29 enero, 2019

LOS ORÍGENES DE LA MEDICINA

Cráneo trepanado con sílex. Neolítico 3.500 a.C
La medicina es tan antigua como el hombre, aunque la enfermedad es más antigua que éste, puesto que se ha documentado la existencia de enfermedades en restos de animales y plantas que precedieron al hombre en millones de años. Nuestros antepasados más antiguos ya se preguntarían como remediar los males físicos que padecían, como podían curar las heridas de todo tipo, fracturas de huesos, caries dentales y enfermedades.

Ahora bien, que nuestros antepasados lejanos se interesasen por los males que tenían lugar en sus cuerpos, no significa que supiesen explicar tales "trastornos". No es de extrañar entonces que las medicinas antiguas o paleomedicinas estuvieran basadas en un mezcla de creencias mágicas y religiosas con prácticas empíricas (como es el uso de plantas), carentes de base científica.

Una creencia frecuente era la de considerar a los enfermos como victimas de un enemigo que lo había hecho objeto de un maleficio mágico o de un demonio o dios al que el enfermo habría molestado. De ahí que entre los primeros médicos se encuentren los hechiceros o chamanes.

La medicina es una ciencia, pero también una técnica y como tal, se introdujeron instrumentos o prácticas útiles mucho antes de que se dispusiesen de explicaciones científicas. Y así, se conoce la técnica de la trepanación craneal desde muy antiguo, encontrándose evidencias en cráneos trepanados del Neolítico europeo.

En cuanto a las enfermedades, hace cinco o seis millones de años, los homínidos anteriores al Homo Sapiens, vivieron como cazadores y recolectores en pequeños grupos de no más de 100 individuos, lo que se mantuvo hasta que los modernos humanos se convirtieron en agricultores y ganaderos. La baja densidad de población y el nomadismo existente hacía que los grupos humanos se viesen menos afectados por infecciones bacterianas que dependen del contacto directo entre individuos, lo que significa que no debieron existir enfermedades como el sarampión, la viruela, la tos ferina o la poliomielitis. Sin embargo, sí que pudieron darse enfermedades víricas caracterizadas por mantenerse en estado latente y manifestarse de manera recurrente como el herpes simple o la varicela. Además el nomadismo de los homínidos y de los humanos primitivos evitaba que las aguas se contaminaran y que el almacenamiento de los deshechos se convirtiera en foco de insectos transmisores de enfermedades infecciosas.

Las fuentes principales de enfermedades debieron de proceder de la ingestión de carne de animales con microorganismos que éstos portaban. Variedades de este tipo de enfermedades serían la triquinosis, el tétanos o la esquistosomiasis, una enfermedad debilitante producida por parásitos. También es posible que se diesen formas de tifus, malaria y fiebre amarilla, aunque en menor proporción y debido por el contacto entre individuos de especies diferentes. Con el desarrollo de la ganadería este tipo de enfermedades entre los humanos aumentarían.

Tratamiento de la migraña recogido en
un papiro egipcio
Existen pruebas tempranas que evidencian las prácticas que configurarían lo que llamamos "medicina". Así, en excavaciones arqueológicas, han aparecido restos humanos de hace miles de años que muestran que se habían reparado roturas de huesos y curado heridas. Se han encontrado restos de cráneos que muestran que la trepanación (agujeros en el cráneo) ya se practicaba hacia el año 5.000 a.C.

En algunas tumbas u otros lugares correspondientes al Antiguo Imperio Egipcio, han aparecido inscripciones en las que se especifican los nombres de "jefes de médicos", "oculistas", "médicos del vientre", "dentistas", "intérpretes de los líquidos escondidos en el interior". Unido a esto se puede decir que la farmacología egipcia estaba también muy desarrollada y se servía de productos vegetales, minerales o animales como bebedizos, pomadas y cataplasmas, que constituían remedios muy habituales.

También se han hallado en Mesopotamia restos arqueológicos que prueban la existencia de prácticas médicas.

Se observa que en esas épocas los conocimientos y remedios médicos aún eran muy primitivos y elementales, lo que no significa que no existiese una práctica médica sometida a una serie de regulaciones. Así por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1.750 a.C), se aparecen una "Reglamentación legal de la práctica de los sanadores de rango inferior" en la que queda claro que la profesión de cirujano comportaba una serie de riesgos importantes, incluso la muerte, si se producía la muerte del paciente, si se trataba de clase alta. También es de destacar el Papiro Ebers (hacia el 1.500 a.C), uno de los tratados médicos y de farmacopea más antiguos conocidos, y que contiene descripciones de fármacos procedentes de plantas con indicaciones terapéuticas.

Un problema para que la medicina avanzara era el poder acceder al interior del cuerpo humano. Las parte exteriores como la cabeza, el tronco y las extremidades proporcionaban un conocimiento muy superficial del cuerpo. Acceder al interior del cuerpo humano producía graves daños al individuo lo que explica las dificultades que había que vencer para profundizar en el conocimiento de la estructura interna del cuerpo. Lo que se avanzaba se debía a a los traumatismos producidos por acciones exteriores violentas como fracturas de huesos, heridas producidas en combates, amputaciones accidentales de extremidades. Los traumatismos permitían observar directamente y de ello se derivaron las acciones destinadas a intentar restablecer los cuerpos a sus estados originales. Así por ejemplo, la reducción de las fracturas ayudó al conocimiento del esqueleto y de los tendones. El embalsamamiento de los faraones contribuyó al conocimiento de la anatomía y a la práctica de la cirugía y proporcionó un conocimiento de las cavidades del organismo.

La disección humana, que podía ayudar a conocer el interior del cuerpo se topó a menudo con dificultades y prohibiciones, siendo una práctica poco utilizada e incluso prohibida en algunas culturas, al considerarse el cuerpo humano sagrado.

Papiro Ebers

La medicina al ser una actividad tan necesaria para el ser humano se estableció por todo el mundo, por lo que médicos e ideas sobre la materia médica aparecieron en todas las culturas. Y así, a parte de los ejemplos de Mesopotamia y Egipto, destaca también la medicina en China y la India.

Los textos más antiguos de la medicina india son las colecciones atribuidas a Sushuruta y Charaka, escritas hacia el S.I a.C. textos que combinaban anatomía con sintomatología y recetas.

En cuanto a la medicina china destaca la práctica de la acupuntura, basada en en una vieja idea china que entiende la salud y la enfermedad como producto de la relación entre dos principios opuestos, el yang (positivo, cálido, seco) y el ying (negativo, frío, húmedo). La acupuntura trataba de restablecer el equilibrio correcto entre estos dos principios.



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Referencias:
J. M. Sánchez Ron y A. Mingote. Una Historia de la Medicina: de Hipócrates al ADN. Crítica. 2013.


24 diciembre, 2018

TREGUA DE NAVIDAD DE 1914: MILAGRO NAVIDEÑO EN PLENA GUERRA MUNDIAL

Este año se cumplió el centenario del final de la Gran Guerra (1914-1918). En las primeras Navidades del conflicto se produjo un hecho insólito y de gran humanidad, pues de forma espontánea los soldados alemanes y británicos acordaron un alto el fuego en las trincheras del frente oriental.

Ilustración publicada en el The Illustrated London News el 9 de enero de 1915

La chispa que había prendido la guerra fue el asesinato, meses antes en Sarajevo, del heredero del Imperio Austro-Húngaro Francisco Fernando y su esposa. Pero la Gran Guerra se venía fraguando tiempo antes, en el periodo que comprende desde el final de la Guerra Franco-Prusiana (1870) hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914), conocido como la Paz Armada, tiempo que mediante un complejo sistema de alianzas no se produjeron grandes conflictos bélicos, aunque las tensiones en las relaciones internacionales entre las potencias europeas era evidente. Un tiempo que fue aprovechado para desarrollar una potente industria bélica. Las tensiones nacionalistas e imperialistas provocaron que los estados destinaran grandes cantidades de dinero a una carrera armamentística sin precedentes. Las grandes potencias europeas veían en la guerra la posibilidad de imponer definitivamente su hegemonía y una forma de conseguir sus aspiraciones políticas. Así pues, Austria-Hungría, Serbia, Rusia, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia, se unieron pronto al conflicto europeo.

Nunca se pensó en una solución diplomática, pues se preveía un guerra corta, favorable a los intereses de las grandes potencias en disputa. Las capitales europeas celebraban la entrada en la guerra sin vislumbrar la gran catástrofe que supondría.

Una guerra que se iniciaba en el verano de 1914 y que se preveía corta, a la que los jóvenes europeos acudieron con ánimo festivo e idealista, pero que pronto se toparon con la brutal realidad de muerte, sangre, barro, frío y profundas trincheras excavadas en un recorrido que se extendía desde el Mar del Norte, en Bélgica, hasta la frontera con Suiza.

Mapa con las líneas de trincheras y lugar de la Tregua de Navidad

Las promesas de una victoria rápida en la que los soldados volverían a casa por Navidad nunca se cumplirían. Pronto se dieron cuenta que la guerra sería larga y no un camino de rosas precisamente.

Y en tan duras condiciones se llega a la primera Navidad en la Gran Guerra. Los altos mandos, para levantar la moral de las tropas y aliviar los sufrimientos de la vida de los soldados en las trincheras, les hicieron llegar pequeños regalos como tabletas de chocolate, cigarros o árboles de navidad (para los alemanes) y cartas de sus familias.

En la Nochebuena de 1914, lo impensable sucedió. Las luces y los cánticos empezaron a extenderse por las trincheras, y cuando en el lado alemán cantaban la versión alemana de “Noche de Paz“, en el lado británico aplaudían y se intercambian villancicos. Los soldados de una y otra parte saltaron de sus trincheras a tierra de nadie (el espacio entre dos trincheras enemigas) y se hermanaron.

Soldados alemanes celebran la Navidad 

Los soldados se negaron a obedecer las órdenes de los Altos Mandos de sus respectivos ejércitos de combatir al enemigo, quizás impulsados por la nostalgia de familiares y amigos con los que no podrían pasar esas Navidades, y al hartazgo de un cruenta guerra. De la inicial desconfianza se pasó a un clima de camaradería entre ambos bandos. Intercambiaron sus bienes más preciados como el tabaco, comida o botones de sus uniformes como recuerdo.

Pero el acontecimiento más conocido dentro de la Tregua de Navidad de la Primera Guerra Mundial fue el partido de fútbol disputado entre los soldados británicos y alemanes, que finalizó, según diversos testimonios, con la victoria germana en un ambiente de deportividad y caballerosidad. ¡Y ni si quiera  necesitaron un árbitro!.

Eso sí, costó lo suyo hallar un terreno de juego en unos campos helados y con profundos socavones dejados por los obuses. El encuentro tuvo lugar en el frente belga muy cerca del pueblo de Ypres.

Partido de fútbol entre alemanes y británicos 

Frente a frente los soldados de uno y otro bando (muchachos muy jóvenes en su mayoría) se reconocieron los unos en los otros. Sufrían por igual y tenían los mismos temores.

El día de Navidad la cordialidad continuaba. Los soldados se fotografiaron juntos, los barberos afeitaban y cortaban el pelo a navaja al enemigo y como buenamente podían se contaban chistes y se felicitaban las fiestas. Se intercambiaron periódicos, pues eran conscientes de que la que leían estaba sometida a censura. La tregua permitió que los soldados recientemente muertos fueran recuperados y enterrados. Se hicieron ceremonias de entierro con soldados de ambos bandos,llorando las perdidas juntos y ofreciéndose su mutuo respeto.

En muchos sectores la tregua solo duró un día, pero en otros se alargó hasta el día de Año Nuevo.

Durante el resto de la guerra los mandos alemán y británico se encargaron de que algo así no volviera a suceder. Desde los cuarteles generales se ordenó que no se volviera a tolerar confraternizaciones similares con el enemigo con la advertencia de severos castigos e incluso con la amenaza del pelotón de fusilamiento. Una tregua que fue tachada por muchos como una falta de patriotismo, siendo despreciada y silenciada por las altas esferas.

Recorte de prensa que recoge el gesto histórico

La Tregua de Navidad se pudo conocer gracias a las cartas y diarios que escribieron los soldados, que mantuvieron siempre en el recuerdo tan bello y humano gesto. Fue un momento en el que los soldados de uno y otro bando se dieron cuenta de lo que les unía por encima de ideas preconcebidas sobre el enemigo o de ideas políticas. Por unas horas cesaron los disparos y cañonazos, se dieron cuenta de lo valiosa que era la vida y la estupidez que suponían las guerras. El odio impuesto se transformó en fraternidad.

En la Tregua de Navidad de 1914 la humanidad como valor logró imponerse y los soldados con el cese espontaneo de hostilidades expresaron su deseo de paz. Los soldados alemanes y británicos escribieron, sin saberlo, uno de los momentos mas humano y único que merece la pena ser recordado de una guerra.


¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO!!!!!



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Referencias:
https://www.nationalgeographic.com.es/historia/la-tregua-de-navidad_8801/9
http://especiales.elperiodico.com/tregua/tregua.html
http://thesocialsciencepost.com/es/2014/12/1914-la-tregua-de-navidad/
https://www.jotdown.es/2011/12/noche-de-paz-de-tregua/

19 noviembre, 2018

LUGARES CON HISTORIA: LA TORRE DE LONDRES

La Torre de Londres es uno de los lugares más emblemáticos e históricos de la ciudad londinense, se sitúa en la ribera norte del río Támesis. A lo largo de sus casi mil años de historia ha sido desde residencia real y fortaleza, hasta lugar de ejecuciones, pasando por prisión, armería, tesorería y zoológico. La Torre y su conjunto histórico es uno de los lugares más visitados por los turistas, atraídos por su historia, pues en ella se produjeron torturas, muertes y ejecuciones de reyes, príncipes y princesas, dignatarios y poetas. Desde 1988 es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.



La construcción de la Torre Blanca fue idea del rey Guillermo el Conquistador allá por el año 1066. Este monarca de origen normando, no era un rey muy querido, sus súbditos lo consideraban un extranjero advenedizo, y por ello decidió reforzar las murallas de la capital haciendo uso de los más recientes avances técnicos en arquitectura militar. Su objetivo no era solo rechazar posibles ataques invasivos sino también intimidar a sus vasallos.

Durante la Edad Media fue refugio de reyes en momentos de inestabilidad política. Las primeras reformas llegaron de la mano, en 1189, del obispo Longchamp, canciller de Ricardo Corazón de León. Durante la ausencia de Ricardo, inmerso en la recuperación de Tierra Santa durante la Tercera Cruzada, su hermano Juan atacaría la fortaleza con la intención de hacerse con el poder, lo que consiguió tras un largo asedio, que permitió el regreso de Ricardo y la recuperación de la corona.

Enrique III añadiría medio siglo después una muralla, un foso y nueve torres, aunque sería su hijo Eduardo I, quien convertiría el bastión en el conjunto de edificios conocidos como la actual Torre de Londres. Levantó una segunda muralla y un segundo foso para aumentar la defensa, estableció la Casa de la Moneda e instaló calabozos.

Guillermo el Conquistador

A finales del S.XIV, el pueblo enfurecido por los impuestos establecidos por Ricardo II, además de muy castigado por los estragos de la peste negra y la guerra de los Cien Años, decidió tomar la Torre de Londres, asesinando al tesorero real y al arzobispo de Canterbury.

Desde entonces la famosa fortaleza se convirtió en un lugar peligroso. La Guerra de las Dos Rosas (1455-1487) entre la Casa de Lancaster y la Casa de York, que pretendían el trono de Inglaterra, se saldó con Enrique VI hecho preso en la famosa torre. A partir de ese momento la Torre de Londres fue lugar de encierros y ejecuciones de aspirantes al trono. Uno de los más conocidos y trágicos tuvo lugar al finales del S.XV, con la desaparición de los príncipes Eduardo y Ricardo, solo dos niños de 12 y 10 años, a los que su tío, Ricardo III envió a la Torre de Londres con el pretexto de prepararlos para la coronación del primogénito, puesto que ellos eran los siguientes en la línea sucesoria, tras la muerte de Eduardo IV. Poco tiempo de después los declaró ilegítimos y se hizo con el trono. De los niños nunca más se supo. Dos siglos más tarde se descubrirían los esqueletos de los dos niños durante unas obras. En 1933 un examen forense aceptó la posibilidad de que los restos hallados pertenecieron a los dos pequeños.

Aunque seguramente serían los Tudor los que más sangre derramaron entre las paredes de la Torre de Londres. Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII moriría decapitada allí. Y la misma suerte corrieron la quinta esposa del rey, Catalina Howard, y Tomás Moro, antiguo amigo y canciller, que fue ejecutado por oponerse al divorcio de Catalina de Aragón y a la ruptura oficial del rey con la Iglesia de Roma, por todo ello fue acusado de traición y decapitado en el verano de 1535.

La nueva fe anglicana persiguió tanto a católicos como protestantes, y así, John Fisher, obispo de Rochester, y Anne Askew, poeta y activista luterana fueron ejecutados, el obispo Fisher por alta traición y Askew por herejía.

Los príncipes Eduardo y Ricardo

Los conflictos religiosos siguieron cuando la reina María I, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, subió al trono e intentó abolir la reforma anglicana que inició su padre, en favor del catolicismo. La Torre de Londres se convirtió en prisión de protestantes y rivales de la reina, como su hermana menor Isabel, futura Isabel I hija de Enrique con Ana Bolena. Al contrario que Isabel, que fue puesta en libertad meses después, Lady Jane Grey, fue ejecutada en la Torre por alta traición, ya que aunque era la quinta en la línea sucesoria al trono de Inglaterra tras la muerte de Eduardo VI, el Consejo de Regencia la proclamó reina, con un breve reinado de nueve días.

La tensión religiosa se mantuvo con la reina Isabel I, que reprimió duramente a los católicos. Su sucesor, Jacobo I, siguió su política religiosa. En noviembre de 1605 fue sorprendido en los calabozos de la Torre de Londres, un exmilitar católico llamado Guy Fawkes, miembro de la Conspiración de la Pólvora, manipulando explosivos, ya que se pretendía matar al rey Jacobo I, a su familia y a la mayor parte de la aristocracia protestante haciendo estallar el Parlamento. El complot fracasó, Fawkes fue torturado para que confesara los nombres del resto de conjurados, que poco a poco fueron hallados y ejecutados, alguno de ellos como Francis Tresham en la propia Torre.

Ejecución de Lady Jane Grey

Durante el S.XVII la Torre de Londres se desvinculó de la monarquía inglesa y en 1649, la fortaleza pasó a depender directamente del Parlamento inglés, recuperando el carácter militar originario. Oliver Cromwell la convirtió en cuartel.

La monarquía fue restaurada en 1660, pero la función de la Torre se respetó. Los prisioneros disminuyeron, y la mayor parte de los edificios se transformaron en arsenales, almacenes y oficinas militares.

Durante el S. XVIII se llevaron a cabo en la Torre pequeñas obras de mantenimiento. Pero sería en el S.XIX cuando el Duque de Wellington, Arthur Wellesley, reformó el complejo militar. En sus 26 años al mando de la fortificación realizó mejoras profundas, como fue añadir un nuevo bastión y otras defensas. Pero lo más importante fue la eliminación del foso que rellenaron de tierra para evitar las epidemias de cólera frecuentes entre los soldados.

Por otra parte, la Torre se convirtió en un foco de corrupción entre el personal, y así el control de la Torre estaba a cargo de los alabarderos, un puesto muy codiciado que se heredaba de padres a hijos, pero que también podía comprarse, y quien podía hacerlo tenía la vida resuelta puesto que el cargo incluia derecho vivienda y a una ración diaria de carne, de ahí el nombre popular de beefeaters (comedores de ternera). El duque de Wellington puso orden y en adelante a los candidatos se les exigiría una hoja impecable de servicios militares.

Ya en el S.XIX se realizaron reformas para devolver al baluarte su aspecto original, aunque solo se logró darle un aspecto neogótico, y se destruyeron edificios antiguos para que la Torre Blanca pudiera verse desde todos los ángulos. Los cambios producidos aumentaron la popularidad de la fortificación.

Los cuervos y los  beefeaters de la Torre de Londres

Las leyendas en torno a la Torre de Londres son parte de su historia. Y así, una de las más antiguas es que el fantasma del canciller Thomas Becket, que fue gobernador de la Torre, y que fue asesinado durante una misa por orden de Enrique III en 1170, se hace ver en el recinto. Otra de las más escuchadas es que se ha visto el cuerpo descabezado de Ana Bolena paseando entre sus muros. Está claro que el uso de la Torre como prisión y lugar de ejecuciones ha alimentado estas leyendas.

Otro de los mitos de la fortaleza son los cuervos, de los que se dice que cuando estas aves abandonen la Torre la monarquía inglesa llegará a su fin. Por sí las moscas, a los siete cuervos que alimentan los beefeters se les recorta una de las alas no sea que busquen otro lugar para habitar.

Durante las guerras mundiales la Torre recuperó su función carcelaria, y allí serían fusilados  varios espías. Rudolf Hess, figura clave de la Alemania nazi fue encarcelado en la Torre antes de ser juzgado en Nuremberg, siendo el último prisionero de la Torre de Londres.

Hoy día la Torre alberga las Joyas de la Corona Británica, una colección de armaduras reales y restos de la muralla romana.



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Referencias:
https://www.hrp.org.uk/tower-of-london/history-and-stories/the-story-of-the-tower-of-london/
https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-la-torre-de-londres_11039_102.html
https://www.descubriruk.com/torre-de-londres.html


23 octubre, 2018

ORIGEN E HISTORIA DEL RELOJ: LA MEDIDA DEL TIEMPO

Ejemplo de reloj mecánico
El hombre desde antiguo ha tenido la necesidad de medir el tiempo, sobre todo cuando nuestros antepasados comenzaron a asentarse y crear civilizaciones. Antes se dividía el tiempo en días y noches, días claros para la caza y noches oscuras para dormir. En sus orígenes se valían de la observación de los fenómenos naturales y astronómicos, y este conocimiento era de gran utilidad en las actividades agrícolas y ganaderas.

Los métodos de medida del tiempo se fundamentan desde sus comienzos en el sistema sexagesimal. Estos sistemas horarios se originaron hace 4.000 años en Mesopotamia y Egipto, y un sistema similar fue desarrollado posteriormente en Mesoamérica.

El uso de sistemas horarios ha ido parejo a la historia de la relojería. Los primeros sistemas horarios dividían el día en 12 horas, lo que hacía que las horas fuesen más largas en verano, y más cortas en invierno. Esta división del tiempo proporcionó el llamado sistema horario temporario, que resulta de dividir el tiempo de iluminación en doce horas iguales y el tiempo de oscuridad en otras doce horas iguales entre sí. De este se deriva el sistema de horas itálicas (toma como origen de recuento de las horas el fenómeno del ocaso solar, empezando a contar desde las 24 horas hasta el Ocaso del día siguiente) y el sistema de horas babilónicas (también divide el día en 24 partes iguales, pero inicia su medida tomando como referencia el amanecer).

La primera forma de medir el tiempo fue la luna. Los ciclos regulares de la luna permitían, por ejemplo, determinar la duración del embarazo de una mujer en 10 meses lunares. Pero la luna no permitía prevenir los cambios estacionales, mientras que el sol permitía de forma exacta los días entre una estación y otra.

El sol era utilizado como medida de tiempo, y así se cree que ya en época prehistórica se utilizaban varas de madera empotradas en la tierra para medir el día. Los egipcios fueron los precursores del reloj, ya que fueron ellos los que construyeron los obeliscos hacia el 3.500 a.C., que colocaban en lugares estratégicos donde se proyectaban sombras. Al principio los obeliscos solo indicaban el mediodía, pero fueron evolucionando hasta marcar el tiempo en otras subdivisiones. Los egipcios desarrollaron los primeros relojes de sol cuyo funcionamiento se basaba en el seguimiento del sol. Una hoja proyecta una sombra que apunta a un número marcado en la cara del reloj de sol, un primitivo reloj con solo la manecilla de las horas. Pero el reloj de sol no permitía saber la hora durante la noche o en días nublados. Además, el reloj de sol no era exacto, ya que se dispone en ángulos diferentes según la estación del año, siendo las horas más o menos largas dependiendo de la temporada. El uso del reloj de sol se amplió a Grecia, Italia y Asia Menor. Cabe destacar que el sol sigue vigente en el sistema de cronometraje, puesto que las zonas horarias se establecen por la rotación de la Tierra respecto al astro rey.

Reloj de Sol

La civilización egipcia también desarrollaría el primer sistema de medida del tiempo durante la noche, basado en las estrellas. Inventaron el primer instrumento astronómico, el merjet. alrededor del 600 a.C. Un merjet es una cadena con un peso en el extremo utilizado para medir una línea recta. Los astrónomos egipcios alineaban dos merjets con la estrella Polar y la usaban para marcar una línea norte-sur en el cielo oscuro de la noche. El tiempo se contaba conforme ciertas estrellas cruzaban esa línea.

Otro instrumento del medida del tempo era el reloj de arena, compuesto por dos ampollas de vidrio, una encima de la otra, con una abertura estrecha entre ellas. La arena va cayendo desde la parte superior de la ampolla a la inferior cuando el reloj se vuelca. Cuando la ampolla superior se vacía, el tiempo se acaba, pero no necesariamente tiene que ser una hora, puesto que un reloj de arena podía ser construido para medir casi cualquier período corto de tiempo mediante la alteración del tamaño de la abertura entre  las ampollas, o simplemente cambiando la cantidad de arena de la ampolla. Se cree que este tipo de reloj es de origen medieval y la evidencia más antigua de la que se tiene constancia es una representación de 1338 de Ambrogio Lorenzetti, un fresco llamado Alegoría del Buen Gobierno, en el Palacio Público de Siena. Este tipo de relojes se utilizaron hasta el S.XVI por marineros, ya que eran la medición de tiempo más fiable en el mar. También eran utilizados por el clero en las iglesias, en los hogares para medir el tiempo de cocción, y en el trabajo para medir el tiempo de descanso. A partir del S.XVI su uso disminuyó por el desarrollo del reloj mecánico.

Reloj de arena

Otro instrumento para medir el tiempo en la antigüedad era la clepsidra de origen egipcio, usadas principalmente por la noche, cuando los relojes de sol no podían utilizarse. Los primeros relojes de agua consistían en una vasija de cerámica, que contenía agua hasta un determinado nivel, con un orificio en la base de un tamaño adecuado para asegurar la salida del líquido (que caía en otro recipiente) a una velocidad determinada, y por lo tanto, en un tiempo prefijado. El recipiente disponía de varias marcas, que indicaban los diferentes períodos de tiempo. Su uso se extendió en todo el mundo antiguo, y llegó hasta el S.XX. Los antiguos griegos y romanos construyeron enormes torres para albergar sus relojes de agua. Sin embargo, lo relojes de agua no eran muy precisos.

Una variante es la clepsidra de Alejandría, inventada inventada por Ctesibio hacia el 200 a.C., que aplicó los principios de la hidráulica haciendo mejorar la clepsidra dotándola de esferas y agujas que mejoraron su precisión.

Clepsidra

Otro tipo de reloj surgió en China, el reloj de incienso, entre el año 960 y 1279. Se trataba de un reloj con unas bolas de metal con una cuerda y cuando el incienso se consumía, las bolas caían haciendo sonar un gong que anunciaba la hora. Su uso se extendió por Asia oriental.

Otro ejemplo de reloj (basado en el consumo del fuego), fue el reloj de vela (hacia el S.IX) que utilizando unas velas graduadas, a medida que se consumían marcaba una hora determinada. Se dice que fue inventado por el rey Alfredo el Grande (849-899). Fue muy utilizado en los monasterios para las vigilias.

Otra variante posterior fue el reloj de aceite, que consistía en un pequeño recipiente de vidrio graduado y lleno de aceite que indicaba las horas a medida que se consumía el aceite al quemarse. Fueron de uso corriente en Alemania y Francia hasta el S.XVIII.

Con la llegada del reloj mecánico en el S.XIV que funcionaban mediante un sistema de pesos y muelles. Estos primeros relojes no tenían las habituales agujas, solo una campana que sonaba cada hora en punto. Eran grandes relojes que se instalaron en las iglesias para anunciar las oraciones y servicios religiosos.

Con el tiempo surgieron lo relojes con agujas, y una vez que el péndulo se fue refinando , se añadió otra manilla que indicara los minutos. El desarrollo de los muelles abrió el camino para la fabricación de relojes de mesa.

El reloj de bolsillo nació en Francia en el S.XV. El descubrimiento de resortes espirales que permitían mover las manecillas hizo posible reducir su tamaño. Al principio eran considerados mecanismos raros y muy caros, que solo los ricos podían permitirse. Su uso se extendió por toda Europa.

Ejemplo de reloj de bolsillo

Pero no sería hasta la Revolución Industrial cuando comenzó la producción masiva de relojes y su precio disminuyó.

A finales del S.XIX apareció el reloj de pulsera que ha llegado hasta nuestros días. Surgió gracias a los pilotos de aviación, los cuales utilizaban los relojes de bolsillo y mediante una correa se los ataban a la pierna o al brazo. En una época en la que los aviones carecían de instrumentación, los cálculos que los pilotos hacían con los relojes eran muy importantes, pues les permitían calcular rumbos, distancias y horas de combustible. Pero también era imposible mirar un reloj de bolsillo durante la batalla.

En la actualidad la medición del tiempo se ha convertido en algo vital en nuestro transcurrir diario, sin embargo el reloj de pulsera ha perdido uso, ya que podemos ver la hora en los ordenadores y en los teléfonos móviles que siempre llevamos encima.



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Referencias:
https://www.decorarconarte.com/Relojes/Historia-de-la-medida-del-tiempo
https://relojesdesol.info/
http://www.librosmaravillosos.com/eltiempoysumedicion/index.html
https://www.xatakaciencia.com/sabias-que/10-metodos-para-medir-el-tiempo-i

24 septiembre, 2018

DICHOS CON HISTORIA: "ECHARLE A UNO EL MUERTO"

Dibujo de José de Ribera. Museo del Prado
Seguro que hemos oído y utilizado montones de veces la frase "echarle el muerto a alguien", de uso habitual y cuyo origen viene de lejos.

La expresión "echarle a uno el muerto" se utiliza para imputar a otro la culpa de algo que no ha hecho, es decir, atribuirle la culpa de una cosa. Tiene una serie de variantes como echar el muerto a casa, a puerta ajena o al vecino.

El origen de esta frase se remonta a la Edad Media.Y es que según las leyes medievales cuando dentro del término de un pueblo aparecía un cadáver con signos de muerte violenta (eran habituales las trifulcas y asesinatos sin ningún tipo de justificación), si no llegaba a averiguarse quién había sido el homicida, el pueblo estaba obligado a pagar una multa, llamada homicisium, que no debía ser plato de gusto, sobre todo en tiempos de carestía.

Debido a esto los pueblos y sus habitantes, en cuyo término se cometía una muerte violenta, procedían con la triquiñuela de no airear el suceso, metían el cuerpo en sacos y, aprovechando la noche, trasladaban el cadáver de la víctima al término de otro pueblo próximo, consiguiendo así librarse de la multa, echando literalmente el muerto a otro.

Por tanto, echar el muerto a otro pueblo vecino equivalía cargarle con la responsabilidad de un crimen con su multa correspondiente, salvo que se diera con el asesino o se entregara a la justicia.

Lo malo es si al pueblo vecino se le ocurría la misma idea, y el muerto volvía al pueblo donde primero apareció. Y es que donde las dan las toman.


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Referencias:
Jose María Iribarren. El Por qué de los dichos. Ariel. 2015


04 septiembre, 2018

EL NAUFRAGIO DEL SAN TELMO EN LA ANTÁRTIDA

Buque San Telmo
El naufragio del San Telmo en septiembre de 1819 en aguas del cabo de Hornos constituye un enigma dentro de la historia naval española. Hay fundamentos que permiten pensar que este buque y sus ocupantes serían los primeros en llegar a las tierras antárticas, aunque la historia oficial considera al inglés William Smith el primero en desembarcar en la Antártida, quien reclamaría estas costas para la corona británica unos meses después de la desaparición del San Telmo.

Sería el barco español el que llegó primero en su desesperada deriva a las costas antárticas y que sus supervivientes consiguieron resistir durante algún tiempo hasta que el frío, el hambre y la desesperación de no ser rescatados acabó con ellos.

El San Telmo era un buque veterano, un navío de 74 cañones, construido en los astilleros de El Ferrol en 1788. Pertenecía al sistema de construcción del ingeniero Romero Landa y constituía un digno representante de la política de reconstrucción naval llevada a cabo por Carlos III, política que su sucesor Carlos IV eliminaría aconsejado por su ministro Manuel Godoy. Este cambio en la política naval marcaría el inicio del declive de la armada española, y con ella, la del propio país.

El San Telmo con una hoja de servicios notable desde su botadura, es enviado con otros tres buques y tropas para intentar socorrer a los realistas en las sublevadas colonias de América del Sur, instigadas por los británicos aprovechando el abandono en que las mantiene la metrópoli, entre otras razones por la invasión napoleónica. Junto al San Telmo como buque insignia, parten de cádiz el navío Alejandro (barco adquirido al zar y que estaba en pésimas condiciones, saldría un día después) y las fragatas Prueba (de guerra) y Primorosa Mariana (mercante), formando la escuadra que tomaría el nombre de la División del Mar del Sur.Esta sería la última de las grandes expediciones de la Armada Española que pone rumbo a Hispanoamérica en esa época.

Brigadier Rosendo Porlier
Así pues, la escuadra partió del puerto de Cádiz en mayo de 1819 al mando del brigadier Rosendo Porlier y Astiagueta (veterano de la batalla de Trafalgar), que fue nombrado casi de forma forzosa, ya que no hubo voluntarios que quisieran comandarla, debido al estado paupérrimo de los navíos y de la propia maquinaria militar consecuencia de la desastrosa situación económica que atravesaba España tras la invasión francesa. Por tanto, las condiciones previas no presagiaban nada bueno. De hecho, el pesimismo latente alojado en los hombres que realizarían este viaje quedó patente en las palabras del propio Porlier a su buen amigo, el capitán de fragata Francisco Espelius, en su despedida del puerto de Cádiz: "Adiós Frasquito, probablemente hasta la eternidad".

A la altura del Ecuador la escuadra sufre la primera tormenta que afecta gravemente al buque Alejandro, por lo que Porlier ordenó su regreso por las numerosas averías y vías de agua. Como hecho curioso los capitanes del Alejandro, Modenes y Pesucho, pidieron una indemnización porque tenían que haber salido en el San Telmo, pero llegaron tarde y éste no les esperó por lo que embarcaron en el Alejandro que por motivos de averias retraso su partida. Más tarde se darían cuenta de la suerte que tuvieron.

Las restantes tres embarcaciones prosiguieron su viaje tocando Río de Janeiro y Montevideo. Ya en septiembre, la escuadra tuvo que doblar el Cabo de Hornos y hacer frente a las aguas y vientos embravecidos del Mar de Hoces o estrecho de Drake.

En un primer momento las tres naves se mantienen juntas, pero se vieron sorprendidas por un fuerte temporal que las empujó hacía el sur irremediablemente. El mal tiempo y las tormentas causaron graves desperfectos al buque insignia a los que había de sumar los ya producidos tras pasar el Ecuador.

El 2 de septiembre el San Telmo sufre averías en el timón, el tajamar y la verga mayor, lo que hacía suponer que se hallaba a la deriva y sin posibilidad de gobierno. La fragata Mariana trató de remolcarlo, pero los cables que los unían no soportaron las embestidas del mar ni los fuertes vientos teniendo que desistir. El 4 de septiembre de 1819 el San Telmo queda solo y a su suerte, en medio de un mar que tantas vidas se había cobrado desde hacia siglos.

Recreación ilustrada del San Telmo en las costas heladas de la Antártida

Las dos fragatas lograrían llegar al puerto del Callao. El 2 de octubre lo hizo la Prueba, y siete días después la Primorosa Mariana, la cual ya en puerto informaría que el último avistamiento del San Telmo en medio de una gran tempestad en una latitud 62º sur y longitud 70º oeste, un punto en el que las corrientes y los vientos derivan al norte de la isla Livingston.

Al principio aún se esperaba un milagro, y en el comunicado que el jefe del apostadero de el Callao (Pezuela) envía sobre la demora del San Telmo recoge que: "cabe dudar en que el navío pueda haber remontado el cabo y, si lo hubiera conseguido, es de recelar una arribada a los puertos de Chiloé o Valdivia a repararse, de donde espero en breve noticias para participarle a V.E".

Pero nunca llegaron noticias del San Telmo y con el paso del tiempo las viudas y huérfanos de los desaparecidos apremiaron a que se iniciara el expediente que debía notificar la pérdida del buque y de su tripulación, para poder así cobrar la paga correspondiente. Así, el 27 de diciembre de 1822, más de tres años después de su último avistamiento, el secretario de Marina, Valdés, firmaba el documento con la baja del navío San Telmo.

Recorrido de la Escuadra de la División del Mar del Sur

El San Telmo desapareció con sus 644 tripulantes (entre ellos figuraba Rosendo Porlier, brigadier de la escuadra y Joaquín Toledo capitán del buque), sin embargo, también surgirían las especulaciones sobre su destino, aunque la versión oficial admitió su pérdida por naufragio en aquellas lejanas y tormentosas aguas, en un clima político poco brillante tanto en el interior como en el exterior.

Poco tiempo después del naufragio del San Telmo, el capitán William Smith llega a las isla de Livingstone e informa en su cuaderno de navegación del hallazgo de los restos de un navío español que habría naufragado, y gente de su entorno como el capitán Robert Fildes, describiría los restos y los atribuiría al buque español. Las autoridades inglesas obligarían a ocultar estas informaciones en beneficio propio, los ingleses se autoproclamarían los descubridores. Otro navegante británico,James Weddell, también recogería en su diario el avistamiento de restos del naufragio del San Telmo en las islas Shetland del Sur.

Los marinos británicos no lo reconocerían oficialmente, pero en sus cartografías registraron un islote con el nombre de Telmo en recuerdo de las víctimas del naufragio del buque español.

Las hipótesis sobre lo qué pasó con el San Telmo, sugieren que tras el naufragio hubo supervivientes que arribaron a tierra, que allí utilizarían los botes para montar un refugio y se protegerían en alguna cavidad natural. Allí sobrevirían algún tiempo, pero siendo invierno y con las islas cubiertas de hielo las posibilidades de supervivencia eran mínimas. Por tanto, el insoportable frío, el hambre y la desesperación provocada por la seguridad de que nadie los buscaría en aquellas tierras remotas, iría minando su moral y sus fuerzas.

Placa en memoria de los tripulantes del San Telmo

A punto de cumplirse el segundo centenario del naufragio del San Telmo, dos expediciones se preparan para buscar el navío de la Armada en las heladas aguas antárticas, y que pudo llegar antes que los ingleses al Polo Sur. Una de las expediciones está dirigida por el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, Manuel Martín Bueno, que ya dirigió tres campañas anteriores en los años noventa. La otra expedición que se prepara la ha puesto en marcha la Fundación Polar Española a través del reputado experto en la Antártida José María Amo y su proyecto San Telmo 1819-2019.

Si se lograra localizar cualquier vestigio del San Telmo, España podría atribuirse el descubrimiento de la Antártida, un título histórico que actualmente tiene Inglaterra. Pero sobre todo se reconocería el mérito de esos 644 hombres que dejaron la vida en las inhospitas aguas y tierras de la Antártida.


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Referencias:
Elena Martín-Cancela. Tras las huellas del San Telmo: contexto, historia y arqueología en la Antártida. Monografías Arqueológicas, nº 54. Prensas de la Universidad de Zaragoza (2018).
Arqueología Antártica: el Proyecto San Telmo y el descubrimiento de la Terra Australis Antarctica.
https://www.lavanguardia.com/internacional/20170903/431009958758/espanoles-descubrieron-antartida-expedicion-buque-guerra-san-telmo.html
https://www.fundacionpolar.org/
https://sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-39/navio-san-telmo-un-dramatico-final/
https://www.lavozdigital.es/cadiz/provincia/lvdi-historia-san-telmo-desde-cadiz-para-descubrir-antartida-201808260917_noticia.html
http://www.elmundo.es/papel/cultura/2018/08/06/5b65d7cf268e3e425d8b4611.html



31 julio, 2018

40 AÑOS EXCAVANDO EN ATAPUERCA

Se cumplen cuarenta años del inicio de los trabajos de excavación en el yacimiento burgalés de Atapuerca.

Hace unos días el equipo investigador de la campaña de excavaciones de 2018 de Atapuerca daba a conocer el hallazgo de varios restos craneales de una homínida adolescente (de unos 13 años) de hace más de 300.000 años, a la que se ha dado el nombre de Sara. Se trata de la mitad izquierda de un cráneo del cual ya se tenía la parte derecha. En concreto se trata del maxilar izquierdo, el segundo molar, el pómulo y la zona de la oreja, todos ellos hallados en la Sima de los Huesos. Con todos los restos hallados de Sara se intentará reconstruirla para saber cómo era, y saber también la causa de su muerte.

A lo largo de estos años de trabajos se han logrado recuperar más de 340.000 restos arqueológicos y paleontológicos, que han posibilitado el conocimiento de diferentes actividades de, al menos, tres grupos de homínidos distintos como son el Antecessor, Heidelbergensis y Sapiens, de los cuales se ha atestiguado su presencia física por los hallazgos óseos encontrados. La presencia de otro grupo de homínidos, como es el Homo de Neanderthal, está pendiente de confirmar entre los recientes restos hallados en la llamada Cueva Fantasma.

Esta concentración de restos y grupos humanos distintos es excepcional y única en el mundo, y ha permitido además datar la presencia humana en la sierra de Atapuerca en 1,2 millones de años, lo que supone la ocupación más antigua de la vieja Europa hasta la fecha.

Restos de la homínida Sara

Aunque se han hallado gran cantidad de restos fósiles se estima que el 99% de los restos sigue enterrado por lo que en excavaciones venideras se harán nuevos e importantes descubrimientos, ya que en varios yacimientos se está a punto de llegar a niveles donde se espera hallar una gran riqueza de fósiles.

Los yacimientos de Atapuerca se pueden dividir en dos grupos: los que son cueva, entre los que se  encuentran la Trinchera del Ferrocarril (Sima del Elefante, Galería y Gran Dolina), Cueva Mayor (con el Portalón, Sima de los Huesos, Galería de las Estatuas y la Galería de Sílex) y la Cueva del Mirador; y los que se sitúan al aire libre, como son el Hundidero, Hotel California, Fuente Mudarra y el Valle de las Orquídeas.

Los orígenes del Proyecto Atapuerca se remontan al siglo XVIII con el empeño del vicario de la comarca don Manuel Francisco de Paula, entre 1782 y 1795, de incluir la importancia de Cueva Mayor en el Diccionario Geográfico e Histórico del geógrafo real Tomás López. De Paula describió Cueva Mayor en un manuscrito, una detallada descripción de la misma, así como su situación en un mapa croquis de la época, y además ya hacía referencia a su origen como cosa de la naturaleza y no de Dios. También hay que destacar, años después, los esfuerzos del que fuera gobernador civil, Felipe de Ariño y López, que en 1863 con objeto de proteger la cueva envió una carta a la reina Isabel II en la que solicitaba la propiedad de la cueva  por un período de sesenta años con el objetivo de realizar trabajos de investigación, preservarla y levantar un plano del interior. La petición obtendría el visto bueno de la Comisión de Monumentos de Burgos ese mismo año.

Esta petición despertó el interés de otros arqueólogos y así, en 1868, los ingenieros de minas Pedro Sampayo y Mariano Zuaznávar, publicarían un trabajo en el que se describía la morfología, geología y arqueología del sitio actualmente conocido como Sima de los Huesos. Sus grabados documentaron el primitivo yacimiento antes de la entrada de la maquinaria que construiría la trinchera ferroviaria décadas más tarde.

Litografía del exterior de la cueva de Atapuerca

La publicación de Sampayo y Zuaznávar alcanzó notoriedad y difusión, por lo que despertó el interés de geólogos y prehistoriadores que fueron llegando a Atapuerca, es el caso de Jesús Carballo, Henri Breuil, Hugo Obermaier o Saturio González, entre otros. Todos ellos fueron sumando hallazgos arqueológicos que iban siendo referenciados en sucesivas publicaciones por otros investigadores. La Guerra Civil paralizaría las investigaciones.

Una nueva fase en el conocimineto de este yacimiento fue impulsada, a partir de 1951, por las investigaciones del Grupo Espeleológico Edelweis. La exploración, topografía y conservación de las cavidades de la sierra dio como resultado la catalogación de todos los conductos, así como el descubrimiento en 1962 de los yacimientos del Pleistoceno de Trinchera. Entre 1964 y 1966, bajo la dirección de Francisco Jordá, se realizarían las primeras excavaciones cuyos restos serían expuestos en el Museo de Burgos en 1968.

En 1972 el Grupo Espelelógico Edelweis descubre la Galería del Sílex y, en 1973, bajo la coordinación de José Luis Uribarri, presentan las alegaciones que impidieron la pretendida expropiación forzosa para el campo de maniobras militar de las cuevas y de parte de Trinchera, iniciándose los trámites para su declaración como Monumento Histórico Artístico, lo que se conseguiría en 1987.

En 1975 el Grupo Espeleológico Edelweis entró en contacto con Trinidad Torres, quien en el verano de 1976 realizaría excavaciones en Trinchera y en la Sima de los Huesos se descubrirían los primeros fósiles de Homo Heidelbergensis, que hicieron que Emiliano Aguirre presentara, en 1977, el primer proyecto del Equipo de Investigación de Atapuerca. A Emiliano Aguirre le seguirían en 1991, como co-directores del Proyecto, sus discípulos Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro. Y hasta ahora.

Panorámica de la sierra y yacimientos de Atapuerca

Y es que la Sierra de Atapuerca se ha convertido en un tesoro científico, único en Eurasia para conocer la fascinante historia de la humanidad. Los descubrimientos en Atapuerca han demostrado que Europa fue poblada por primera vez en un tiempo mucho más remoto de lo que se pensaba, y han esclarecido el árbol de la evolución humana durante el último millón de años, icluyendo el descubrimiento de un aespécie nueva en la genealogía humana, el Homo Antecessor. También han permitido conocer aspectos fundamentales de la evolución del comportamiento humano, como la evolución tecnológica, las estrategias de aprovechamiento de los recursos, el lenguaje, la cultura de la muerte, y la violencia interpersonal. Al compás de estos descubrimientos se han desarrollado nuevas técnicas y métodos de investigación, y se ha formado el mayor equipo de científicos del mundo en el campo de la Prehistoria, que constituye la vanguardia de esta disciplina.

Es especialmente destacable la idea del Equipo de Investigación de Atapuerca de que su trabajo debe de estar al servicio de la sociedad, y así, la vocación de difusión de los descubrimientos ha llevado a realizar un importante esfuerzo por transmitir la importancia y significado de estos.

Fruto de todo este trabajo, científico y de divulgación, fue la declaración de la Sierra de Atapuerca como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el año 2.000.

Los hallazgos procedentes del Proyecto Atapuerca se pueden ver en el Museo de la Evolución Humana, inaugurado en el año 2010.



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Referencias:
https://www.atapuerca.org/es
http://www.museoevolucionhumana.com/es/el-museo
https://grupoedelweiss.com/web/index.php/catastro-de-burgos-mainmenu-71/principales-zonas-estudiadas/36-atapuerca/917-40-aniversario-de-la-primera-campana-de-emiliano-aguirre-en-atapuerca
http://www.elmundo.es/papel/historias/2017/12/09/5a21ab9322601d253f8b461a.html
http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/provincia/carta-briviesca-salvo-atapuerca_114038.html
https://www.lavanguardia.com/cultura/20180723/451051113520/hallados-restos-hominida-sara-atapuerca.html