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23 diciembre, 2021

LA FESTIVIDAD ROMANA DE LAS SATURNALES

 La religión romana estaba marcada por el enorme desarrollo de sus fiestas.  Y las Saturnales eran, sin duda, una de las celebraciones más importantes del año para los romanos.  Empezaban el día 17 de diciembre en honor al dios Saturno y coincidían con el solsticio de invierno.


Representación escultórica de las Saturnales de Ernesto Biondi


Cuenta la mitología que Saturno destronado por su hijo Júpiter y reducido a la condición de mortal, se refugió en Italia, en concreto en el Lacio. Allí reunió hombres y les dio leyes, restableció la igualdad de derechos para todos los hombres, no había servidumbre, nadie tenía propiedades pues todo era común. Y para recordar en Roma tan dichosa época se celebraban las Saturnales. Además cabe decir que Saturno era una deidad relacionada con los cultivos y con el paso del tiempo y las estaciones.


El templo de Saturno en Roma estaba ubicado a los pies del monte Capitolino y era uno de los más antiguos, además de ser el más importante. Su interior albergaba el depósito del tesoro público. La estatua de Saturno estaba sujeta con dos cadenas que no se le quitaban nunca salvo en la época de las saturnales.


Las Saturnales tienen un origen bastante anterior a la fundación de Roma, de hecho ya se celebraban en Grecia bajo el nombre de Cronia. Sería el tercer rey de Roma, Tulio Hostilio, quien instauraría estas fiestas en Roma. En ellas se representaba la igualdad que en un principio reinaba entre los hombres. Las fiestas de las Saturnales aparecían señaladas en el calendario romano el día 17 de diciembre, pero el auge que fue adquiriendo su celebración con el tiempo hizo que su duración efectiva se prolongase, y así, César la aumentó en dos días, Calígula también le añadió un día más, y Domiciano la estableció en un ciclo de siete días, es decir, finalizarían el 24 de diciembre.


Representación en relieve del dios Saturno


En las Saturnales se observa la importancia del tiempo en un calendario agrícola conformado por unas estaciones de siembra y otras de cosecha.  Estas fiestas evidencian el eco de antiguos rituales propiciatorios y de purificación, un culto al Sol y además la representación metafórica del ciclo vital conformado por nacimiento y muerte. Surgieron como una festividad agrícola apara agradecer la cosecha realizada y pedir que la siembra venidera fuese favorable y abundante. Simbolizaban ese devenir de la naturaleza que nace y muere para renacer.


La ceremonia religiosa se llevaba a cabo el 17 de diciembre con ofrendas de animales y frutos de la tierra y se realizaba un banquete público. Después la gente salía a la calle y gritaba "Io Saturnalia!" dando comienzo la fiesta. Más adelante, como ya se apuntó, se amplió la duración de las celebraciones y también su significado, pues se fue olvidando su primitivo carácter de culto agrícola y se convirtieron en una forma de celebrar la igualdad entre los hombres, en recuerdo de aquel mítico reinado de Saturno, lo cual explica que durante las Saturnales los esclavos tuvieran permitidas libertades que en otros días del año les eran negadas.


Durante estas fiestas los esclavos eran libres y tenían derecho a hablar y obrar con libertad. Se respiraba alegría por sus calles. Se cerraban los tribunales, las escuelas y las tiendas. No se podía hacer la guerra ni ejecutar criminales, ni ejercer otro arte que el de la cocina. Los romanos se intercambiaban regalos y se daban grandes banquetes en los que se nombraba rey a uno de los invitados que  podía dar todo tipo de órdenes burlescas y disparatadas. Todos sus habitantes suspendían sus trabajos y muchos se trasladaban hasta el monte Aventino a respirar el aire del campo.  Se celebraban juegos y se permitían apuestas callejeras, normalmente prohibidas por la ley.  Las ropas formales eran sustituidas por atavíos festivos y extravagantes sombreros, como el pileus, gorro de fieltro rojo que en un principio sólo era llevado por los esclavos recién manumitidos, pero que después se convirtió en un símbolo de libertad y  en el emblema distintivo de estas fiestas. Los esclavos tenían bula para criticar los defectos de sus amos y hasta competir con ellos. Y los amos, por una vez al año, servían en la mesa a sus esclavos. sin escatimar en platos y viandas.


El día más importante de la festividad de Saturno era el 19 de diciembre, porque se dedicaba de manera especial a Opis, diosa de la abundancia y esposa de Saturno. Los romanos ricos acostumbraban a tener la mesa continuamente llena para quienquiera que se presentara en su casa. Se celebraban también juegos en el Circo a los que asistía todo el pueblo.


Representación de la Edad de Oro Romana de Nicolaes Bruyn


Las Saturnales son una de las fiestas del calendario romano que mejor documentadas están por los testimonios que se han conservado destacando el testimonio del literato Luciano de Samosata en el siglo II d.C. y, sobre todo, el texto del erudito Macrobio en el siglo V d.C.


Las Saturnales se convirtieron en las fiestas más populares y queridas de Roma, su trascendencia es visible en la cultura occidental. Muchas de las tradiciones de las Saturnales aún sobreviven en nuestros días en el Carnaval y en la liturgia y en la cena de Navidad cristianas. Con el tiempo esta festividad romana se integraría de forma velada al calendario litúrgico cristiano cuando la Navidad fue fijada, allá por el siglo IV, el 25 de diciembre en sustitución de la fiesta en honor de Saturno, que coincidía con la celebración por el nacimiento del sol.


¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

IO SATURNALIA!!!


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Bibliografía:

Commelin, Pierre, Mitología griega y romana. Editorial La esfera de los libros. 2017.

Matyszak, Philip, La Antigua Roma por cinco denarios al día. Editorial Akal. 2012.

Escobedo, J.C., Enciclopedia de la Mitología. Editorial De Vecchi. 2011.

Lejavitzer, Amalia, Las Saturnales romanas y su carácter de festividad agrícola. Revista Rivar. Vol 8, nº 24. 2021


01 octubre, 2019

DICHO CON HISTORIA: "TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA"

Seguro que más de una vez hemos escuchado la frase "Todos los caminos conducen a Roma" (Omnes viae Romam ducunt), expresión que viene a decir que existe la posibilidad de conseguir el mismo objetivo por caminos distintos. Es una frase hecha que tendría su origen en el Imperio Romano, cuando Roma era el centro del mundo.

Posible fragmento del Milliarium Aureum

Se cree que el origen de esta expresión está en el Milliarium Aureum, monumento de bronce bañado en oro, erigido en el año 20 a.C. por el emperador Augusto en el Foro de la antigua Roma y que marcaba el punto de arranque de todas las calzadas romanas, similar a lo que hoy conocemos como kilómetro cero (localización geográfica singular desde la cual se miden distancias). En él aparecían grabados los nombres de las principales ciudades del Imperio indicando la distancia que las separaba de Roma.

Todavía hay muchas carreteras en Europa que hoy día siguen el trazado de aquellas antiguas calzadas, que cruzaban todo el imperio hasta la capital. El Imperio Romano construyó alrededor de 400 vías para comunicar Roma con todas sus provincias, lo que suponía unos 85.000 kilómetros que recorrían Europa pero que también llegaron a parte del actual Reino Unido, a Egipto o Turquía entre otros territorios.

Los romanos construyeron esa red de caminos por razones militares y administrativas. En muchos casos serían las propias legiones las que trazaron el mapa de las calzadas. Dichas calzadas tomaron su nombre según la función que desarrollaban (la Vía Salaria, por ejemplo estaba relacionada con el transporte de la sal), de los lugares de destino (la Vía Tiburtina llegaba hasta Tibur, la actual Tívoli) o de sus constructores (la Vía Apia fue encargada por Apio Claudio el Ciego) todas ellas confluían unas en otras hasta llegar a la capital, Roma.

Esa enorme red de vías eran señalizadas mediante hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la vía para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos.

Aunque también existe otro elemento que ayuda a entender esta famosa expresión y es la Tabula Peutingeriana, un largo rollo de pergamino que puede considerarse como el monumento cartográfico más importante de la Antigüedad. Ha llegado hasta nosotros a través de una copia del S.XIII de un original romano datado a principios del S.IV. Este dibujo plano señala las vías de comunicación que unían Roma con el resto del mundo conocido, desde la Península Ibérica hasta Mesopotamia y las tierras de India. Roma es el centro sobre el que gira toda la composición en la que se señalan las principales ciudades del Imperio, ciudades amuralladas, islas, elementos físicos como ríos, lagos, mares, montañas y bosques, pero también calzadas, puertos, templos y termas. Tanto detalle e información hace pensar que se trataría de un documento para los viajeros o Itineraria Picta.

Fragmento de la Tabula Peutingeriana


Por tanto, la expresión de "Todos los caminos conducen a Roma" tendría en la antigüedad un sentido real y geográfico, aunque no está atestiguada en ningún documento de época antigua. La primera mención que se hace de esta frase es en la Edad Media, en un texto del 1175 que literalmente dice así "Mille viae ducunt hominem per saecula Romam" que traducida significa "Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma. Además este dicho se vería reforzado al convertirse Roma en el centro de la cristiandad y por tanto en lugar de peregrinaje.

Y por último, una curiosidad. En todos los continentes podemos encontrar "otras" Roma, es decir, localidades con el mismo nombre. Por tanto se puede acabar diciendo que, efectivamente, tanto en el pasado como en la actualidad "Todos los caminos conducen a Roma". ¿A cuál de ellas? Eso lo decides tú.



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Referencias:
Historia del Mundo en 12 mapas. Jerry Brotton. Editorial Debate. 2016.
Todos los caminos conducen a Roma....y un mapa lo demuestra.
Todos los caminos conducen a Roma (Omnes Viae Romam ducunt)
¿Todos los caminos conducen Roma?
Bibliotheca Augustana. Tábula Peutingeriana.

17 septiembre, 2017

CLEOPATRA, LA ÚLTIMA REINA DE EGIPTO

Cleopatra. John Wiliam Waterhouse (1888)
Cleopatra ha pasado a la historia como la última representante de una larga dinastía de faraones de origen griego (la dinastía ptolemaica descendiente de Ptolomeo Lagos, amigo personal y lugarteniente de Alejandro Magno). Al tratar la figura de Cleopatra se olvida con facilidad que fue la reina de un estado que albergó uno de los centros culturales más importantes del Mediterráneo antiguo, tampoco se ha valorado su labor como gobernante, pero sí se recuerdan los episodios amorosos que forjaron su leyenda.

Y así, tanto artistas como historiadores, hasta no hace muchas décadas, al tratar su figura se observa la repetición de juicios, impregnados de cierta animadversión, porque en el fondo también existen sobre Oriente y el poder en manos femeninas.

Cleopatra VII Nea Thea Philopator (la que ama su patria) vivió hace más de dos mil años. Fue odiada como paradigma de la irrupción de lo oriental y como corruptora de los varones más ilustres de Roma. Se convirtió en el símbolo del poder femenino y de la pasión amorosa. Personificó la riqueza de Egipto, del Nilo y de Alejandría, y estuvo vinculada con los hombres más celebres de su tiempo. Las relaciones que mantuvo con Julio César y Marco Antonio respondieron a motivaciones políticas, y con el único fin de preservar la independencia del reino que ella gobernaba. Identificada desde siempre con la seducción, el placer, la pasión, la frivolidad y la manipulación, se olvidan otras cualidades de esta legendaria reina, porque Cleopatra poseía una amplia y rica cultura (hablaba ocho idiomas entre ellos el griego, el egipcio, latín y arameo) leyó y estudió las obras de autores grecolatinos como Homero, Hesíodo, Píndaro, Eurípides, Heródoto, Tucídides y Demóstenes.Además Cleopatra se ganó el respeto de su pueblo por ser la única de su dinastía que aprendió el egipcio. Pero también estudió aritmética, geometría, medicina, música y canto. Destacó, así mismo, por sus dotes como soberana y estadista, y su notable capacidad como madre.

Su reinado (69 a 39 a.C.) fue convulso. Cleopatra intentó devolver la estabilidad y el esplendor a un país extenuado por sangrientas revueltas palaciegas, la corrupción y el descontento social. La reina buscó rehacer un imperio que, controlado desde Alejandría, había llegado a incluir numerosos territorios del Mediterráneo oriental, interponiéndose así en el camino de Roma por la supremacía en esta zona, el choque sería inevitable. Tres destinos encarnados en César, Marco Antonio y Octavio se cruzaron con el de la reina.

Busto de Cleopatra. Altes Museum de Berlín

El padre de Cleopatra, Ptolomeo XII, fue un faraón polémico y oportunista que fue expulsado del país por la clase política y el pueblo de Alejandría, y que recurrió (como venía sucediendo generaciones) al Senado para recuperar el trono, lo que convertiría Egipto en un protectorado romano. Con la muerte de Ptolomeo en el 51 a.C. Roma sería la garante de cumplir su testamento que no era otro que el reconocimiento de la nueva pareja real formada por sus hijos Ptolomeo XIII y Cleopatra VII, que contaban con 10 y 18 años. Esta decisión era legal puesto que el matrimonio entre hermanos, primos o hijos, era una práctica repetida desde el inicio de la dinastía con la que se pretendía garantizar la divinidad de la familia real. La unión entre ambos hermanos sería más bien ritual en aras de asegurar el orden.

La reina consiguió conservar el poder frente a su hermano, consiguió el apoyo de la capital prioritario en el destino de sus gobernantes, y el del clero, ante el que actuó dentro de la más pura tradición egipcia.

La presencia de mujeres en el trono de Egipto fue una situación inusual que se produjo pocas veces, aunque desde sus orígenes algunos miembros de la realeza femenina ejercieron un papel político y religioso muy destacado en calidad de esposa o madre del rey. Ejemplos de ello fueron Nitocris, Nefertari o Nefertiti. Pero Cleopatra no se basó en ellas sino en las reinas ptolemaicas. Estas, a la sombra del museo y biblioteca de Alejandría, debieron de ser una excepción dentro del mundo  griego por su buena instrucción, normalmente reservada a los herederos. Cleopatra fue la heredera de una saga de enérgicas reinas que acumularon un gran poder frente a una mayoría de reyes varones con fama de débiles y dóciles. No es raro encontrarlas representadas en los templos, y muchas de ellas protagonizaron golpes de estado, implicadas en intrigas y asesinatos de maridos e hijos.

Cuando los Ptlomeos de llegaron a Egipto adoptaron el modelo de realeza faraónica, pero también incluyeron elementos de la realeza helenística, que concedía una importante posición a sus mujeres. Esta influencia griega la conservarían durante generaciones a través de los matrimonios consanguíneos.

Aunque la identidad de su madre es un misterio, se tiende a pensar que fue una aristócrata macedonia de la capital, y no tanto la hija de una mujer perteneciente a la familia de los sumos sacerdotes de Menfis. De lo que no cabe duda es que era una hija legítima, porque de lo contrario las crónicas romanas no hubieran dejado pasar este hecho.

Muerte de Cleopatra. Pierre Mignard (1635)

La muerte de Cleopatra también está rodeada de misterio, aunque no se duda de su suicidio se tienen dudas sobre como lo llevó a cabo. La versión más extendida es que fue mordida por una serpiente. Cleopatra quiso evitar de esta manera convertirse en esclava de Roma, pues Octavio quería humillarla haciéndola desfilar encadenada durante la celebración del triunfo ante la mirada y burlas del pueblo romano.

A la figura de Cleopatra se le ha privado de relevancia histórica haciendo primar la leyenda y el mito. De esta manera, su figura es conocida a través de un retrato hostil que se ha mantenido hasta época contemporánea. Pero la realidad es que era una reina que reflexionaba sus decisiones,, teniendo en cuenta siempre el interés de su reino y el de sus hijos.


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Referencias:
http://www.lavanguardia.com/historiayvida/biografia-cleopatra-reina-egipto_10634_102.html
Breve historia de Cleopatra. Miguel Ángel Novillo López. Nowtilus. 2013.