunfantes del mismo en homenaje de los compañeros muertos.

Continuaron por el río Termodonte, pasaron a orillas del país de las Amazonas y finalmente, tras una larga travesía por las costas del Cáucaso, llegaron a Cólquide.

Jasón le explicó a su rey, Eetes, el motivo de su viaje y éste le prometió entregarle el vellocino de oro si conseguía, sin la ayuda de nadie, ponerle el yugo a dos toros que exhalaban fuego y tenían pezuñas de bronce. Una vez superada la prueba tendría, además, que sembrar en un campo los dientes de un dragón. El héroe aceptó el reto.

Pero he aquí que Medea, hija de Eetes, se enamoró de Jasón y para conseguir su amor la astuta princesa le ofreció su ayuda, a cambio de que el héroe la hiciera su esposa y se la llevara a Grecia. Jasón aceptó su ayuda.

Medea le dió un bálsamo mágico con el que debía untar su escudo y su cuerpo antes de enfrentarse a los dos monstruosos toros, ya que poseía el poder de contrarrestar los efectos del fuego durante todo un día. Medea que además conocía bien las artes ocultas y la magia le confió a Jasón que los dientes del dragón generarían todo un ejército de guerreros que intentarían matarlo. Para evitarlo Jasón debía lanzar una piedra al centro del grupo con lo que conseguiría que los guerreros se atacaran entre sí y lo dejaran en paz.

Jasón y Medea de John William Waterhouse (1907)

Jasón comprobó que Medea tenía razón, pues tras conseguir poner los yugos a los toros, lanzó los dientes sobre los surcos hechos en la tierra y empezaron a brotar cientos de hombres que se lanzaron contra el héroe, el cual siguiendo los consejos de Medea, arrojó desde su escondite una piedra entre ellos y empezaron a enfrentarse entre sí hasta que no quedó nadie.

El rey Eetes, que no estaba dispuesto a cumplir su promesa a Jasón, intentó destruir el Argo y matar a los argonautas, pero no contó con la traición de su hija Medea, la cual gracias a sus conocimientos como hechicera consiguieron dormir al dragón que custodiaba el vellocino de oro y arrebatárselo.

Conseguido el toisón de oro Jasón y Medea huyeron a bordo del Argo, y aunque Eetes intentó perseguirlos pronto desistiría ya que Medea, dispuesta a todo con tal de marcharse con Jasón, no vaciló en matar a su hermanastro Apsirto que los acompañaba, dispersando sus miembros por el mar. Eetes quedó tan horrorizado por la acción de su hija que decidió cejar en su persecución.

La captura del Vellocino de Oro de Jean François de Troy (1742)

Zeus, enfurecido por el asesinato de Apsirto desvió al Argo de su ruta y lo encaminó hacia la isla de Ea donde reinaba Circe, la cual debía purificar a los argonautas, para que pudieran continuar el viaje.

Durante el largo viaje de regreso a Yolco la tripulación del Argo estuvo sometida a duras pruebas a manos del destino de las que salió victorioso.

Al llegar a Yolco cuenta la leyenda que Jasón entregó el vellocino de oro a su tío Pelias el cual le cedió su lugar en el trono del Yolco, donde reinaría muchos años junto a Medea.




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Referencias:
Robert Graves. Dioses y Héroes de la antigua Grecia. Editorial Tusquets (2015)
Robert Graves. Los Mitos Griegos II. Alianza Editorial (2011).



31 marzo, 2020

EL DOCTOR IGNAZ SEMMELWEIS "EL SALVADOR DE LAS MADRES"

Retrato de Ignaz Semmelweis
En estos últimos meses que el Covid-19 está golpeando a todo el mundo, un gesto tan sencillo y cotidiano como lavarse las manos se convierte en una de las medidas más eficaces y fáciles para tratar de combatirlo. Un gesto que hace más de 150 años puso en uso el médico húngaro Ignaz Semmelweis, que demostró que el hecho de que los médicos se lavasen las manos en el hospital evitaba la muerte de mujeres que daban a luz por las fiebres puerperales.

Aunque Semmelweis empezó estudiando Derecho en Viena, pronto cambió sus estudios a los de Medicina, su verdadera vocación, siendo alumno de celebridades médicas de la Viena de su tiempo. En 1939 regresó a su ciudad natal, Budapest, al inaugurarse la Escuela de Medicina, donde prosiguió su formación. Sin embargo, la enseñanza no le convencía y retornó a Viena, donde se licenció en Medicina y empezó a trabajar con Carl Von Rokitansky, que se dedicaba a infecciones quirúrgicas.

La realidad que observa en el hospital le hace reflexionar, aunque se sigue operando no se trata de saber verdaderamente por qué causas un enfermo sucumbe antes que otros en casos idénticos.

Con 28 años Semmelweis obtiene el doctorado en obstetricia y se convierte en asistente en la maternidad del Hospicio General de Viena.

En su época se consideraba que los aires nocivos eran la causa de las infecciones, entre ellas la sepsis puerperal. En 1795 se publican los primeros estudios que recomiendan lavarse las manos tras asistir a enfermas afectadas de fiebre puerperal antes de atender a nuevas parturientas. Así, a principios del S.XIX el doctor L.J. Boër empezó a aplicar normas higiénicas en la Maternidad de Viena consiguiendo reducir la mortalidad materna hasta el 0.9%. Sin embargo, su sucesor el doctor Klein, dejó de aplicarlas lo que tuvo como consecuencia un ascenso en la mortalidad hasta el 29.3%, es decir que moría una de cada tres mujeres atendidas durante el parto en el hospital.

El médico estadounidense Oliver Wendell Holmes ya publicó en 1843 un artículo en el que recomendaba a los médicos lavarse cuidadosamente, cambiarse de ropa y esperar al menos 24 horas antes de atender a otra parturienta si habían estado en contacto con una enferma de fiebre puerperal. La mayoría de médicos rechazaron el método propuesto por Holmes.

Semmelweis observó la alta tasa de mortalidad entre las parturientas. En el hospicio había dos salas de partos, dirigidas respectivamente por los doctores Klein y Bartch (una para enseñar a los estudiantes de Medicina y la otra para formar a las matronas). En la primera, la mortalidad en 1846 era aterradora con un 96%. Preocupado, comenzó a estudiar las diferencias entre ambos pabellones. Y se dio cuenta que el de Klein era muy frecuentado por los estudiantes de medicina, que atendían a las parturientas después de las sesiones de medicina forense. La sala de partos de Bartch era más utilizada por las comadronas y la mortalidad se disparaba cuando los estudiantes visitaban a las parturientas. El buen doctor Semmelweis no cerró los ojos a la incómoda realidad, tenía claro que la causa de la fiebre puerperal era que los estudiantes transportaban algún tipo de materia putrefacta desde los cadáveres hasta las mujeres. Así explicó un hecho en apariencia desconcertante como era que las mujeres que daban a luz en sus casas o en la calle tuviesen una tasa de mortalidad muy inferior al grupo de mujeres que parían en el hospital, sobre todo si en éste eran atendidas por los estudiantes de medicina. Semmelweis denunció que la fiebre puerperal era originada por las partículas de cadáveres adheridas a las manos de los estudiantes.

Imagen idealizada de la desinfección implantada por Semmelweis en Viena

El doctor Klein no estuvo de acuerdo con las conclusiones de Semmelweis y responsabilizó a los estudiantes, a los que acusó de brusquedad en la realización de los exámenes vaginales y acusó a los estudiantes extranjeros, sobre todo a los húngaros, vistos con mucha desconfianza en Viena. Así devolvía la acusación formulada por Semmelweis y reivindicaba su inocencia. Klein expulsó a 22 estudiantes, lo que no hizo que la situación mejorase. Semmelweis se desesperaba de impotencia al observar como se sucedían las muertes.

Ignaz Semmelweis decidió tomar medidas y en octubre de 1846 obligó a los estudiantes a lavarse las manos antes de examinar a las embarazadas. Sin embargo el doctor Klein en vez de apoyar esta medida tomó otra bien distinta y no fue otra que destituirle de su puesto.

Semmelweis tras su despido realiza un viaje por Europa y retorna a Viena, donde esperaba que el doctor Skoda le consiga una plaza en el hospital que dirige.

Su hipótesis se ve reforzada cuando fallece el profesor de anatomía Kolletchka, tras herirse durante una disección y morir de los mismos síntomas de la fiebre puerperal. La conclusión a la que llega es evidente, la causa de la enfermedad son los exudados de los cadáveres.

Gracias al doctor Skoda, Semmelweis es nombrado ayudante en la sala dirigida por el doctor Bartch. Su consigna al llegar allí es "lavarse las manos". Además solicita que los estudiantes de la sala de Klein pasen a la sala de Bartch, y lo que ocurre es que la mortalidad sube del 9% al 27%. Decide entonces preparar una solución de cloruro cálcico y obligar a que se laven las manos a los estudiantes que previamente hubieran trabajado en el pabellón de disecciones ese día o el anterior. Con ello la mortalidad desciende al 12%. Consulta los archivos de la Maternidad de Viena desde 1784 hasta 1848 y cruza los datos de partos, defunciones y tasas de mortalidad. Se da cuenta que él mismo es el causante de varias defunciones ya que en Junio de 1848 asiste a una mujer con cáncer de útero y a continuación realizó una exploración a cinco parturientas, muriendo todas ellas de fiebre puerperal. Al hacer que los estudiantes se laven las manos con la solución de cloruro cálcico la mortalidad cae a un 0.23%.

Gráfica en la que se observa el descenso de la mortalidad desde
que Semmelweis instauró el lavado de manos con cloruro cálcico

La demostración era irrefutable, pero inexplicablemente no le hacen caso, Semmelweis era un modesto médico húngaro que está acusando de suciedad y descuido a los prestigiosos médicos de la próspera y poderosa Viena. Se le acusa de haber falseado las estadísticas y de que su experimento es erróneo.

Mientras los médicos polemizan y se niegan a dar su brazo a torcer, las parturientas seguían falleciendo, a pesar de que el remedio era de lo más simple. Y aunque a Semmelweis le apoyan los doctores Skoda, Rokitansky, Hébra, Heller y Helm, prevalece la opinión del influyente Klein, por lo que el 20 de Marzo de 1849 es expulsado de la Maternidad.

Entonces Semmelweis se traslada a Budapest en plena insurrección contra los Habsburgo viviendo en condiciones penosas. Un amigo consigue que lo acepten en la Maternidad de San Roque de Budapest, donde redactaría, en 1861, su obra fundamental De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal, en la que expone sus teorías. Pero también en Budapest sus consejos higiénicos son ignorados, lo que le lleva a una depresión. En ese periodo redacta también una serie de pasquines incendiarios en los que carga contra sus colegas médicos que lo habían ignorado acusándoles abiertamente de "asesinos".

Tras estos hechos su ex compañeros le ridiculizan y le describen como un desequilibrado. Exasperado, se dedica a pegar carteles en Budapest advirtiendo a las embarazadas del riesgo que corren si acuden a los médicos.

Semmelweis acabaría siendo internado en una institución mental mediante engaños, donde tres médicos, ninguno de ellos psiquiatra, aprobaron su reclusión involuntaria. Y allí murió en 1865 a los 47 años, seguramente debido a los malos tratos que en el sanatorio mental recibió. La prensa médica a penas se hizo eco de su fallecimiento y tampoco hubo obituarios reconociendo sus méritos.

Monumento erigido a Ignaz Semmelweis en Budapest


Sin embargo, sobre su muerte circula una leyenda que dice que, en un arranque de locura, se cortó a sí mismo y la herida le produjo la temida fiebre contra la que combatió durante toda su vida.

El buen doctor Ignaz Philipp Semmelweis sería conocido más tarde como "el salvador de madres" y su teoría aceptada años más tarde cuando Louis Pasteur desarrolló la teoría de los gérmenes como causantes de las infecciones.




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Referencias:
Edward Jenner e Ignaz Philipp Semmelweis. Vacunas y antisépticos antes de la teoría microbiana
Ignaz Semmelweis, o cómo evitar contagios con tres palabras: lavarse las manos


14 febrero, 2020

LAS CRUZADAS EN LA EDAD MEDIA

Conquista de Jerusalén durante la 1ª Cruzada. S.XIV
Entre los siglos XI y XIII el mundo occidental giró en torno a las cruzadas, ocho expediciones militares de mayor o menor magnitud dirigidas a liberar Tierra Santa del dominio musulmán y que generaron importantes cambios en Europa.

No se trató en principio de un movimiento migratorio ni de una guerra de conquista emprendida por un soberano ambicioso, ni tampoco fue un intento por abrir nuevos mercados o colonizar países, aunque todas estas circunstancias vendrían a coincidir durante el desarrollo de las Cruzadas. Miles de guerreros cristianos batallaron contra el Islam con la esperanza de ganarse el reino de los cielos. A juzgar por los hechos, la Primera Cruzada fue una aventura descabellada que no fue a dar en catástrofe y acabó por triunfar más de cuánto cabía esperar.

Los antecedentes de las Cruzadas pueden hallarse en el año 732 cuando Carlos Martel (abuelo de Carlomagno) tomó el mando de un ejército dispuesto a detener a los musulmanes en la ciudad francesa de Poitiers, a los que logró derrotar impidiendo la expansión musulmana hacia el norte desde la Península Ibérica. A partir de este hito histórico empezarían a conformarse las condiciones que llevarían años más tarde a convocar las diferentes Cruzadas.

Señalar también que en la mentalidad medieval se había instalado la idea de que el fin del mundo tendría lugar en el Año Mil. Y aunque nada pasó, su influencia fue notable en todo el orbe cristiano, que identificaba la llegada del Anticristo con alguno de los caudillos musulmanes que luchaban por introducirse en Europa y conquistar sus reinos por la fuerza de las armas.

Las peregrinaciones se habían convertido en una forma de vivir para muchos que sentían la obligación de visitar los grandes lugares santos, como eran Santiago de Compostela, Roma, y sobre todo Jerusalén, como lugar de nacimiento de Jesús.

En Europa la presión demográfica hizo peligrar los suministros de alimentos, y se empezó a ver con buenos ojos mandar a la gente a conquistar nuevas tierras, aunque ello les costara la vida, peleando en masa contra los enemigos de la Cristiandad. Las Cruzadas sirvieron como una válvula de escape para muchos miembros de la nobleza que no recibían herencia (herencia que solo recibía el primogénito) y que se dedicaron a combatir en Tierra Santa. Era una forma de ganarse la vida y de canalizar su espíritu belicoso. Para las clases humildes partir a Tierra Santa fue un modo de tratar de mejorar su nivel económico, pues muchos prefirieron probar suerte en tierras lejanas y desconocidas a llevar una vida de penurias y pobreza en los campos de Europa.

Europa durante las Cruzadas

Tras la muerte del emperador bizantino Basileo II en el 1025 comenzó una época de debilidad de Bizancio que sería aprovechado por los turcos selyúcidas, que en su avance lograron ocupar Jerusalén en 1070. Y en el 1092 los cristianos habían perdido todas las ciudades importantes en aquella región en favor de los turcos que contaban con un poderoso ejército.

Los peregrinos cristianos que se dirigían a los Santos Lugares no lo tuvieron fácil desde entonces, puesto que a las fatigas del viaje se sumó la beligerancia turca que convirtió la peregrinación en algo peligroso. Los turcos eran un pueblo belicoso que creía que acosar a sus vecinos y a los peregrinos garantizaba su propia seguridad.

El Occidente Europeo se hizo eco de las dificultades que encontraban los peregrinos, y poco a poco, reyes, señores, soldados, la Iglesia y gran parte del pueblo llano tomó conciencia de que era necesario hacer algo para frenar la expansión de los "infieles", que empezaban a ser una amenaza importante. Fue tal el entusiasmo colectivo que los caballeros vendían parte de sus pertenencias para adquirir un equipo militar y costearse la expedición.

Las ocho cruzadas que tuvieron lugar pueden resumirse así:

La Primera Cruzada tuvo lugar entre 1096 y 1099 y estuvo promovida por el Papa Urbano II. Se consiguió reconquistar Jerusalén, a sangre y fuego,  en el 1099 y convertirla en reino bajo la soberanía de Godofredo de Bouillon.

La Segunda Cruzada se dio entre 1147 y 1159. En esta ocasión si que participaron reyes de la Cristiandad, encabezados por Luis VII de Francia y el emperador germánico Conrado III. Las desavenencias entre ambos fueron constantes durante toda la expedición y ello favoreció la pérdida de Damasco.

La Tercera Cruzada se llevó a cabo entre el 1189 y el 1192. Fue enviada para socorrer a los estados cristianos tras la derrota en Hattin en 1187 y la caída de Jerusalén en manos de Saladino, y aunque logró bastantes éxitos no reconquistó la ciudad. Contó con la participación del rey inglés Ricardo, Corazón de León. Cansados y diezmados musulmanes y cristianos firmarían una tregua.

Ricardo Corazón de León y Saladino

La Cuarta Cruzada se produjo entre los años 1202 y 1204. El plan era dirigirse hacia Egipto, considerado el punto más débil de los estados musulmanes, para desde allí liberar Tierra Santa. Sin embargo, la expedición se desvió y acabó conquistando y saqueando Constantinopla, lo que supuso el fin del Imperio Bizantino.

A partir de aquí el espíritu cruzado perdió fuelle, y la convicción de que los reiterados fracasos se debían a la excesiva crueldad de los cruzados, hizo pensar que solo los puros podrían reconquistar Jerusalén. Bajo este ambiente se organizó en 1212 la Cruzada de los Niños en la que niños y adolescentes que tras recorrer Francia se embarcaron para ir a liberar Tierra Santa. No lo lograron.

La Quinta Cruzada tendría lugar entre 1217 y 1221. Los cruzados atacaron Egipto y lograron conquistar Damietta (en la desembocadura del Nilo), pero sin objetivos militares claros, les pudo la ambición al intentar conquistar El Cairo, lo que les llevó al fracaso.

La Sexta Cruzada se llevaría a cabo entre 1228 y 1229. En ella el emperador alemán Federico II partió hacia Palestina para cumplir su promesa de luchar por Tierra santa. Lograría conseguir la cesión de Jerusalén por medios diplomáticos.

La Séptima Cruzada ocurrió entre 1248 y 1250. Al caer Jerusalén en 1244 el rey francés Luis IX organizó una nueva cruzada. Tras el éxito inicial con la toma de nuevo de Damietta, Luis IX de Francia fue derrotado en Al Mansurah (Egipto) y hecho prisionero junto con todo su ejército. Para recuperar la libertad tuvo que ceder Damietta.

La Octava Cruzada tuvo lugar en 1270. Tras la conquista musulmana de varios territorios, Luis IX intentó sitiar Túnez pero fue un rotundo fracaso, y el rey murió ante los muros de la ciudad víctima de disentería.

Algunos autores hablan de una novena cruzada en el momento en que Eduardo de Inglaterra se unió a Luis IX y tras su muerte continuó hasta Acre. Pero Eduardo y su ejército se convirtieron en una guerrilla y acabaron firmando una tregua en 1272.

Conquista de Jerusalén. Émile Signol (1847)

Las Cruzadas afectaron de forma muy distinta a europeos y musulmanes. Desde el punto de vista occidental las expediciones a Tierra Santa tuvieron consecuencias trascendentales para la historia de Europa. En el terreno político, se consolidó la autoridad del papado sobre el conjunto de la Cristiandad. Además las Cruzadas debilitaron a los señores feudales, puesto que muchos perdieron la vida o quedaron en Oriente, y muchos se empobrecieron por la venta de sus tierras para financiarse la expedición, además la prolongada ausencia les impidió vigilar sus feudos lo que fue aprovechado por los reyes que se incautaron de tierras y redujeron los privilegios de los señores feudales. Económicamente, las guerras favorecieron los intercambios comerciales y el auge de las ciudades mercantiles del Mediterráneo europeo. Este hecho propició el ascenso de la burguesía. Se introdujeron en Europa nuevos cultivos y procedimientos de fabricación tomados de los pueblos musulmanes. Y culturalmente, los cruzados entraron en contacto con la herencia de la Antigüedad clásica conservada por bizantinos y árabes, así el arte y la ciencia árabe mejoró la cultura europea occidental.


La visión del Islam fue bien distinta. En las crónicas musulmanas se denunciaba la crueldad de los cruzados, en muchas ocasiones los cruzados no distinguieron incluso entre cristianos orientales o judíos, la conquista de Jerusalén perviviría en el recuerdo árabe como un ejemplo de dicha crueldad. Las Cruzadas se veían, como atestiguan cronistas e historiadores de la época, como un acto de dominación, que empujaría al Islam a cerrarse en banda a las ideas extranjeras. Para Europa la época de las Cruzadas fue el comienzo de una verdadera revolución, tanto económica como cultural, mientras que para Oriente estas Guerras Santas desembocarían en largos años de decadencia y oscurantismo. Con las Cruzadas el mundo musulmán se encierra en sí mismo, se vuelve intolerante (cuando inicialmente el islam era bastante tolerante con las religiones monoteístas como la cristiana o la judía). A partir de entonces el progreso y la modernidad serán considerados algo ajeno. Las Cruzadas serían el punto de partida de la milenaria hostilidad entre el Islam y Occidente.



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Referencias:
Las Cruzadas. Revista Historia y Vida, Número 418.


06 enero, 2020

LA LEYENDA DE LOS REYES MAGOS DE ORIENTE

Adoración de los Magos de Andrea Mantegna (1495-1505)
Esta pasada noche muchos niños y niñas esperaron con ilusión y ansiedad la llegada de los Reyes Magos de Oriente, quienes cargados de regalos los repartieron entre pequeños y también grandes.

Se trata de una fiesta cristiana y católica, de origen muy antiguo, y muy arraigada llamada "Epifanía" que celebra la manifestación de Dios en su presencia humana en la tierra, y es simbolizada con la llegada de los Reyes Magos, que llegados desde Oriente querían mostrar su adoración al recién nacido rey de los judíos, llevándole como presentes oro, incienso y mirra. Es una fiesta en la que confluyen numerosos elementos de diverso origen religioso y cultural.

La escasez de fuentes fiables no ha impedido el surgimiento de leyendas en torno a estos magos, concebidos también como reyes con el paso del tiempo y que la tradición ha acabado convirtiendo en tres, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar. Que llegarían a Belén desde el lejano Oriente, Persia o Arabia e incluso de Etiopía (de ahí el representar a Baltasar como un rey de tez negra) guiados por una estrella, que bien podría tratarse de un fenómeno astronómico como fue la conjunción de Saturno y Júpiter, que arrojaría un brillo especial que la haría fácilmente distinguible desde la Tierra. Y es que en la cultura y la sociedad antigua oriental las estrellas y los fenómenos atmosféricos y celestes eran signos de los dioses.

Pero los Reyes Magos, sólo son mencionados una vez en la Biblia, en concreto en el Evangelio de San Mateo 2,1-12, y nada dice sobre que fueran tres (hay tradiciones antiguas que fijan el número de magos hasta en doce y en algunas catacumbas romanas aparecen entre dos y cuatro) ni que fueran reyes. Tampoco se menciona sus nombres. Y tampoco dice nada de la fecha concreta en la que los insignes visitantes fueron a homenajear al pequeño Jesús. Esos son datos que se irían añadiendo con el tiempo.

La adoración de los Tres Reyes de Girolamo de Santacroce (1525-1530)

Lo que San Mateo cuenta es que bajo el reinado de Herodes, aparecieron unos magos del este de Jerusalén, que habiendo descubierto el hallazgo de una nueva estrella cuyo significado relacionaron con el nacimiento de un posible Mesías, éstos fueron a preguntar al rey de Judea (con el permiso de Roma, todo sea dicho de paso) donde estaba el rey de los judíos que acababa de nacer hacía poco. Herodes no sabía de qué le hablaban y decidió reunirse con los sacerdotes y escribas para aclarar la situación. Parece ser que según los profetas el lugar elegido sería Belén porque así estaba escrito. Pero el rey Herodes, temeroso de dicha profecía, dejó marchar a los Reyes Magos, con la intención de que fueran los mismos magos quienes a su vuelta le dijeran quien era ese Mesías para mostrarle él también su veneración. Nada más lejos de sus verdaderos propósitos. Tras rendirle homenaje, ofreciéndole oro, incienso y mirra (ofrendas de gran valor económico y simbólico) volvieron hacia Oriente pero sin pasar por el palacio de Herodes, ya que recibieron en sueños la advertencia de tomar otro camino. Es entonces cuando Herodes sintiéndose engañado mandaría matar a todos los niños de Belén y alrededores. Pero Jesús y su familia ya habían emprendido la huida a Egipto.

Y de esta alusión en el evangelio de San Mateo sobre los Reyes Magos se deriva una tradición que ha ido evolucionando con el paso de los siglos, debido a las múltiples versiones existentes.

En el S.III el teólogo Orígenes escribía que los magos eran tres, que se correspondería con los tres regalos ofrecidos, y que sería corroborado por Tertuliano,considerado padre de la iglesia, quien afirmaría además que se trataba no de magos sino de reyes (la palabra "mago" había adquirido desde los primeros siglos del cristianismo un matiz peyorativo). Además que fueran tres regalos, de tres reyes como símbolo de las tres tribus bíblicas descendientes de Noé, Sem, Cam y Jafet que se repartirían por el mundo conocido de Asia, África y Europa.

 Mosaico de la iglesia de San Apolinar Nuevo en Rávena (505)

En cuanto a sus nombres, Melchor, Gaspar y Baltasar, la primera vez que aparecen estos nombres es en una inscripción sobre unos mosaicos en el friso de la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena y que data del S.VI. En las obras atribuidas a Beda, el Venerable (erudito anglosajón, monje y doctor de la Iglesia del S. VII) además de recoger sus nombres los describía diciendo que, Melchor era un anciano de larga cabellera cana y luenga barba, que le ofrecería el oro como símbolo de la realeza divina; Gaspar era joven, imberbe, de tez blanca y rosada, que honró al Niño ofreciéndole incienso como símbolo de la divinidad; y el tercero, Baltasar de tez morena, cuyo presente fue la mirra, que servía para embalsamar a los muertos simbolizando así la vulnerabilidad del hombre y profetizando la muerte del Mesías.


Tras la adoración de los Reyes Magos al Niño volvieron a sus países de origen y la leyenda cuenta que se convirtieron al cristianismo y que tras ser bautizados por el apóstol Tomás, se consagraron a evangelizar las regiones lejanas de Oriente y que serían enterrados en la ciudad de Saba. Sus reliquias serían llevadas a Constantinopla por la emperatriz Elena, madre del emperador Constantino, quien legalizó el cristianismo en el Imperio Romano con el Edicto de Milan en el año 313. De Constantinopla pasarían a Milán por obra de su obispo, San Eustorgio, ya en el S.IX. Y finalmente en 1164, el arzobispo de Colonia y archicanciller de Colonia aprovechó el saqueo de Milán para hacerse con las reliquias. Probablemente no se trate de los restos de los tres magos, pero así ha quedado recogido.

La leyenda de los misteriosos magos de Oriente ha sido capaz de sobrevivir al paso de los siglos para convertirse en un tradición navideña que va más allá de toda liturgia cristiana. Una leyenda que ha ido calando en el imaginario colectivo, aunque los hechos no fueron tan reales como nos cuentan.


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Referencias:
Los Reyes Magos. Historia y Leyenda. Franco Cardini, Editorial Península. 2001.
Historia de los Reyes Magos. José Oroz Reta y M. Teresa Herrera. Helmántica: Revista de Filología Clásica y Hebrea. 1982


02 diciembre, 2019

PRISIONEROS ESPAÑOLES EN EL HORROR NAZI

Prisioneros republicanos españoles reciben a los
libertadores del campo de Mauthausen en mayo de 1945
Hace unos meses el Boletín Oficial de Estado publicaba el listado con los más de 4.000 españoles (4.427) que fallecieron en los campos de concentración nazis de Mathausen y Gusen. Medida que formaba parte entre las recogidas en la Ley de Memoria Histórica como forma de agradecimiento y reparación a los casi 10.000 españoles que fueron deportados a los campos de concentración nazis, desprovistos de su nacionalidad española por decisión del gobierno franquista, declarados apátridas, y de los cuales más de 5.000 perdieron allí la vida. Los viejos registros con sus nombres fueron arrinconados y escondidos en la sede del Registro Civil Central de Madrid, y que hubieran servido para que familiares de las víctimas pudieran reclamar compensaciones tanto a Alemania como a Francia, pero que fueron olvidados a propósito. Los libros fueron el resultado de la recopilación de fichas de identidad que realizaban presos españoles.

El camino que condujo a los hombres y mujeres españoles hasta los campos de la muerte comenzó en los pueblos, las ciudades, los campos y las montañas de España. Los futuros deportados eran personas muy comprometidas políticamente, desde campesinos y pastores hasta profesores o profesionales ilustrados. Todos ellos habían visto en la joven República de 1931 la respuesta a sus sueños de libertad e igualdad. Y esa sería la razón por la que decidieron hacer frente al golpe de estado perpetrado por una parte del ejército en el verano de 1936.

Así se entiende que la mayoría de las víctimas fueran republicanos que habían cruzado la frontera francesa en los últimos meses de la guerra en España y que pasaron a formar parte del ejército francés o se integraron en la Resistencia francesa. Pero también había mujeres y niños procedentes de los campos de refugiados del sur de Francia (el llamado convoy de los 927) que cuando el país fue invadido por el ejército nazi y se instauró el régimen de Pétain, estos refugiados españoles fueron trasladados a Austria. Y lo fueron por iniciativa del gobierno de Franco y su ministro de Gobernación, Serrano-Súñer, que acordó con la cúpula nazi que todos los prisioneros de guerra españoles fueran enviados a campos de concentración donde debían ser exterminados.

La huida de republicanos hacía el exilio por la frontera francesa

La investigación de confirma que los españoles que estuvieron recluidos en los campos de concentración nazis, de los que hay constancia documental, ascienden a 9.328, de los que 5.185 murieron, 3.809 sobrevivieron y 334 figuran como desaparecidos.

Mauthausen y los subcampos que dependían de él recibieron el mayor número de prisioneros españoles, un total de 7.532, de los cuales murieron 4.816. La mayoría de ellos perecieron en Gusen, un subcampo situado a 5 kilómetros de Mauthausen. Allí fueron a parar 5.266 españoles de los que fueron asesinados 3.959.

A los campos de Dachau y Buchenwald fueron enviados unos 1.100 españoles de los que al menos 500 murieron o fueron dados por desaparecidos.

El campo nazi de Ravensbrück fue el de las mujeres, por el pasarón unas 170 españolas de las que fallecieron, al menos, 14 de ellas.

Pero también hubo españoles en otros campos como Bergen Belsen, Auschwitz, Flossenbürg, Natzweiler, Neuengamme, Sttuthof, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Aurigny, Guernesey y Neu Bremm.

Los primeros republicanos que llegaron a Mauthausen el 6 de Agosto de 1.940 fueron 400 hombres trasladados desde el campo de prisioneros de guerra de Moosburg, y en poco más de un mes llegaron otros cinco convoyes con otros 900 españoles. Entre el 13 de diciembre de 1.940 y el 27 de enero de 1.941 llegaron más de 3.000 españoles, y otros 1.300 lo harían entre marzo y abril de ese mismo año. A partir de entonces, los ingresos se redujeron notablemente y a penas llegarían 600 hombres repartidos en pequeños grupos. La deportación española a Mauthausen concluyó el 19 de diciembre de 1941, con la llegada del último convoy con más de 300 republicanos, procedentes del campo de prisioneros de guerra situado en la ciudad austriaca de Krems. Desde entonces y hasta el final de la guerra seguirían entrando españoles pero en mucha menor medida. La mayoría de ellos miembros de la Resistencia francesa capturados por la policía francesa y la Gestapo.
Monumento a los republicanos españoles de Mauthausen

Tras ser enviados a los campos de concentración, los nazis que habían creado un símbolo para diferenciar a cada grupo de prisioneros, decidieron que los españoles de Mauthausen recibieron el triángulo azul que les distinguía como apátridas. Un triángulo azul sobre el que aparecía escrita una "S" de spanier, es decir, se convertían desde ese momento en apátridas españoles cuando lo más lógico era que se les impusiera un triángulo rojo, que era el que identificaba a los presos políticos. El régimen franquista conseguía así no reconocerlos ni como compatriotas. La explicación de por qué aquellos hombres nacidos en una nación amiga del Tercer Reich, como lo era España, merecían estar en ese lugar obedecía simplemente a que se trataban de "rojos españoles".

Los españoles que murieron en los campos de concentración nazis lo hicieron bajo diferentes formas, unos fusilados, otros apaleados, gaseados o ahorcados, entre otras. Sin embargo, la mayoría perecería por una combinación mortal de hambre, trabajo esclavo y unas condiciones sanitarias tan deplorables que provocaban todo tipo de enfermedades.

Identificación de los republicanos españoles en Mauthausen


Mauthausen y sus subcampos no serían liberados hasta el 5 de mayo de 1945. Quienes lograron sobrevivir pasaron tras sus alambradas más de cuatro años de horror que nunca lograrían olvidar. Vivieron para contar, en primera persona, las barbaridades y crueldades que sufrieron y vieron con sus propios ojos. De hecho, el Gobierno español ha instaurado el día 5 de mayo como día de homenaje a los españoles deportados y fallecidos en campos de concentración y a todas las víctimas del nazismo en España, y se celebrará cada año como hacen otros países europeos,

Con el reconocimiento de los prisioneros españoles y con otras iniciativas se intenta dar un poco de paz a las familias de los que perecieron en los campos del horror nazis. Y así, gracias al empeño del historiador Antonio Muñoz en cooperación con el Arosel Archives de Kasel en Alemania, un centro de documentación sobre deportación y crímenes de la Segunda Guerra Mundial, se han podido recuperar objetos personales arrebatados a los republicanos españoles al entrar en los campos y ser devueltos a sus familiares. Fotografías, relojes o cartas que pertenecen a esta memoria robada.

El reconocimiento y el recuerdo de los españoles deportados a campos de concentración nazis ha de servir como antídoto contra la sombra del autoritarismo que recorre Europa. Se hace necesario recordar para no olvidar, para que nada parecido vuelva a ocurrir.

Listado de los prisioneros españoles muertos en los campos de concentración nazis



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Referencias:
Los últimos españoles de Mauthausen. Carlos Hernández de Miguel. Editorial B de Bolsillo. 2015
Deportados
Los deportados españoles en Mauthausen y los datos que deberían estar en los libros de historia
La herida de Mauthausen: los 4.427 españoles que perecieron allí no se olvidan
4.427 nombres españoles contra la barbarie nazi en Mauthausen




08 noviembre, 2019

HISTORIA DE LA ARQUEOLOGÍA: ORÍGENES Y EVOLUCIÓN

La Arqueología trata de estudiar el pasado mediante los restos materiales que se han conservado, los cuales una vez sacados a la luz se interpretan a través de un determinado método de trabajo y del empleo de unos instrumentos y unas tecnologías que la arqueología comparte con otras disciplinas. Y todo ello con el fin de reconstruir la historia de civilizaciones que nos precedieron , la vida de los pueblos que las integraron y sus costumbres. Así pues, poco tiene ver ya con la imagen que de ella, y de la figura del arqueólogo, ha dado el cine (todos recordamos al famoso Indiana Jones).

Excavación arqueológica de Pompeya en 1860

La arqueología desde siempre ha estado muy ligada a la Prehistoria, puesto que de dicho periodo histórico prácticamente solo se han conservado los restos materiales que produjo. Aunque los restos que estudia la arqueología pueden pertenecer también a épocas históricas posteriores a la invención de la escritura, ya que los restos materiales contienen mucha más información no sólo referente a la tecnología y economía sino también la referida a la organización social y al mundo simbólico y  religioso.

Es lógico pensar que al igual que sucede hoy en día, también en épocas muy antiguas nuestros antepasados se encontraron con ruinas de poblados y objetos sobre el suelo, que pertenecerían a épocas pasadas. De hecho, se tiende a considerar la historia de la arqueología como la historia de los grandes descubrimientos. Hace tan solo un siglo y medio, las personas más cultas creían que el mundo había sido creado pocos milenios antes, y que todo lo que se podía conocer del pasado más remoto debía de buscarse en los textos de los primeros historiadores, sobre todo los del Próximo Oriente, Egipto y Grecia. No se tenía conciencia de que fuese posible ningún tipo de historia coherente de los períodos previos a la aparición de la escritura.

El hombre siempre ha especulado sobre el pasado, y la mayoría de las culturas tienen sus propios mitos de creación para explicar por qué la sociedad es como es. Y a su vez, la mayoría de las culturas han quedado fascinadas por las sociedades que las precedieron. En la antigüedad se desarrolló una curiosidad por las reliquias de sociedades pasadas y así, sabios e incluso dirigentes coleccionaban y estudiaban objetos del pasado.

Durante el Renacimiento, los príncipes y las gentes refinadas comenzaron a crear los llamados gabinetes de curiosidades, en los que artefactos singulares y antiguos se disponían de forma un tanto desordenada junto a minerales exóticos y toda clase de especímenes ilustrativos de lo que se denominaba "historia natural". En el Renacimiento también los eruditos comenzaron a estudiar y coleccionar las reliquias de la antigüedad clásica. Y en tierras más septentrionales, lejos de los centros de civilización de la Antigua Grecia y Roma, también empezaron a estudiar los vestigios locales de su propio pasado.

Traslado de la estatua de Ramsés II por G. Belzoni

Fue en el S.XVIII cuando los investigadores más audaces iniciaron la excavación de algunos de los yacimientos más destacados. Pompeya, con sus impresionantes hallazgos romanos, fue uno de los primeros, aunque la excavación propiamente dicha no comenzaría hasta el S.XIX. Sin embargo, estos trabajos de excavación y los hallazgos que comportaban seguían una interpretación errónea  al basarse en las referencias temporales de la Biblia, que insistía en la escasa antigüedad de la existencia humana.


No sería hasta mediados del S.XIX cuando la arqueología llegó a constituirse realmente y a ello ayudó el hecho de que Charles Lyell defendiera que los fenómenos geológicos antiguos eran similares a los actuales. Un descubrimiento sería fundamental para reconocer que el hombre tenía una antigüedad mayor a la que indicaba la Biblia, y fue el hallazgo en las canteras de grava del río Somme de artefactos humanos (bifaces) y huesos de animales ya extinguidos. Así, Boucher de Phertes lanzó la idea de que esto indicaba que la existencia humana se remontaba mucho antes al Diluvio Universal.

Estas ideas se avenían  con los hallazgos de Darwin sobre la evolución, y su principio de la selección natural según la cual los individuos mejor adaptados al ambiente sobrevivirían y transmitirían hereditariamente sus cualidades ventajosas a su descendencia, y gradualmente las características de una especie cambiarían hasta el punto de surgir una nueva. Se sentaban las bases para buscar los orígenes del hombre en el registro material.

Hay que destacar un concepto que haría avanzar la arqueología más allá de la mera especulación sobre el pasado, se trata del Sistema de las Tres Edades creado por Thomsen, que proponía que las colecciones de materiales arqueológicos recuperados se dividieran entre la Edad de Piedra, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. Este sistema supuso que estudiando y clasificando los artefactos prehistóricos se podía llevar a cabo una ordenación cronológica y saber más de esos tres períodos históricos.

Christian Jurgensen Thomsen

También la etnografía vino a ayudar a la arqueología, puesto que el estudio de pueblos y culturas presentes sirvió para entender mejor las del pasado.

A finales del S.XIX ya se habían desarrollado muchas de las ideas que sirven de base a la arqueología moderna, y en ello tuvo una gran importancia los grandes descubrimientos decimonónicos de antiguas civilizaciones tanto en Europa como América u Oriente Próximo. Ejemplos fueron las expediciones napoleónicas a Egipto, con el descubrimiento de la Piedra Rosetta que sería clave para comprender la escritura jeroglífica. Otros ejemplos fueron el desciframiento de la escritura cuneiforme, utilizada por muchas lenguas en la antigua Mesopotamia. En América, hacia 1840 se dieron a conocer las ciudades en ruinas de la antigua cultura Maya.

Si la  Biblia había sido una de las principales fuentes de inspiración en la búsqueda de civilizaciones perdidas en Egipto y el Próximo Oriente, el poema homérico de la Ilíada fue el que impulsó a H. Schliemann a buscar la mítica ciudad de Troya, la cual identificó en Hissarlik, al oeste de Turquía. A pesar de que los métodos de excavación no eran los más adecuados, vistos desde una perspectiva actual, para la época eran los correctos, además demostró como se podía emplear la interpretación de la estratigrafía de un túmulo para reconstruir el pasado.

Grabado de Heinrich Schliemann en Troya

Es preciso dejar constancia, al hilo de "los grandes descubrimientos" de que durante mucho tiempo la disciplina arqueológica únicamente sirvió de excusa académica para el expolio sistemático de los monumentos y de los objetos de la Antigüedad, ya fuera para su exhibición en colecciones nobiliarias o su incorporación a fondos museísticos.

Así pues, antes de finalizar el S.XIX, ya se habían establecido muchos de los rasgos que definirían la arqueología moderna, y se habían descubierto numerosas civilizaciones antiguas. A partir de entonces la arqueología se centraría en determinar secuencias cronológicas. Se trataba de fijar cronológicamente los materiales arqueológicos descubiertos mediante la descripción y correlación de secuencias culturales. Pero también se fue más allá, y así el arqueólogo Gordon Childe, se preguntaba por qué cambiaron o sucedieron las cosas en el pasado.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las contribuciones científicas a la arqueología fueron decisivas. Destaca el campo de la datación que se benefició con el descubrimiento del Carbono 14 en 1949. Mediante la datación radiocarbónica los arqueólogos podían ya determinar,de forma directa, la edad de los yacimientos y de los hallazgos arqueológicos sin necesidad de recurrir a complicadas cronologías comparadas de culturas con áreas ya datadas por métodos históricos.

Cíclo del Carbono 14


Con la llamada Nueva Arqueología, que surgiría a finales de los sesenta, encabezada por el arqueólogo L.Binford,  no se daba tanta importancia a la cronologia y hacían hincapie en el potencial que la evidencia arqueológica podía tener a la hora de investigar los aspectos sociales y económicos de las sociedades pretéritas. No sólo había que describir el pasado sino también explicarlo, preguntarse no sólo qué cosas ocurrieron en el pasado y cuándo, sino también por qué ocurrieron, en un intento de explicar los procesos de cambio.

Como hemos visto la arqueología ha ido evolucionando y, sí hace un siglo la arqueología era cosa de ricos, que especulaban sobre el pasado y realizaban costosísimas excavaciones, o de viajeros que aprovechaban sus viajes a lugares remotos para realizar estudios en su tiempo libre, en la actualidad la mayoría de los países tienen sus propios servicios históricos o arqueológicos, además de haberse constituido en un ciencia en sí misma.


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Referencias:
Arqueología. Teoría, Métodos y Practica. Collin Renfrew/Paul Bahn. Editorial Akal. 1998.
Teoría y Método de la Arqueología. Víctor M. Fernández Martínez. Editorial Sintesis. 1989.


01 octubre, 2019

DICHO CON HISTORIA: "TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA"

Seguro que más de una vez hemos escuchado la frase "Todos los caminos conducen a Roma" (Omnes viae Romam ducunt), expresión que viene a decir que existe la posibilidad de conseguir el mismo objetivo por caminos distintos. Es una frase hecha que tendría su origen en el Imperio Romano, cuando Roma era el centro del mundo.

Posible fragmento del Milliarium Aureum

Se cree que el origen de esta expresión está en el Milliarium Aureum, monumento de bronce bañado en oro, erigido en el año 20 a.C. por el emperador Augusto en el Foro de la antigua Roma y que marcaba el punto de arranque de todas las calzadas romanas, similar a lo que hoy conocemos como kilómetro cero (localización geográfica singular desde la cual se miden distancias). En él aparecían grabados los nombres de las principales ciudades del Imperio indicando la distancia que las separaba de Roma.

Todavía hay muchas carreteras en Europa que hoy día siguen el trazado de aquellas antiguas calzadas, que cruzaban todo el imperio hasta la capital. El Imperio Romano construyó alrededor de 400 vías para comunicar Roma con todas sus provincias, lo que suponía unos 85.000 kilómetros que recorrían Europa pero que también llegaron a parte del actual Reino Unido, a Egipto o Turquía entre otros territorios.

Los romanos construyeron esa red de caminos por razones militares y administrativas. En muchos casos serían las propias legiones las que trazaron el mapa de las calzadas. Dichas calzadas tomaron su nombre según la función que desarrollaban (la Vía Salaria, por ejemplo estaba relacionada con el transporte de la sal), de los lugares de destino (la Vía Tiburtina llegaba hasta Tibur, la actual Tívoli) o de sus constructores (la Vía Apia fue encargada por Apio Claudio el Ciego) todas ellas confluían unas en otras hasta llegar a la capital, Roma.

Esa enorme red de vías eran señalizadas mediante hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la vía para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos.

Aunque también existe otro elemento que ayuda a entender esta famosa expresión y es la Tabula Peutingeriana, un largo rollo de pergamino que puede considerarse como el monumento cartográfico más importante de la Antigüedad. Ha llegado hasta nosotros a través de una copia del S.XIII de un original romano datado a principios del S.IV. Este dibujo plano señala las vías de comunicación que unían Roma con el resto del mundo conocido, desde la Península Ibérica hasta Mesopotamia y las tierras de India. Roma es el centro sobre el que gira toda la composición en la que se señalan las principales ciudades del Imperio, ciudades amuralladas, islas, elementos físicos como ríos, lagos, mares, montañas y bosques, pero también calzadas, puertos, templos y termas. Tanto detalle e información hace pensar que se trataría de un documento para los viajeros o Itineraria Picta.

Fragmento de la Tabula Peutingeriana


Por tanto, la expresión de "Todos los caminos conducen a Roma" tendría en la antigüedad un sentido real y geográfico, aunque no está atestiguada en ningún documento de época antigua. La primera mención que se hace de esta frase es en la Edad Media, en un texto del 1175 que literalmente dice así "Mille viae ducunt hominem per saecula Romam" que traducida significa "Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma. Además este dicho se vería reforzado al convertirse Roma en el centro de la cristiandad y por tanto en lugar de peregrinaje.

Y por último, una curiosidad. En todos los continentes podemos encontrar "otras" Roma, es decir, localidades con el mismo nombre. Por tanto se puede acabar diciendo que, efectivamente, tanto en el pasado como en la actualidad "Todos los caminos conducen a Roma". ¿A cuál de ellas? Eso lo decides tú.



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Referencias:
Historia del Mundo en 12 mapas. Jerry Brotton. Editorial Debate. 2016.
Todos los caminos conducen a Roma....y un mapa lo demuestra.
Todos los caminos conducen a Roma (Omnes Viae Romam ducunt)
¿Todos los caminos conducen Roma?
Bibliotheca Augustana. Tábula Peutingeriana.