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23 mayo, 2019

JUANA DE ARCO, MÍSTICA Y HEROÍNA

Juana de Arco
Paul de la Boulaye (1909)
Juana de Arco también conocida como la Doncella de Orleans, fue una joven heroína francesa que puso en jaque al poderoso ejército inglés en el transcurso de la Guerra de los Cien Años. Sus orígenes humildes no impidieron que, inspirada por mandato divino, liberara el sitio de Orleans de manos de los ingleses. Pese a ello, sería condenada y ejecutada por herejía. Años después su figura sería rehabilitada y cinco siglos más tarde fue declarada santa patrona de Francia.

Juana de Arco nació en el seno de una familia campesina acomodada hacia 1412, aunque no hay seguridad en la fecha pues ella misma ignoraba su edad. Era hija de Jacques d'Arc e Isabelle Romeé. Parece que era la menor de una familia de cinco miembros. Juana no sabía leer ni escribir pero tenía habilidad cosiendo e hilando. Juana era una niña especialmente piadosa. Vivió en una Francia marcada por la Guerra de los Cien Años, que enfrentaba a Francia y a Inglaterra por el trono francés (1337-1453). Durante los últimos años del conflicto las batallas se intensificaron y tuvieron como protagonistas al heredero francés al trono, Carlos VII, y a Enrique VI de Inglaterra.

Mientras su país estaba en plena guerra, Juana de Arco comenzó a experimentar una serie de sucesos que calificó de divinos y con solo 13 años aseguraba haber visto a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita los cuales le habían revelado su misión.

Esas visiones y voces cambiaron el destino de Juana, ya que le ordenaban ayudar al delfín Carlos, que estaba retenido en Orleans, liberar la ciudad y expulsar a los ingleses.

Hacia 1428, las voces le indicaron que debía partir hacia Vaucouleurs, lugar en el que se encontraban las tropas de Carlos VII y presentarse ante Roberto Baudricourt, capitán de la guardia real en dicha localidad. Como era de esperar Baudricourt no le hizo caso en su petición de una pequeña escolta para ir en busca del Delfín pues debía darle un mensaje secreto que le había sido revelado por las voces.

Pero Juana no se dio por vencida. Pocos meses después, los ingleses tomaron la delantera en el conflicto con el asedio de Orleans. Esto hizo que el ejército francés se trasladara a la localidad de Chinon. Todo parecía perdido ya. Juana volvió a insistir a Baudricourt que esta vez le dio el visto bueno y le permitió ir en busca del rey, para lo cual le asignó una pequeña escolta, puesto que el viaje por tierras borgoñonas era peligroso. Para proteger su reputación siempre fue vestida de hombre.

Carlos VII de Jean Fouquet (1445)

Una vez en Chinon Juana volvió a pedir  Carlos VII que le permitiera dirigir sus tropas. La corte y el propio rey tenían sus dudas sobre la muchacha que más les parecía una enajenada. Sin embargo, Juana le reveló al rey un secreto que sólo él conocía (posiblemente relacionado con la legitimidad de su nacimiento) y que le habían desvelado sus voces.  El Delfín quedó convencido, aunque antes de ponerla al mando de sus tropas hizo que la joven fuera examinada en Poitiers por un comité de sabios, médicos y obispos cuya conclusión fue que Juana tenía acceso a Dios a través de la voces que oía, enviada para salvar el reino. La posición de los franceses se estaba debilitando y no había tiempo que perder.

En 1429, Juana de Arco, bajó las órdenes divinas, dirigió el ejército de más de 5.000 hombres que le confió el heredero francés para librar Orleans. Aunque Juana no sabía nada de la guerra la fe en sus visiones y la fe en ella de quienes la rodean la convierten en una hábil guerrera. Este hecho permitió que Carlos VII fuera coronado de manera simbólica como rey de Francia en Reims.

Gracias a la victoria comandada por la Doncella de Orleans Francia fue recuperando territorios hasta conseguir la retirada inglesa de tierras francesas. De esta manera, una antigua profecía que decía que una joven doncella salvaría a Francia mediante un milagro, se veía cumplida a ojos del pueblo.

Juana de Arco en la toma de Orleans
Jules Eugene Lenepveu (1886)


Aunque se curtió en las batallas no perdió su bondad y piedad, y así prohibió el pillaje entre sus tropas, organizaba misas y asistía a los heridos.

La joven Juana, tras cumplir su misión, dejó de oír las voces y quiso regresar a su casa. Pero antes de volver tuvo que librar dos batallas más en París y en Compiègne.

Y durante el combate en Compiègne un 24 de mayo de 1430, fue capturada por el duque de Borgoña. Más tarde fue vendida al ejército inglés para que fuera procesada. Los ingleses querían desacreditarla para limpiar la reputación de Inglaterra.

Juana de Arco fue trasladada a Ruán y juzgada por un tribunal eclesiástico. Durante el proceso Juana declaró que las voces que oía procedían de los santos y de Dios. Sin embargo, el tribunal la acusó de brujería y afirmó que las voces a las que hacía referencia provenían del diablo y no de Dios.

Muchos creen que este juicio tenía como objetivo principal desprestigiar a Carlos VII, sí lograban descreditarla a ella, Carlos que había sido su valedor caería con ella.

El proceso contra Juana duró tres meses y durante todo este tiempo, el tribunal se aseguró que la heroína francesa no tuviera posibilidad de defensa. Fue un juicio plagado de irregularidades. A pesar de ello, Juana se defendió con elocuencia, poder de convicción, rectitud e inteligencia. Sus acusadores intentaron por todos los medios que confesara su herejía, utilizando para ello engaños y torturándola psicológicamente, no lo hacían con tortura física porque querían una muerte pública para la Doncella.

Parece que Carlos VII a pesar de recibir la ayuda de Juana no hizo nada por ella.

En un momento de su declaración durante el proceso la joven heroína se retractó de sus declaraciones lo que hizo que se le conmutara la pena de muerte por la cadena perpetua. Pero poco después volvió a reafirmarse en que las voces que oía tenían un origen divino por lo que nuevamente se la condenará, y esta vez, de forma definitiva a muerte.

Finalmente el 30 de mayo de 1431 Juana de Arco murió en la hoguera en la plaza de Ruán.

Muerte de Juana de Arco en Ruán
Isidore Patrais (1867)

Juana sería beatificada muchos años después en 1909 y canonizada en 1920, convirtiéndose en la patrona de Francia y en símbolo de la unidad nacional.

Juana de Arco fue una mujer que aprendió a pelear como un hombre y que fortalecida por su férrea determinación y su inquebrantable fe la hicieron merecedora del respeto de sus compañeros de armas convirtiéndola en una heroína sin precedentes.

Juan de Arco se convirtió en todo un referente en la historia de la mujer. Fue una revolucionaria adelantada a su tiempo. Y se lo hicieron pagar.

Pero su figura histórica fue tan relevante que su nombre y sus hechos han pervivido a través de los siglos.


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Referencias:
Juana de Arco, la espada de Dios. J.M. Ramos (2012)
http://www.jehanne-darc.com/fr/front_content.php?idcat=26
https://canalhistoria.es/tag/juana-de-arco/
https://www.raicesdeeuropa.com/juana-de-arco-la-mujer-que-conmovio-europa/



16 abril, 2018

LA GUERRA DE LOS PASTELES : PRIMER CONFLICTO ARMADO ENTRE MÉXICO Y FRANCIA

Un 16 de abril pero del año 1838 se inició la conocida como Guerra de los pasteles, que aunque por el nombre parece un simple juego no lo fue, de hecho ha pasado a la historia como el primer conflicto bélico entre México y Francia.

Bombardeo de San Juan de Ulúa (1838)

El señor Remontel, ciudadano francés dueño de un restaurante en la antigua villa de Tacubaya (México), denunció que en 1832 oficiales del entonces presidente Antonio López de Santa Anna se hicieron un simpa, es decir, se marcharon sin pagar tras haber saboreado su finísima repostería, aprovechando los frecuentes disturbios y motines producidos por doquier. Por esa deuda impagada monsieur Remontel exigió una indemnización nada menos que de 60.000 pesos lo cual fue motivo de chanza en la prensa.

El contexto de este conflicto internacional fue el de una crisis generalizada en todo el país con una economía paralizada, inseguridad y malas comunicaciones, levantamientos armados, por tanto el caldo de cultivo perfecto para la creciente inestabilidad.

Un año antes de iniciarse el conflicto, en 1837, el gobierno debía atender no solo los asuntos internos, sino también vigilar lo que ocurría en las fronteras constantemente en peligro, puesto que España se resistía a dar por perdida la que fuera su colonia más rica y próspera, poniendo en marcha varios proyectos de reconquista; además otras potencias como Inglaterra, Estados Unidos y Francia, hallaron pretextos durante gran parte del S.XIX para intimidar México, llegando en algún caso a la invasión.

En ese contexto el gobierno mexicano recibió un aluvión de reclamaciones de extranjeros que se decían afectados en sus bienes y negocios. Los franceses adoptaron una posición especialmente exigente, acumulando quejas y demandando, con prepotencia, solución a situaciones en muchos casos exageradas.

Contralmirante Charles Baudin
El canciller francés Louis Mathie Molé ordenó a su ministro en México, Antoine Louis Deffaudis, presentar un ultimátum para el pago de una indemnización global de 600.000 pesos, cantidad inasumible para las arcas nacionales mexicanas, que estaban en riesgo de vaciarse permanentemente. Además el gobierno mexicano se resistía a reconocer tal abuso porque no se sentía responsable de los disturbios políticos, y preveía que, si aceptaba dichas exigencias, sentaría un precedente que podría ser aprovechado también por otros países.

A finales de 1837 la situación se agravó tras el fusilamiento de un ciudadano francés acusado de piratería, pero no sería hasta febrero de 1838 cuando la amenaza se convirtió en realidad, pues una escuadrilla francesa a las órdenes del comandante Bazoche recaló en Antón Lizardo en Veracruz.

El barón Deffaudis se dirigió a Veracruz para estar lo más cerca posible de los hechos que se preparaban, permaneciendo dos meses a bordo de la fragata Herminia, desde donde esperaba instrucciones de Francia. El rey francés, Luis Felipe, tomó la decisión de enviar más fuerzas navales para responder a los agravios contra sus súbditos.

Deffaudis, lanzó un ultimátum al gobierno mexicano ensalzando la benevolencia de Francia y echando en cara a los mexicanos el desdén con que trataban sus reclamaciones, y puso como plazo el 15 de abril para para arreglar un tratado de navegación y comercio, no imponiendo a los franceses contribuciones de guerra de ninguna especie y a no establecer coto a al comercio al menudeo (venta al por menor) ejercido por los franceses. De no recibir respuesta en el plazo determinado se adoptarían las medidas necesarias hasta conseguir el cumplimiento de sus reclamaciones.

El gobierno mexicano con su presidente a la cabeza, declaró que no entraría en negociaciones formales mientras la escuadrilla francesa estuviera atracada en Veracruz, aprovechando un ambiente de orgullo nacional que unificó a los mexicanos para defender su soberanía frente a la soberbia francesa.

Fuerte de San Juan de Ulúa
El 16 de abril el comandante de la escuadra francesa en el Golfo, almirante Bazoche, declaró el cese de las relaciones entre México y Francia, y el bloqueo de todos los puertos de la República. Pero en realidad solo el puerto de Veracruz estuvo sitiado, y sus actividades paralizadas durante siete meses. Pasados los meses y sin llegar a un acuerdo, Bazoche fue sustituido por el contralmirante Charles Baudin, veterano de las guerras napoleónicas, quien llegó acompañado del príncipe Joinville, hijo del rey Luis Felipe.


A finales de noviembre los cañones de la marina francesa lanzaron cientos de balas y bombas al fuerte de Ulúa. La desproporción de fuerzas y armas dio como  resultado la destrucción de la fortaleza y numerosas bajas. Una junta de guerra declaró entonces la capitulación, el castillo fue entregado a Baudin y la bandera francesa fue izada.

Como respuesta, el gobierno mexicano ordenó la salida de todos los franceses del país, rechazó la capitulación, aumentó las fuerzas del ejército y nombró un nuevo jefe de operaciones en Veracruz, el general Antonio López de Santa Anna, quien estaba decidido a defender el puerto a como diera lugar.Prohibió que los franceses entraran en la ciudad y llamó a las fuerzas comandadas por el general Mariano Arista a combatir con toda violencia.


General Antonio López de Santa Anna

El 5 de diciembre de 1838, el príncipe Joinville ordenó un ataque al baluarte donde estaba Santa Anna disparando directamente a los soldados que formaban la guardia del general mexicano, dando muerte a varios de ellos y tomando prisionero a Arista.

Los franceses se replegaron pensándose vencedores, pero Santa Anna decidió pasar al ataque y con 300 hombres avanzó por el muelle, los franceses vieron la acción y descargaron metralla. La refriega se saldó con nueve muertos y otros tantos heridos, entre ellos el general Santa Anna.

La coyuntura bélica afectaba también a otros intereses, en concreto a los comerciantes ingleses, quienes decidieron mostrar la fuerza de su flota (a finales de año fondearon en Veracruz once barcos provistos de 370 cañones) cuya intención era forzar a los franceses a negociar la paz. El comandante francés se vio obligado entonces a deliberar con con el ministro inglés, Pakenham, y a aceptar su mediación.

Las negociaciones tuvieron lugar a comienzos de 1839, el gobierno francés estaba representado por Charles Baudin, y el gobierno mexicano por Manuel Eduardo de Gorostiza, ministro de relaciones exteriores, y por el expresidente Guadalupe Victoria. El resultado de las conversaciones fue un tratado de paz firmado el 9 de marzo, que estipulaba que los franceses devolvía el castillo de San Juan de Ulúa, y por su parte Mexico prometía anular los préstamos forzosos y pagar 600.000 pesos de indemnización. Ambos países se concedían además el trato de nación más favorecida, iniciando negociaciones para firmar un tratado de comercio.

La firma de estos acuerdos consiguieron poner paz entre México y Francia, pero la famosa deuda no se pudo cubrir como lo exigían los franceses, con lo que años después, serviría de pretexto para una nueva invasión contra México.

Por tanto, aunque la primera intervención de Francia en México haya pasado a la historia relacionada con unos pasteles, la realidad es que se trató de un conflicto de carácter económico y comercial, como tantos otros, antes y después.


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Referencias:
http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=pasteles-articulo