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04 septiembre, 2018

EL NAUFRAGIO DEL SAN TELMO EN LA ANTÁRTIDA

Buque San Telmo
El naufragio del San Telmo en septiembre de 1819 en aguas del cabo de Hornos constituye un enigma dentro de la historia naval española. Hay fundamentos que permiten pensar que este buque y sus ocupantes serían los primeros en llegar a las tierras antárticas, aunque la historia oficial considera al inglés William Smith el primero en desembarcar en la Antártida, quien reclamaría estas costas para la corona británica unos meses después de la desaparición del San Telmo.

Sería el barco español el que llegó primero en su desesperada deriva a las costas antárticas y que sus supervivientes consiguieron resistir durante algún tiempo hasta que el frío, el hambre y la desesperación de no ser rescatados acabó con ellos.

El San Telmo era un buque veterano, un navío de 74 cañones, construido en los astilleros de El Ferrol en 1788. Pertenecía al sistema de construcción del ingeniero Romero Landa y constituía un digno representante de la política de reconstrucción naval llevada a cabo por Carlos III, política que su sucesor Carlos IV eliminaría aconsejado por su ministro Manuel Godoy. Este cambio en la política naval marcaría el inicio del declive de la armada española, y con ella, la del propio país.

El San Telmo con una hoja de servicios notable desde su botadura, es enviado con otros tres buques y tropas para intentar socorrer a los realistas en las sublevadas colonias de América del Sur, instigadas por los británicos aprovechando el abandono en que las mantiene la metrópoli, entre otras razones por la invasión napoleónica. Junto al San Telmo como buque insignia, parten de cádiz el navío Alejandro (barco adquirido al zar y que estaba en pésimas condiciones, saldría un día después) y las fragatas Prueba (de guerra) y Primorosa Mariana (mercante), formando la escuadra que tomaría el nombre de la División del Mar del Sur.Esta sería la última de las grandes expediciones de la Armada Española que pone rumbo a Hispanoamérica en esa época.

Brigadier Rosendo Porlier
Así pues, la escuadra partió del puerto de Cádiz en mayo de 1819 al mando del brigadier Rosendo Porlier y Astiagueta (veterano de la batalla de Trafalgar), que fue nombrado casi de forma forzosa, ya que no hubo voluntarios que quisieran comandarla, debido al estado paupérrimo de los navíos y de la propia maquinaria militar consecuencia de la desastrosa situación económica que atravesaba España tras la invasión francesa. Por tanto, las condiciones previas no presagiaban nada bueno. De hecho, el pesimismo latente alojado en los hombres que realizarían este viaje quedó patente en las palabras del propio Porlier a su buen amigo, el capitán de fragata Francisco Espelius, en su despedida del puerto de Cádiz: "Adiós Frasquito, probablemente hasta la eternidad".

A la altura del Ecuador la escuadra sufre la primera tormenta que afecta gravemente al buque Alejandro, por lo que Porlier ordenó su regreso por las numerosas averías y vías de agua. Como hecho curioso los capitanes del Alejandro, Modenes y Pesucho, pidieron una indemnización porque tenían que haber salido en el San Telmo, pero llegaron tarde y éste no les esperó por lo que embarcaron en el Alejandro que por motivos de averias retraso su partida. Más tarde se darían cuenta de la suerte que tuvieron.

Las restantes tres embarcaciones prosiguieron su viaje tocando Río de Janeiro y Montevideo. Ya en septiembre, la escuadra tuvo que doblar el Cabo de Hornos y hacer frente a las aguas y vientos embravecidos del Mar de Hoces o estrecho de Drake.

En un primer momento las tres naves se mantienen juntas, pero se vieron sorprendidas por un fuerte temporal que las empujó hacía el sur irremediablemente. El mal tiempo y las tormentas causaron graves desperfectos al buque insignia a los que había de sumar los ya producidos tras pasar el Ecuador.

El 2 de septiembre el San Telmo sufre averías en el timón, el tajamar y la verga mayor, lo que hacía suponer que se hallaba a la deriva y sin posibilidad de gobierno. La fragata Mariana trató de remolcarlo, pero los cables que los unían no soportaron las embestidas del mar ni los fuertes vientos teniendo que desistir. El 4 de septiembre de 1819 el San Telmo queda solo y a su suerte, en medio de un mar que tantas vidas se había cobrado desde hacia siglos.

Recreación ilustrada del San Telmo en las costas heladas de la Antártida

Las dos fragatas lograrían llegar al puerto del Callao. El 2 de octubre lo hizo la Prueba, y siete días después la Primorosa Mariana, la cual ya en puerto informaría que el último avistamiento del San Telmo en medio de una gran tempestad en una latitud 62º sur y longitud 70º oeste, un punto en el que las corrientes y los vientos derivan al norte de la isla Livingston.

Al principio aún se esperaba un milagro, y en el comunicado que el jefe del apostadero de el Callao (Pezuela) envía sobre la demora del San Telmo recoge que: "cabe dudar en que el navío pueda haber remontado el cabo y, si lo hubiera conseguido, es de recelar una arribada a los puertos de Chiloé o Valdivia a repararse, de donde espero en breve noticias para participarle a V.E".

Pero nunca llegaron noticias del San Telmo y con el paso del tiempo las viudas y huérfanos de los desaparecidos apremiaron a que se iniciara el expediente que debía notificar la pérdida del buque y de su tripulación, para poder así cobrar la paga correspondiente. Así, el 27 de diciembre de 1822, más de tres años después de su último avistamiento, el secretario de Marina, Valdés, firmaba el documento con la baja del navío San Telmo.

Recorrido de la Escuadra de la División del Mar del Sur

El San Telmo desapareció con sus 644 tripulantes (entre ellos figuraba Rosendo Porlier, brigadier de la escuadra y Joaquín Toledo capitán del buque), sin embargo, también surgirían las especulaciones sobre su destino, aunque la versión oficial admitió su pérdida por naufragio en aquellas lejanas y tormentosas aguas, en un clima político poco brillante tanto en el interior como en el exterior.

Poco tiempo después del naufragio del San Telmo, el capitán William Smith llega a las isla de Livingstone e informa en su cuaderno de navegación del hallazgo de los restos de un navío español que habría naufragado, y gente de su entorno como el capitán Robert Fildes, describiría los restos y los atribuiría al buque español. Las autoridades inglesas obligarían a ocultar estas informaciones en beneficio propio, los ingleses se autoproclamarían los descubridores. Otro navegante británico,James Weddell, también recogería en su diario el avistamiento de restos del naufragio del San Telmo en las islas Shetland del Sur.

Los marinos británicos no lo reconocerían oficialmente, pero en sus cartografías registraron un islote con el nombre de Telmo en recuerdo de las víctimas del naufragio del buque español.

Las hipótesis sobre lo qué pasó con el San Telmo, sugieren que tras el naufragio hubo supervivientes que arribaron a tierra, que allí utilizarían los botes para montar un refugio y se protegerían en alguna cavidad natural. Allí sobrevirían algún tiempo, pero siendo invierno y con las islas cubiertas de hielo las posibilidades de supervivencia eran mínimas. Por tanto, el insoportable frío, el hambre y la desesperación provocada por la seguridad de que nadie los buscaría en aquellas tierras remotas, iría minando su moral y sus fuerzas.

Placa en memoria de los tripulantes del San Telmo

A punto de cumplirse el segundo centenario del naufragio del San Telmo, dos expediciones se preparan para buscar el navío de la Armada en las heladas aguas antárticas, y que pudo llegar antes que los ingleses al Polo Sur. Una de las expediciones está dirigida por el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, Manuel Martín Bueno, que ya dirigió tres campañas anteriores en los años noventa. La otra expedición que se prepara la ha puesto en marcha la Fundación Polar Española a través del reputado experto en la Antártida José María Amo y su proyecto San Telmo 1819-2019.

Si se lograra localizar cualquier vestigio del San Telmo, España podría atribuirse el descubrimiento de la Antártida, un título histórico que actualmente tiene Inglaterra. Pero sobre todo se reconocería el mérito de esos 644 hombres que dejaron la vida en las inhospitas aguas y tierras de la Antártida.


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Referencias:
Elena Martín-Cancela. Tras las huellas del San Telmo: contexto, historia y arqueología en la Antártida. Monografías Arqueológicas, nº 54. Prensas de la Universidad de Zaragoza (2018).
Arqueología Antártica: el Proyecto San Telmo y el descubrimiento de la Terra Australis Antarctica.
https://www.lavanguardia.com/internacional/20170903/431009958758/espanoles-descubrieron-antartida-expedicion-buque-guerra-san-telmo.html
https://www.fundacionpolar.org/
https://sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-39/navio-san-telmo-un-dramatico-final/
https://www.lavozdigital.es/cadiz/provincia/lvdi-historia-san-telmo-desde-cadiz-para-descubrir-antartida-201808260917_noticia.html
http://www.elmundo.es/papel/cultura/2018/08/06/5b65d7cf268e3e425d8b4611.html



12 septiembre, 2016

EL HUNDIMIENTO Y RESCATE DEL LACONIA

El 12 de septiembre de 1942, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, se produjo el naufragio del buque inglés Laconia tras ser torpedeado por el submarino alemán U-156. Pudo haber sido un acto de guerra más, pero no lo fue.  Contra todo pronóstico el "Laconia" sería horas más tarde ayudado por el mismo submarino alemán que lo hundió.

El buque inglés "Laconia"

El Laconia era un buque mercante armado británico destinado al transporte de soldados y prisioneros. El submarino alemán U-156 era un sumergible de largo alcance capitaneado por Werner Hartenstein. El hundimiento del "Laconia" se dio en el marco de la batalla del Atlántico (desde septiembre de 1939 hasta el final de la guerra) que enfrentaría a la armada británica con los grandes navíos alemanes U-Boot, que tenían la misión de bloquear al Reino Unido destruyendo los buques mercantes que le suministraban recursos.

Lugar del hundimiento
del Laconia
El "Laconia" se dirigía a Ciudad del Cabo y contaba con 268 soldados británicos con permiso, 80 mujeres y niños, una tripulación de 436 hombres y más de 1.400 prisioneros de guerra italianos además de suboficiales polacos que los custodiaban. El barco inglés era un objetivo puesto que se trataba de un crucero mercante armado. En la mañana del 12 de junio de 1942 el "Laconia" fue avistado cuando se encontraba a 400 km al noreste de la Isla Ascensión siendo torpedeado esa misma noche.

Desde el buque inglés se prepararon las embarcaciones de emergencia y se emitía un S.O.S pidiendo auxilio. El propio submarino alemán U-156 escuchó el mensaje de auxilio y decidió aproximarse al barco que poco antes había torpedeado. En seguida vieron a los primeros náufragos, y el capitán del submarino alemán Wermer Hartenstein conmovido y sorprendido al comprobar que el barco transportaba mujeres y niños, decidió emerger y ayudar en el rescate arriesgando el sumergible ya que durante las tareas de rescate bien podían aparecer barcos o aviones enemigos que respondieran al mensaje de socorro del "Laconia".
Capitán Werner Hartenstein

El Alto Mando de Submarinos alemán encabezado por el comandante Dönitz ordenó al U-157 y a otros submarinos alemanes cercanos continuar con las labores de rescate. Al rescate se uniría también el sumergible italiano "Capellini" y se solicitó ayuda a los buques de guerra franceses del gobierno de Vichy situados en Dakar.

Los marineros del U-157 izan a cubierta a cuantos náufragos pueden rescatar y al cabo de unas horas el submarino alemán está repleto de supervivientes. Habían recogido a más de 200 personas y habían muchas más en el agua, pero ya no había cabida en el sumergible de Hartenstein.

Durante las tareas de rescate desde el U-156 el capitán Hartenstein radia de forma insistente en inglés el mensaje de que tiene a bordo supervivientes del Laconia, ofreciendo a cualquier barco enemigo una tregua para acercarse y ayudar, siempre y cuando no sean ellos mismos atacados ni por barcos ni aviones enemigos.

Los submarinos alemanes recogieron también a numerosos náufragos, mujeres y niños fueron acomodados en los sumergibles, mientras que numerosos botes salvavidas fueron remolcados.

Hartenstein había hecho desplegar en el U-156 una gran bandera blanca con una cruz roja hecha con sábanas.

Náufragos del Laconia a bordo del U-156
Las tareas de rescate continuaban cuando el día 16 de septiembre aparece en la zona un bombardero B24 americano que sobrevuela los restos del naufragio. Se hacen señales desde el U-156 al bombardero americano de que necesitan ayuda y que han rescatado a personal aliado junto a mujeres y niños. El piloto del bombardero B24 informa a su base de Isla Ascensión solicitando órdenes al respecto. Recibió la orden de atacar al submarino alemán. El bombardero realizó dos pasadas rasantes lanzando dos bombas que no alcanzaron al sumergible alemán pero sí a una de las lanchas y provocando el vuelco de otra. Algunos de los supervivientes alojados en el U-156 cayeron al mar muriendo, pero Hartenstein ya no podía hacer nada más y viéndose obligado a sumergirse y a abandonar la zona en previsión de nuevos ataques, puso rumbo de regreso a su base. Solo le daría tiempo a trasladar a unos cuantos británicos e italianos a los botes salvavidas.

Rescate del Laconia por los submarinos alemanes
El 17 de septiembre aparecieron las naves francesas, el crucero "Gloire" y el destructor "Annamite" en donde se alojó a los supervivientes del naufragio. Durante el proceso fue atacado otro de los sumergibles alemanes que habían acudido al rescate que tuvo que realizar una inmersión de emergencia cuando tenía en su cubierta a casi 200 náufragos. Tras este último a taque se terminó de trasladar a los supervivientes a los buques galos.

En total se rescataron a 1.111 personas, aunque algunos de los rescatados morirían más tarde a causa de las heridas. Fueron rescatados 450 italianos, 588 británicos y 73 polacos.Los tres submarinos alemanes que participaron en el rescate serían hundidos en el transcurso de la guerra.

Del incidente  del Laconia se puede deducir que el humanitarismo en la guerra submarina no era muy habitual. De hecho la tripulación del bombardero americano B-24 sería condecorada posteriormente cuando la realidad es que las únicas víctimas de sus ataques fueron los náufragos del Laconia.

Capitán Hartenstein junto a la tripulación del U-156

De hecho a partir de lo ocurrido con el Laconia y en vista que las acciones humanitarias alemanas habían sido ignoradas el comandante Dönitz decretó la conocida como "orden Laconia" por la cual se prohibía en adelante socorrer a los miembros de las tripulaciones enemigas hundidas y que sería utilizada en su contra en los juicios de Nuremberg de 1946.

Señalar que existe una miniserie de televisión, coproducción británico alemana, titulada "Laconia, el hundimiento".
http://www.filmaffinity.com/es/film959770.html


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Referencias:
http://lakriegsmarineencastellano.blogspot.com.es/2012/04/el-hundimiento-del-laconia.html
http://www.u-historia.com/uhistoria/basehtml/inbusca.htm