03 diciembre, 2016

LA REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA, UN HITO DE LA MEDICINA

Francisco Javier Balmis y Berenguer
Una de las grandes expediciones de la historia, quizás menos conocida pero que tuvo un gran valor científico médico, fue la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que tenía el noble y altruista objetivo de erradicar la viruela que tanta mortandad estaba ocasionando en los territorios españoles de ultramar.
La enfermedad de la viruela se considera erradicada por la OMS desde 1980, pero fue una enfermedad que causó verdaderos estragos durante el S. XVIII causando una elevada mortalidad en todo el mundo. Los brotes del virus además de diezmar a la población dejaban graves secuelas a quienes lograban sobrevivir a la enfermedad.

En 1796 el médico británico Edward Jenner hallaba la vacuna al observar que las personas que estaban en contacto con vacas contagiadas de viruela bovina adquirían inmunidad respecto a la viruela humana. A partir de ahí el problema consistía en extender la vacunación, en una época en la que la que los medios de transporte eran lentos (aún faltaban unos años para la revolución de los transportes) y no había sistemas de refrigeración.

Sería el médico español, Francisco Javier Balmis y Berenguer, cirujano militar que participó en varias campañas militares en Europa, África y América, y que fue nombrado cirujano de cámara del rey Carlos IV, quien convenció a éste último de la importancia de financiar el traslado de la vacuna para reducir el impacto mortífero que la viruela estaba causando en la América hispánica, donde la enfermedad había llegado en 1518 con los primeros colonos españoles.

Carlos IV por Francisco de Goya (1789)
Si la Corona se avino a financiar la expedición fue porque existía una vacuna para combatirla, porque además estaba sensibilizada con la enfermedad por haberla padecido varios miembros de la familia real (incluso la propia hija de Carlos IV, María Teresa, había fallecido a causa de la enfermedad) y porque las propias colonias reclamaban una acción del Gobierno para mitigar las epidemias que las asolaban.

Así, con el beneplácito de la Corona, F.J.Balmis puso en marcha la que es considerada la primera misión humanitaria de la historia, conocida como la Expedición Balmis, que partió de La Coruña un 30 de noviembre de 1803, con la misión de vacunar a miles de personas contra la viruela, y que llevó a difundir la vacuna de la viruela no sólo a las todavía posesiones españolas del Nuevo Continente sino también a las Islas Filipinas, y desde allí a China y Japón.

Balmis había planteado que el único método para transportar la vacuna en perfectas condiciones era utilizando a seres humanos, ya que era imposible el traslado de la vacuna al no contar con una técnica capaz de mantener el virus vivo durante un viaje tan largo. Método que fue reconocido por los médicos ingleses, en un primer momento reticentes, pero que finalmente admitieron la validez de la técnica ideada por el médico alicantino. Anteriormente se había intentado enviar la vacuna a América con suero desecado entre dos cristales y sellado con parafina pero siempre llegaba inservible.

Lo que se le ocurrió a Balmis fue utilizar a 22 niños huérfanos para que hicieran de transmisores del virus y la vacuna durante la travesía de España a América. Un método poco ético con una mirada actual, pero incuestionable en aquella época, ya que se sabía que eran precisamente los niños quienes mejor respondían a la técnica. Los niños llevaban la vacuna en su cuerpo y se les iba inoculando de forma escalonada para mantenerla viva durante el viaje. De los 22 niños, dos morirían. Era un viaje demasiado largo para unos niños tan pequeños que además enfermaban frecuentemente durante la travesía.

La expedición estaba compuesta además de por Balmis, por dos médicos asistentes, dos prácticos y tres enfermeras, y la rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña Isabel Zendal Gómez, a la que Balmis ya conocía, y reconociendo su buena mano con los niños a los que cuidaba decidió contratarla para la expedición.

Partida de la corbata María Pita tras una de sus escalas

Así pues, en la corbeta María Pita embarcarían los 22 niños (aunque en la expedición finalmente participarían unos 100 niños que fueron embarcando posteriormente en las diferentes escalas realizadas), de edades comprendidas entre los tres y los nueve años, que habían salido de las inclusas de Madrid y La Coruña. Entre las normas de la expedición Balmis estableció que, una vez cubierta la etapa correspondiente, los niños fueran devueltos a su lugar de origen, lo cual no consiguió siempre, y en 1810 todavía pedía a las autoridades que los niños de la península que estaban aún en México, fueran devueltos a Madrid y La Coruña.


La expedición llegó a Puerto Rico en febrero de 1804, y desde allí se trasladó a Venezuela, Cuba y México donde la expedición se dividió en dos: el grupo dirigido por Balmis siguió la ruta hacia el norte hasta llegar a Filipinas, introduciendo así la vacuna en Asia; y el grupo encabezado por el médico militar  José Salvany, que recorrió Sudamérica.

Rutas seguidas por la Real Expedición Filantrópica de la vacuna

La expedición fue un éxito y Balmis fue recibido y felicitado por el propio Carlos IV, y recibió el reconocimiento del propio descubridor de la vacuna de la viruela, E.Jenner, que alabó su trabajo.

Pero además el doctor Balmis se preocupó de propagar, enseñar y perpetuar la vacunación, estableciendo una red de juntas de vacunación que aseguraran la misma a las generaciones futuras. Se vacunó a miles de personas (niños y adultos) y en los lugares en los que se mantuvo la vacunación, las epidemias de viruela disminuyeron.

La Real Expedición Filantrópica de la vacuna supuso una hazaña en la historia de la medicina que tenía por objeto mejorar la salud pública (un concepto innovador en aquella época) mediante una vacunación masiva que abarcaba amplias zonas geográficas, y aún con sus sombras de carácter ético, fue un primer paso en la erradicación total de la enfermedad.

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