07 octubre, 2016

LA HISPANIA PRERROMANA: LOS ÍBEROS Y SU CULTURA

Los íberos fueron un conjunto de pueblos independientes que ocuparon el sur, levante y nordeste de la Península Ibérica (llegando incluso al sudeste de Francia) durante la Edad del Hierro y que tenían la cultura más avanzada. Su cultura tiene elementos comunes, es el caso de la lengua y el arte, pero también tiene rasgos diferenciados según las zonas y diversos grados de desarrollo.

Poblaciones prerromanas: localización geográfica zona íbera

El mundo ibérico se desarrolló a partir del S.VII a.C. por el contacto entre los pueblos indígenas que vivían en la zona sur y en el litoral mediterráneo de la Península Ibérica y los comerciantes fenicios, griegos y cartagineses, coincidiendo con la decadencia de Tartessos, cuya cultura desarrollada a finales de la Edad del Bronce era una de las más ricas y brillantes del Mediterráneo occidental.

Los poblados íberos estaban fortificados y eran los centros políticos, económicos y a veces religiosos de las comunidades ibéricas. Se asentaban casi siempre en lugares altos, fácilmente defendibles y se dotaban de murallas y fortificaciones. Su urbanismo se adaptaba a las características montañosas del lugar. En los alrededores eran frecuentes aldeas aisladas, mientras que las atalayas servían para controlar el territorio. Dentro de los poblados las murallas que los defendían eran un símbolo de poder, servían de defensa, impedían el paso por los puntos más accesibles y marcaban los límites.

Poblado ibérico El Puig Castellar

La arqueología también evidencia la existencia de construcciones ibéricas de mayor tamaño y complejidad por lo que podrían estar vinculados a un sistema de creencias.

Las viviendas íberas eran reducidas, no superando los 45 metros cuadrados, y con un único espacio rectangular en el que se desarrollaban todas las funciones de la vida cotidiana como el descanso, la preparación de alimentos, el almacén y otras tareas. El material constructivo era el adobe para la estructura, el techo era sostenido por vigas de madera y cubriéndose toda la construcción con una cubierta vegetal. Es posible que estas viviendas no tuvieran ventanas y que dispusieran de almacenes adosados e incluso de un piso superior.

En cuanto a las actividades productivas la agricultura era la principal actividad económica complementada por la ganadería. Destacaba la agricultura de secano como los cereales, la vid y el olivo. Alternaban el cultivo de cereales y leguminosas lo que favorecía la regeneración de la tierra. Los frutos, la explotación de los bosques y la recolección completaban, con madera, miel o bellotas, los recursos disponibles. Muy importante también para la economía íbera era el cultivo de la vid y el olivo, destinados a la exportación y cuya venta permitía la importación de otros productos o moneda. Las numerosas herramientas agrícolas halladas en los yacimientos evidencian el gran desarrollo de la agricultura y la metalurgia del hierro (destaca el arado con reja metálica). La ganadería íbera se basaba más en el pastoreo que en la cría en establos, destacando los rebaños de ovejas y cabras, también cerdos y bóvidos. De la ganadería obtenían los íberos carne, leche, queso y también fuerza de trabajo.

En la economía íbera destaca el gran desarrollo de actividades artesanales como la industria textil vinculada especialmente a la mujer. Las mujeres debían dedicarse en gran parte al hilado como lo demuestran las fusayolas (pieza cerámica o piedra que en el huso servía de contrapeso y ayudaba a enrollar el hilo) encontradas en numerosos yacimientos, siendo probable que algunas familias se especializaran en estas tareas. Estrabón (geógrafo e historiador griego) ya mencionaba que las lanas íberas eran muy solicitadas y de bella factura. También se sabe que los íberos eran muy hábiles trabajando el esparto con el que confeccionaban alfombras, cestería y cuerdas.

Cerámica ibérica Museo Arqueológico e Historia Elche
La cerámica y la metalurgia también fueron conocidas y trabajadas por los íberos. Se conocen tanto piezas elaboradas a mano (las más abundantes y que se destinaban para guardar alimentos y como vajilla doméstica), las piezas elaboradas a torno (aumentó la producción y la precisión además de significar una innovación técnica y formal que facilitó el desarrollo de una cerámica autóctona con caracteres propios). Es importante también el uso que los íberos hicieron del horno cerámico con cúpula y doble cámara. Destaca  la decoración con motivos vegetales y escenas de guerra, siendo esta una muestra de la complejidad decorativa de la cerámica ibérica. La metalurgia también fue desarrollada por los íberos que destacaron en el trabajo del hierro forjado (los objetos de hierro aparecen en numerosos yacimientos ibéricos, ya sean herramientas agrícolas o armas) el bronce (usado sobretodo para fabricar fíbulas para sujetar prendas de vestir, botones, brazaletes y pequeñas esculturas entre otros utensilios) y metales como el oro y la plata (materiales de lujo destinado a fabricar vajillas ceremoniales destinadas al culto, joyas y ornamentos).

La moneda y el comercio estaban muy relacionados. El uso de la moneda en el mundo ibérico se inicia con el incremento de los intercambios en el comercio con las colonias fenicias y griegas, pero también con el pago a los soldados íberos reclutados como mercenarios. Al principio utilizaron moneda fenicia o griega acuñando más tarde moneda propia, de hecho desde el S.III a.C las cecas íberas ya acuñaban moneda con iconografía y escritura propia.

Los intercambios comerciales en el mundo ibérico se potenciaron por el contacto con los mercaderes fenicios, griegos y púnicos que establecieron enclaves y colonias en el litoral peninsular, que servían de base para el comercio con la población nativa. El comercio era controlado por las altas jerarquías sociales, que se encargaban de almacenar y redistribuir los productos para la exportación ya fueran metales, cereales o fibras textiles, pero que también monopolizaban los productos de importación como cerámica, tejidos, objetos metálicos, joyas, tejidos de púrpura o cerámicas griegas. Con el control del comercio aumentaba el prestigio de la aristocracia y de los grupos dominantes, que acumulaban bienes de lujo. Para estos intercambios se utilizaron monedas e incluso, a veces, se dejaban por escrito las transacciones realizadas.

Fragemento plomo ibérico con inscripción Castellet de Bernabé

De hecho se sabe que los íberos conocieron el uso de la escritura a través de los contactos con los colonizadores griegos y fenicios desde el S.IV a.C., y que desarrollaron un sistema de escritura propio que aún no ha podido ser descifrado. La escritura ibérica utilizaba diversos soportes como láminas de plomo, grabados en piedra, esculturas y muros, pero también sobre cerámica y monedas.

La organización social de los íberos era piramidal figurando en la cúspide una élite aristocrática de origen económico, tribal o de guerra. Así los miembros varones de la aristocracia tenían el estatus de guerreros y sus tumbas tenían carácter monumental. Los sacerdotes y sacerdotisas no formaban una casta estructurada y sus funciones, siempre dentro de las clases elevadas, eran ocasionales. Los comerciantes podían incluir desde un humilde negociante hasta un rico importador. Los artesanos no disfrutaban de privilegios sociales, aunque su trabajo estaba muy especializado. La mayor parte de la población (hombres y mujeres) se dedicaba a la agricultura y la ganadería. Las diferencias sociales entre la población íbera se observan muy claramente en las necrópolis ibéricas donde contrastan las tumbas con gran riqueza en ajuar y las simples urnas con los restos.

Falcata ibéra Museo Prehistoria Valencia
El pueblo íbero ha sido considerado tradicionalmente como un pueblo guerrero muy preparado y cualificado para la guerra y cuya forma de lucha principal eran las guerrillas. Los enfrentamientos eran numerosos aunque de poca duración entre los distintos pueblos íberos, y entre estos y sus vecinos celtíberos o de otras etnias. Muchas veces era una forma más de obtención de recursos. Los íberos se defendían con diverso material como los escudos, cascos, corazas y espinilleras y su principal armamento se componía de espadas (el arma más conocida la falcata), puñales, lanzas, jabalinas, hondas y arcos. También se sabe que utilizaron la caballería.

La religión de los íberos es bastante desconocida ya que no se conocen sus dioses, quizás porque solo se mostraban a través de los símbolos. Gracias a la arqueología se sabe que seres fabulosos y bestias divinizadas protegían las sepulturas aristocráticas, y que las "damas", posiblemente deidades humanizadas, tuvieron un papel importante. Del S.IV a.C. datan algunas imágenes de divinidades importadas como Astarté, Melqart, Artemisa, Démeter y Tanit, que quizás los íberos adoptarían parcialmente como suyas. También se conocen en ciudades y poblados íberos la existencia de edificios de culto con altares en los que se harían sacrificios de animales.

Los íberos tenían santuarios o lugares de culto, situados en entornos naturales privilegiados, verdaderos centros de peregrinación, meditación y curación. Destacan los exvotos, objetos que se ofrendaban a los dioses en reconocimiento a los favores obtenidos o que se pretendían obtener. Los exvotos eran de muchos tipos según el material utilizado en su fabricación y las formas (pequeñas figuras de hombres y mujeres, bustos, cabezas retrato, etc., en bronce, piedra, terracota, etc.). Estas figuras tienen características diversas según el santuario de procedencia lo que podría indicar un culto a dioses distintos.

Exvotos ibéricos Museo Prehistoria Valencia

Dentro de la cultura ibérica destaca el ritual funerario.De hecho buena parte de su cultura la conocemos gracias a lo que de estos ritos se ha conservado. Los enterramientos tenían relación con el estatus social de los difuntos. El ritual funerario utilizado era la cremación y la posterior ubicación en tumbas de las cenizas y el ajuar. Los restos no incinerados se sometían a un lavado y tras envolverlos en una tela se depositaban en una urna. Durante el banquete funerario se sacrificaban animales y se depositaban en la tumba parte de los alimentos. Junto a la urna se colocaban objetos a modo de ajuar. Las necropolis estaban situadas fuera del poblado y durante mucho tiempo fueron utilizadas exclusivamente por las clases dominantes. En el Noreste de la Península Ibérica solían ser campos de urnas con las cenizasdel difunto y el ajuar en fosas o cajas de losas cubiertas con un túmulo de piedras mientras que en el Sur y Sureste son necrópolis más grandes y con varios tipos de tumbas como cistas, hoyos, túmulos escalonados, torres, pilares-estela, composiciones escultóricas y cámaras funerarias. Los monumentos funerarios más complejos pertenecen a tumbas aristocráticas.

Después de dar este repaso por la cultura ibérica se puede decir que fue una cultura singular y brillante que se mantuvo hasta la llegada de los romanos cuya enfrentamiento con los cartagineses acabó por desequilibrar el territorio íbero desembocando en la posterior conquista romana.

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Referencias: 
Íberos, nuestra civilización antes de Roma. Obra Social La Caixa.


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