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20 septiembre, 2022

LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO

 Las siete maravillas de la antigüedad constituyeron una serie de obras maestras que se caracterizaron por su grandiosidad, belleza, dificultades técnicas y esfuerzo humano. Estas siete maravillas serían: las pirámides de Egipto, los Jardines colgantes de Babilonia, la estatua de Zeus en Olimpia, el Artemision de Éfeso, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría.


Las Siete Maravillas de la Antigüedad


Cuando los viajeros griegos exploraron otras civilizaciones como la egipcia, la persa o la babilonia, recopilaron las primeras guías de las cosas más notables, razón por la cual las Siete Maravillas se encuentran por todo el borde mediterráneo. Todas ellas representarían la cosmovisión y las cultura de las civilizaciones que los construyeron.


Fue Antípatro de Sidón quien dejó fijado en siete el número de las cosas dignas de ser admiradas allá por el siglo II a.C., siguiendo a su vez el tratado que dejó establecido un tiempo antes Filón de Bizancio. Pero el primero que compiló las maravillas parece que fue el historiador, ingeniero y arquitecto Aristóbulos, que a finales del siglo IV a.C. y para glorificar el Imperio de Alejandro Magno fijaría como hitos los más excepcionales monumentos y obras del mundo entonces conocido.


Y el que sean siete las maravillas que se fijaron radica en el carácter mágico y de perfección que desde la antigüedad se dio a esta cifra.


De las siete maravillas sólo una se ha conservado hasta nuestros días.


Pirámides de Giza


Las pirámides de Egipto, y entre ellas la Gran Pirámide de Giza o Keops, es la única de las maravillas de la Antigüedad que se conserva en la actualidad. Construida hacia el 2.500 a.C. como la tumba del faraón Keops de la IV dinastía, es la más grande de las tres pirámides que componen la necrópolis de Giza, junto a la de Kefrén y Micerinos. El material que se usó en su construcción fueron grandes bloques de piedra caliza. Su altura original era de 146,5 metros lo que la convertiría en la estructura más alta del mundo hecha por el hombre sólo superada siglos más tarde, ya en la edad media. Su construcción es todavía un misterio pues los egipcios no dejaron ninguna información sobre como las construyeron. Aunque según algunas teorías bien podrían haberse levantado mediante el empleo de rampas, una sabia dirección técnica y una mano de obra muy numerosa. De su extraordinaria grandeza daría cuenta el ingeniero y escritor griego Filón de Bizancio, que las describió como "montañas sobre montañas".


Otra de las maravillas de la antigüedad fueron los Jardines colgantes de Babilonia, y a pesar de que existen descripciones muy detalladas en muchos textos antiguos, no se sabe a ciencia cierta si existieron o tan solo forma parte de la leyenda. Y la leyenda cuenta que fue el rey Nabucodonosor II quien los mandó construir hacia el 600 a.C para consolar a su esposa Amytis que, originaria de Persia, añoraba los paisajes de su tierra natal. Para complacerla, el rey reunió a los mejores arquitectos para que diseñaran un colosal laberinto de cascadas y densa vegetación. Se trataría de una serie ascendente de jardines en techos, algunas de las terrazas de gran altura, que simulaban ser montañas de flores, plantas y hierbas. Todo un laberinto del que brotaban canales de agua y de cuyas alturas caían frutas de plantas frondosas. En medio de un clima tan árido tal vergel habría sido regado a través de un sofisticado sistema de bombas y tuberías que traerían el agua del río Éufrates. Sobre su desaparición, unos culpan a los persas, pero lo cierto es que fueron abandonados hacia el siglo IV a.C.


Los Jardines Colgantes de Babilonia


La tercera de las maravillas la constituía la estatua del todopoderoso Zeus en Olimpia. Al ser Zeus el dios principal del panteón en la Antigua Grecia, hacia el 435 a.C  se decidió construir en su honor una imponente estatua en en templo de Zeus en Olimpia. La escultura diseñada por Fidias, el más importante escultor del mundo clásico, era un Zeus sedente en un trono realizado de madera de cedro y decorado con oro, marfil, ébano y piedras preciosas. En su mano derecha sostenía una representación de la diosa de la victoria y en la otra mano portaba un cetro con un águila. El monumento medía en total 18 metros, y nos podemos hacer una idea de su grandiosidad con el efecto que causó al escritor griego Estrabón cunado la contempló "mostraba a Zeus sentado pero casi tocando el techo con la cabeza, dando así la impresión de que si Zeus se levantaba y se erguía, destecharía el templo". No se sabe como desapareció realmente, hay fuentes que hablan de un incendio, y para otras fuentes, desapareció cuando fue trasladada a Constantinopla.


Estatua de Zeus en Olimpia


La siguiente de las maravillas es el Artimision de Éfeso o Templo de Artemisa. La diosa helena de la caza y la naturaleza fue venerada en toda Grecia, y sobre todo en la ciudad de Éfeso (Turquía) , donde se le dedicó un fantástico templo que por su magnificencia y perfección arquitectónica pasó a ser considerado muy pronto como una de las maravillas del mundo antiguo. Hacia el 560 a.C el rey de Lidia, Creso, encargaría su realización. Construido en mármol blanco tenía una extensión de 115 metros de longitud por 55 metros de anchura, con todas su longitud adornada con tallas, estatuas y 127 columnas de estilo jónico. En su interior había una escultura de la diosa Artemisa, un lugar de homenaje para los numerosos visitantes que viajaban hasta Éfeso para dejarle ofrendas a sus pies. El templo sería destruido y reconstruido en varias ocasiones siendo destruido finalmente por los godos en el siglo III.


Templo de Artemisa en Éfeso


La quinta de las maravillas de la Antigüedad es el Mausoleo de Halicarnaso. Mausolo fue gobernador de la antigua región de Caria en el imperio persa. Al morir en el 353 a.C. su esposa Artemisia mandó construir su tumba, obra que encargaría a los arquitectos griegos Sátiro de Paros y Piteo. Según los escritos de la época, el monumento medía 134 metros de perímetro y 46 metros de altura, y cada una de sus cuatro plantas estaba adornada con relieves escultóricos para los que se trajo a los más famosos escultores de Grecia. Realizado en mármol blanco la estructura se asentaba sobre una colina y combinaba los estilos arquitectónicos licio, griego y egipcio. Tal fue el esplendor del lugar de descanso final de Mausolo que daría su nombre a este tipo de estructuras conocidas como mausoleos. Desapareció en época medieval.


Mausoleo de Halicarnaso


El Faro de Alejandría es la siguiente de las maravillas que los escritos antiguos han documentado. Alejandría, la ciudad creada por Alejandro Magno albergó en su día gran cantidad de monumentos como su famosa biblioteca.  Sin embargo, sería su faro el que se incluyó dentro de la lista de las maravillas antiguas. Se construyó en el siglo III a. C. para servir como punto de referencia a los marineros y embarcaciones que llegaban al puerto, pues navegar hacia el puerto de Alejandría era complicado debido a las aguas poco profundas y las rocas.  El rey Ptolomeo II Filadelfo encargó su construcción al arquitecto griego Sóstrato de Cnido en la isla cercana de Faro. El edificio se dividía en una base cuadrada, una sección media octogonal y una sección superior cilíndrica, todas ellas conectadas por una rampa en espiral. Contaba en su parte más alta un gran espejo metálico que reflejaba la luz del sol durante el día, y una gran hoguera marcaba la posición de la ciudad a los navegantes por la noche. Se cree que el faro tenía una altura de 140 metros y que su diseño se convirtió en el modelo de todos los faros desde entonces. Consiguió mantenerse en pie hasta el año 1323 en que un terremoto lo destruyó.


Faro de Alejandría


La última de las maravillas de la antigüedad, que también fue la última en ser construida, es el Coloso de Rodas. Erigido en el año 305 a.C. por desgracia fue destruida muy pronto permaneciendo en pie solo 60 años. El Coloso de Rodas fue una estatua gigantesca dedicada al dios griego del Sol, Helios. Fue encargada al escultor Cares de Lindos para celebrar un triunfo militar sobre los macedonios en la isla griega de Rodas. Y por ello, la leyenda cuenta que los rodios vendieron las herramientas dejadas por el enemigo vencido para ayudar en la construcción del Coloso. Se trataba de una estatua gigantesca erigida en una de las escolleras del puerto, realizada en bronce, hierro y piedra. Según Plinio el Viejo el Coloso medía 31 metros de altura y representaba al dios Helios de pie, totalmente desnudo, portando tal vez una lanza o un arco con su carcaj y flechas.  Y aunque representaciones posteriores  lo retratan con las dos piernas separadas sobre la entrada del puerto es difícil que fuera así por razones de estabilidad. Un terremoto destruiría al Coloso de Rodas.


El Coloso de Rodas


Destruidas con el tiempo, de esas magníficas construcciones sólo podemos contemplar las pirámides de Giza, del resto solo podemos recrearlas en nuestra imaginación. De lo que no cabe duda es que fueron obra de grandes maestros que se valieron de la ciencia que tenían a su disposición en esa época y que maravillaron a quienes las contemplaron.



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Bibliografía:

Lara Peinado, Federico. Las Siete Maravillas. Cuadernos Historia 16. Nº 228. 1985.

https://www.ngenespanol.com/el-mundo/cuales-son-las-7-maravillas-del-mundo-antiguo/

https://www.maravillas-del-mundo.com/Siete/index.php

https://www.bbc.com/mundo/noticias-54112492

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2022-08-22/asi-7-maravillas-mundo-antiguo-desaparecieron_2963255/

23 diciembre, 2021

LA FESTIVIDAD ROMANA DE LAS SATURNALES

 La religión romana estaba marcada por el enorme desarrollo de sus fiestas.  Y las Saturnales eran, sin duda, una de las celebraciones más importantes del año para los romanos.  Empezaban el día 17 de diciembre en honor al dios Saturno y coincidían con el solsticio de invierno.


Representación escultórica de las Saturnales de Ernesto Biondi


Cuenta la mitología que Saturno destronado por su hijo Júpiter y reducido a la condición de mortal, se refugió en Italia, en concreto en el Lacio. Allí reunió hombres y les dio leyes, restableció la igualdad de derechos para todos los hombres, no había servidumbre, nadie tenía propiedades pues todo era común. Y para recordar en Roma tan dichosa época se celebraban las Saturnales. Además cabe decir que Saturno era una deidad relacionada con los cultivos y con el paso del tiempo y las estaciones.


El templo de Saturno en Roma estaba ubicado a los pies del monte Capitolino y era uno de los más antiguos, además de ser el más importante. Su interior albergaba el depósito del tesoro público. La estatua de Saturno estaba sujeta con dos cadenas que no se le quitaban nunca salvo en la época de las saturnales.


Las Saturnales tienen un origen bastante anterior a la fundación de Roma, de hecho ya se celebraban en Grecia bajo el nombre de Cronia. Sería el tercer rey de Roma, Tulio Hostilio, quien instauraría estas fiestas en Roma. En ellas se representaba la igualdad que en un principio reinaba entre los hombres. Las fiestas de las Saturnales aparecían señaladas en el calendario romano el día 17 de diciembre, pero el auge que fue adquiriendo su celebración con el tiempo hizo que su duración efectiva se prolongase, y así, César la aumentó en dos días, Calígula también le añadió un día más, y Domiciano la estableció en un ciclo de siete días, es decir, finalizarían el 24 de diciembre.


Representación en relieve del dios Saturno


En las Saturnales se observa la importancia del tiempo en un calendario agrícola conformado por unas estaciones de siembra y otras de cosecha.  Estas fiestas evidencian el eco de antiguos rituales propiciatorios y de purificación, un culto al Sol y además la representación metafórica del ciclo vital conformado por nacimiento y muerte. Surgieron como una festividad agrícola apara agradecer la cosecha realizada y pedir que la siembra venidera fuese favorable y abundante. Simbolizaban ese devenir de la naturaleza que nace y muere para renacer.


La ceremonia religiosa se llevaba a cabo el 17 de diciembre con ofrendas de animales y frutos de la tierra y se realizaba un banquete público. Después la gente salía a la calle y gritaba "Io Saturnalia!" dando comienzo la fiesta. Más adelante, como ya se apuntó, se amplió la duración de las celebraciones y también su significado, pues se fue olvidando su primitivo carácter de culto agrícola y se convirtieron en una forma de celebrar la igualdad entre los hombres, en recuerdo de aquel mítico reinado de Saturno, lo cual explica que durante las Saturnales los esclavos tuvieran permitidas libertades que en otros días del año les eran negadas.


Durante estas fiestas los esclavos eran libres y tenían derecho a hablar y obrar con libertad. Se respiraba alegría por sus calles. Se cerraban los tribunales, las escuelas y las tiendas. No se podía hacer la guerra ni ejecutar criminales, ni ejercer otro arte que el de la cocina. Los romanos se intercambiaban regalos y se daban grandes banquetes en los que se nombraba rey a uno de los invitados que  podía dar todo tipo de órdenes burlescas y disparatadas. Todos sus habitantes suspendían sus trabajos y muchos se trasladaban hasta el monte Aventino a respirar el aire del campo.  Se celebraban juegos y se permitían apuestas callejeras, normalmente prohibidas por la ley.  Las ropas formales eran sustituidas por atavíos festivos y extravagantes sombreros, como el pileus, gorro de fieltro rojo que en un principio sólo era llevado por los esclavos recién manumitidos, pero que después se convirtió en un símbolo de libertad y  en el emblema distintivo de estas fiestas. Los esclavos tenían bula para criticar los defectos de sus amos y hasta competir con ellos. Y los amos, por una vez al año, servían en la mesa a sus esclavos. sin escatimar en platos y viandas.


El día más importante de la festividad de Saturno era el 19 de diciembre, porque se dedicaba de manera especial a Opis, diosa de la abundancia y esposa de Saturno. Los romanos ricos acostumbraban a tener la mesa continuamente llena para quienquiera que se presentara en su casa. Se celebraban también juegos en el Circo a los que asistía todo el pueblo.


Representación de la Edad de Oro Romana de Nicolaes Bruyn


Las Saturnales son una de las fiestas del calendario romano que mejor documentadas están por los testimonios que se han conservado destacando el testimonio del literato Luciano de Samosata en el siglo II d.C. y, sobre todo, el texto del erudito Macrobio en el siglo V d.C.


Las Saturnales se convirtieron en las fiestas más populares y queridas de Roma, su trascendencia es visible en la cultura occidental. Muchas de las tradiciones de las Saturnales aún sobreviven en nuestros días en el Carnaval y en la liturgia y en la cena de Navidad cristianas. Con el tiempo esta festividad romana se integraría de forma velada al calendario litúrgico cristiano cuando la Navidad fue fijada, allá por el siglo IV, el 25 de diciembre en sustitución de la fiesta en honor de Saturno, que coincidía con la celebración por el nacimiento del sol.


¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

IO SATURNALIA!!!


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Bibliografía:

Commelin, Pierre, Mitología griega y romana. Editorial La esfera de los libros. 2017.

Matyszak, Philip, La Antigua Roma por cinco denarios al día. Editorial Akal. 2012.

Escobedo, J.C., Enciclopedia de la Mitología. Editorial De Vecchi. 2011.

Lejavitzer, Amalia, Las Saturnales romanas y su carácter de festividad agrícola. Revista Rivar. Vol 8, nº 24. 2021


15 octubre, 2021

EL FARAÓN RAMSÉS II, EL GRANDE

 Ramsés II fue el faraón egipcio más importante de los ramésidas de la dinastía XIX cuyo reinado de más de sesenta años fue testigo de grandes victorias militares y de algunos proyectos de edificación más imponentes del mundo antiguo. Dominó a los hititas y a los libios y guio a Egipto a un período de clara prosperidad marcando su reinado el auge del Egipto de los faraones, en lo referente tanto a poder imperial como a producción artística.


Ramsés II Templo de Lúxor


Aunque hay que reconocer que los precedentes militares de este gran faraón se remontan a la anterior dinastía bajo el gobierno de Tutmosis III, pues con él se consiguió obtener la hegemonía de los territorios de Canaán y de la costa sirio-palestina tras la batalla de Megido expandiendo así su influencia y el territorio egipcio. Pero los reinados posteriores a Tutmosis III no lograron mantener dicha influencia. No sería hasta la llegada al poder de Horemheb, último faraón de la XVIII dinastía, que se intentó recuperar la hegemonía perdida.


El faraón Horemheb nombraría al abuelo de Ramsés II (que provenía de una familia de larga tradición militar) visir como reconocimiento a su carrera militar, convirtiéndose en el segundo hombre más poderoso del reino y a su muerte le sucedería como Ramsés I. Este faraón impulsó la recuperación de la hegemonía de Egipto en la costa sirio-palestina y además garantizó la estabilidad del reino nombrando corregente a su hijo Seti I, padre de Ramsés II.

Seti I cuando subió al poder (hacia el  1294 a.C.) asoció al trono a su hijo Ramsés II (fruto de su unión con la reina Tuya) con la reina  que contaba tan solo con diez años. Seti I realizó campañas militares contra las regiones de Asia, Libia y Nubia, consiguiendo establecerse en los territorios en los que había llegado Tutmosis III. El mayor logro de Seti fue la toma de la ciudad de Qadesh, y en la misma participó también su hijo. La toma (temporal) de Qadesh, que estaba en poder de los hititas, significó ejercer influencia en el comercio y en los recursos de esta región.


Batalla de Qadesh de Karl Oderich (1907)


A la muerte de Seti I le sucede ya su hijo Ramsés II cuya formación militar y política bajo su padre sería crucial para entender su política continuista en la costa sirio-palestina. Y es que durante su adolescencia Ramsés había acompañado a su padre en todo tipo de campañas militares convirtiéndose en un gran militar. Al principio de su reinado tuvo que hacer frente a los Pueblos del Mar que asolaban las costas mediterráneas del Nilo, a los que consiguió derrotar, y de hecho parece que incluyó a estos guerreros en su guardia personal  formando parte además de las tropas del faraón en sucesivas campañas militares.  Logró asentar su dominio en las costas del Mediterráneo y se adentró en territorio sirio-palestino llegando hasta Tiro y  Biblos. Pero el objetivo del faraón Ramsés II era tomar nuevamente Qadesh.


Los hititas, con su rey Muwatalli II a la cabeza, no vieron con buenos ojos tales incursiones y declaron la guerra a los egipcios. La campaña militar pensada por Ramsés tenía como objetivo la eliminación de la influencia hitita y controlar la costa sirio-Palestina. Para favorecer la conquista dividió sus tropas en cuatro grandes cuerpos denominados en honor de divinidades egipcias Amón, P'Ra, Seth y Ptah conformados por 5.000 hombres y 500 carros cada uno,  además de convocar un gran número de mercenarios como tropas auxiliares que los acompañarían. Por su parte, Muwatalli II logró poner en marcha una coalición de más de 19 pueblos, en total un ejército de 40.000 unidades.


Ramsés lograría tomar Qadesh en una batalla que ha pasado a la historia aunque posteriormente viendo la imposibilidad de mantener económicamente el territorio decidió firmar un armisticio con el rey hitita Muwatalli. Ramsés II abandonó la zona escoltado por el ejército hitita y cuando llegaron al Nilo los hititas volvieron sobre sus pasos a la costa siria-palestina. De hecho el éxito militar de Ramsés quedaría eclipsado por el buen hacer diplomático de Muwatalli.


Tratado de Qadesh


Tras la firma del Tratado de Qadesh la guerra de Oriente se trasladó a Libia y algunas regiones de Nubia, donde establecería varias colonias y fortalezas con el fin de vigilarlas, pero fueron campañas muy minoritarias pues decidió centrarse en adelante en la política interior.


A Ramsés II se debe una de las reformas militares más importantes de la civilización egipcia pues mejoró el ejército y lo disciplinó, además de ampliarlo y reorganizarlo dotándolo de cuatro cuerpos de hasta 5.000 hombres cada uno en lugar de los dos que eran comunes en los ejércitos egipcios anteriores. Cuerpos que se organizaban en veinte compañías de entre 200-250 hombres cada una. 


El ejército de Ramsés II cambió tras la batalla de Qadesh sobre todo en los mandos promocionando a sus hijos y familiares con lo que la jefatura de los ejércitos recaía en la familia real. También incrementó el número de oficiales extranjeros y mercenarios que servían mejor a sus planes y eran más leales a la persona que los promocionaba en el mando, de hecho las unidades de mercenarios aparecen representados en muchas estelas.


Ramsés además de ser un militar notable fue un gran promotor arquitectónico de lo cual dejó constancia en la gran cantidad de construcciones y templos que le fueron dedicados por todo Egipto. Un ejemplo es el Ramesseum un colosal conjunto religioso en Tebas, en la orilla occidental del Nilo, que incluía una escuela de escribas y que estaba decorado con pilares que contaban sus victorias militares, y con estatuas del faraón colosales. Otro ejemplo es el templo de Abú Simbel, que estaba situado en Nubia en el sur de Egipto, con cuatro estatuas de Ramsés de más de 20 metros cada una situadas en la fachada del templo, además de otras representaciones de dioses y faraones egipcios o favoritos del faraón y de sus familiares. Destaca el templo dedicado a su esposa Nefertari, de hecho en su tumba en el Valle de las Reinas, se recogen algunas de las obras de arte más ricas de todo el período egipcio antiguo.


Vista aérea del Ramesseum 


La monumentalidad de las estatuas era una forma de dar a conocer el mensaje de la divinidad del faraón y su función benefactora como mediador ante los dioses, al ser la encarnación del dios creador sobre la tierra.


Además Ramsés completó algunos de los edificios y que comenzara su padre como la sala de Karnak o el templo de Abydos. E incluso hizo inscribir su nombre e hizo conmemoración de sus gestas militares en muchos de los monumentos construidos por sus predecesores. Era una forma de hacerse propaganda y engrandecer su nombre.


Ramsés II sería idolatrado por los soberanos egipcios posteriores siendo su reinado fundamental en los logros militares, culturales e imperiales del Egipto antiguo.  


Ramsés II el Grande reinó durante más de sesenta años, desde 1279 a.C hasta 1213 a.C, un largo reinado de uno de los faraones más célebres del antiguo Egipto. Conocido como un gran rey guerrero su reinado es uno de los mejor documentado. Murió con noventa años y se hizo enterrar en el Valle de los Reyes. Su tumba es la KV7. Su momia sería descubierta en el escondrijo de Deir el-Bahari en 1881 y actualmente se puede visitar en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia.



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Bibliografía:

Carlos Díaz Sánchez. Breve historia de los grandes generales de la Antigüedad. Editorial Nowtilus. 2019.

Simon Sebag Montefiore. Titanes de la Historia. Editorial Crítica. 2012.





08 mayo, 2021

EL CÓDIGO DE HAMMURABI

 El Código de Hammurabi es el documento más antiguo de este tipo del que se tiene constancia y es uno de los más bellos documentos de la historia universal. Más que un conjunto de medidas propiamente jurídicas, sus 281 artículos enumeran lo que está autorizado, lo que es legal y lo que no lo es. 


Estela del Código de Hammurabi


Se trata de una estela de basalto negro de 2,25 metros de altura, conservada actualmente en el Museo del Louvre que fue descubierta en el año 1902. Al principio estuvo situada en el templo de Sippar y después trasladada como botín de guerra por los elamitas a su capital, Susa (actual Irán) hacia el 1150 a.C. Se trata de uno de los numerosos monumentos que el rey elamita Shutruknakhunte conquistó en una expedición a Babilonia a comienzos del siglo XII a. C. Además de ser el monumento literario coherente más extenso de su época, es también el testimonio por excelencia de la lengua paleobabilónica clásica. 


Sería el rey Hammurabi quien la mandaría erigir hacia el 1750 a. C. Rey al mismo tiempo conquistador, piadoso y notable administrador que marcó el apogeo de la primera civilización babilónica. Construyó su imperio poco a poco y acabó abarcando toda Mesopotamia, desde el Golfo Pérsico, con los países de Sumer y Acad, unidos en lo sucesivo bajo el nombre de Babilonia, hasta las regiones montañosas que bordean Asiria al norte y la Alta Siria al noroeste.


En las culturas del Próximo Oriente Antiguo son los dioses quienes dictan las leyes a los hombres, por eso las leyes son sagradas. En este caso, es el dios Shamash, el dios sol, dios de la justicia, quien entrega las leyes al rey Hammurabi de Babilonia. De hecho, antes de la llegada de Hammurabi al poder, quienes impartían justicia como jueces eran los sacerdotes del dios Shamash. Sería el rey amorreo Hammurabi quien estableciera que fueran los funcionarios del rey quienes realizaran ese trabajo.


Situación geográfica de Babilonia

El Código de Hammurabi es la codificación de un derecho natural y consuetudinario en vigor en los territorios conquistados y a la vez la compilación de diversos códigos sumerios anteriores, como los pertenecientes a los reyes Urukagina y Shulgi. Se trata de un código más sistemático que las leyes sumerias, más evolucionado y menos bárbaro  que las leyes asirias que se inspiraron en él.


Gracias al Código de Hammurabi se sabe que la sociedad estaba dividida en tres clases desiguales, como son los hombres libres (awîlu) los subalternos o inferiores (mushkênu) y los esclavos (wardu). El derecho penal se basa en la Ley del Talión, cuando la víctima es libre, y en la compensación en dinero, si pertenece a las clases inferiores. Da a conocer un matrimonio basado en la inalienabilidad de la dote, la represión brutal del adulterio y el divorcio a petición del esposo. Las cuestiones de intereses son tratadas  con minuciosidad, lo que atestigua la importancia del dinero y de la tierra en esta civilización de productores y comerciantes, siendo las disposiciones precisas y justas, los castigos expeditivos y llenos de matices, con una tendencia a la dureza. De aquí en adelante la justicia sobre cualquier materia está en manos de jueces de Estado, que actúan bajo la inspiración del dios Marduk o Shamash, según un procedimiento escrito, la audición de testigos y el recurso al juramento.


La parte superior de la estela está dedicada a una representación en relieve del rey Hammurabi, de pie ante el dios de la justicia y del sol, Shamash, quien sentado en su trono le entrega el bastón o cetro y el anillo, símbolos de poder de la realeza mesopotámica. Se trata de la ceremonia de investidura del rey Hammurabi.


Debajo del relieve se encuentra la gran inscripción en acadio (dialecto paleobabilónico) escrita con signos cuneiformes, que ocupa el resto de la estela de Hammurabi y que constituye la razón de ser del monumento. El texto estaba formado originariamente por casi 4.000 líneas, de las que se han conservado aproximadamente 3.500. 


El texto babilonio del Código se divide en tres partes, con un prólogo, luego estarían las leyes o prescripciones, y por último un epílogo. El prólogo y el epílogo están escritos en un estilo propio de la literatura heroica y lírica, lo que engrandece el carácter monumental y oficial de la estela. Y la parte más legal del código está escrita de forma más sencilla y usando una lengua cotidiana.  En el prólogo se narra la investidura del rey, la creación de su imperio y sus logros para asegurar el bienestar de sus súbditos y los pilares sobre los que construir su gobierno: la ciudad de Babilonia y el dios Marduk. Además se presenta a Hammurabi como el elegido de los grandes dioses para conquistar la gloria militar y política de su ciudad.


Tablilla con el prólogo del CH


Tras el prólogo aparece el código propiamente dicho con una serie de proposiciones orientadas a reglamentar la conducta social y la vida corriente del reino babilónico a mediados del S.XVIII a.C.  Cada una de dichas proposiciones presenta la misma estructura gramatical con una frase en condicional introducida por la conjunción "si" (shumma en lengua acadia), donde describe una situación o problema concreto, seguida de una respuesta en futuro en forma de sanción al infractor.


El código contiene 280 "artículos" y aún cuando carece de la ordenación sistemática de un compendio jurídico moderno, determinadas materias están tratadas juntas. Los preceptos del código de Hammurabi se refieren a derecho civil, penal y administrativo, sin establecer entre ellos una separación radical. Una comparación del código con el extenso material documental jurídico de la época babilónica antigua demuestra que está incompleto puesto que no abarca todas las situaciones jurídicas posibles.


El Código de Hammurabi abarca los siguientes temas: difamación, prevaricación, hurto, encubrimiento, robo, saqueo, robo con fractura, homicidio, homicidio por imprudencia, lesiones corporales, rapto, situación jurídica de los aparceros del estado, responsabilidad en caso de daños involuntarios en la administración de las tierras, daños causados por animales, tala no autorizada de palmeras, situación jurídica de empresas comerciales (en referencia a la relación entre el comerciante y el ayudante que viaja por el país), malversación, depósitos financieros, créditos e intereses, situación jurídica de la tabernera, esclavitud y rescate, esclavitud en fianza, evasión de esclavos, compra y reivindicación de esclavos, recusación de la condición de esclavo, alquiler de personas, animales y naves, tarifas de alquiler, infracciones por parte del arrendatario, toros bravos, derecho de familia (precio de la novia, dote, propiedad de la esposa, esposa y concubinas, situación de los hijos de éstas, divorcio, adopción, contratación de amas de cría, herencia) y la situación jurídica de determinadas sacerdotisas.


Se observa en el Código de Hammurabi que el bloque dedicado a la familia es el más importante (con 67 artículos) pues la sociedad babilónica estaba cimentada sobre el núcleo familiar. Y así se muestra una evidente preocupación por cuestiones relacionadas con el matrimonio y la herencia, que eran la base de la estructura familiar babilónica, pero también por se preocupa por el divorcio, el adulterio, el incesto, la adopción, la herencia y las viudas.


Texto cuneiforme del Código de Hammurabi


En el pago de los salarios y en la aplicación de penas ante un mismo delito es donde se puede ver claramente la diferenciación social babilónica, y así las sanciones son de diferente importancia y naturaleza según la categoría social de la víctima.


Si bien el Código de Hammurabi se inscribe dentro de la vieja tradición mesopotámica, aquí se introduce una importante novedad en referencia a los daños infringidos: la ley del talión, el  "ojo por ojo , diente por diente" que consistía en infligir al culpable el mismo daño sufrido por la víctima. Ley que ahondaba sus raíces en las tribus semíticas. Pero en el Código la ley del talión se aplicaba a la clase de los awîlu, teniendo un carácter ejemplarizante y disuasorio. Aunque se cree que no sería utilizada de forma sistemática.


Las principales penas recogidas en el Código de Hammurabi eran la pena de muerte, los castigos corporales y las sanciones económicas. La pena capital se reservaba para los delitos considerados graves como podría ser el falso testimonio, el rapto de niños, la colaboración con esclavos fugados, el saqueo, el complot contra el estado, el adulterio, el incesto, el homicidio voluntario, la negligencia de un profesional que acababa en fallecimiento, entre otros. A veces incluso se precisa la forma de ejecución, mediante la hoguera, la horca o el empalamiento. Los castigos corporales eran muy variados y eran aplicados normalmente a los autores de injurias y de agresiones físicas, siendo las sanciones la flagelación, la mutilación y el afeitado de la cabeza. Las sanciones económicas tenían como objeto reparar o compensar los daños afligidos a miembros de los grupos sociales inferiores y resolver los litigios relacionados con la actividad comercial, los trabajos agrícolas y la gestión administrativa, y las multas se podían pagar bien en metálico, bien en cereal, aunque también eran frecuentes las indemnizaciones parciales y las compensaciones totales. También aparecen en el Código penas de desheredamiento y de destierro.


Ante la falta de pruebas suficientes o ante el temor al perjurio, se podía recurrir a la ordalía o dictamen de los dioses a través del río en casos de brujería o adulterio. El juicio del río tenía como objetivo que el acusado demostrara su inocencia y podría consistir en nadar una determinada distancia cargando con peso.


La inscripción de la estela de Hammurabi concluye con un epílogo donde además de hacer hincapié en la autoría de Hammurabi de las sentencias cinceladas en la misma éste mandó grabar una maldición divina contra todo aquel hombre que no respetara su contenido.


Relieve con la figura del rey Hammurabi


Para el propio Hammurabi el Código que lleva su nombre era un texto que pretendía ser una ayuda para el que busca la justicia. Él mismo califica el código como "sentencias del orden justo". Tendría, por tanto, una función educativa. En cuanto a la formulación de los preceptos y la determinación de los castigos podría pensarse que se trata de una fijación del derecho consuetudinario, en parte de sentencias memorables del pasado, pero en el código también se aprecian innovaciones respecto a otros textos sumerios precedentes. 


La estela de Hammurabi expresa el ideal político del rey, en el que la justicia ocupa un lugar destacado. Se muestra como un modelo de soberano justo en el que debían inspirarse sus sucesores en Babilonia.


El Código de Hammurabi, independientemente de la vigencia que tuviera, fue tan estimado como obra literaria que las escuelas de escribas lo transmitieron hasta el primer milenio. 



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Bibliografía:

Historia de la Antigüedad. Paul Petit. Editorial Labor Universitaria. 1988.

Los Imperios del Antiguo Oriente I. Del Paleolítico a la mitad del segundo milenio. E. Cassin, J. Botteró, J. Vercoutter. Editorial Siglo XXI. 1965.




29 mayo, 2020

LUGARES CON HISTORIA: EL VALLE DE LOS REYES

El Valle de los Reyes es seguramente el más célebre y visitado paraje del Egipto faraónico. Durante cinco siglos (del 1552 al 1069 a.C.) y tres dinastías (la XVIII, XIX Y XXX) el Valle se erigió en lugar de enterramiento de los faraones durante el llamado Imperio Nuevo.

Panorámica de El Valle de los Reyes

El término "Valle de los Reyes" fue acuñado por Champollion (quien descifró el sistema de escritura egipcio) para denominar a esta necrópolis de los faraones tebanos.

El Valle de los Reyes si sitúa en la orilla oeste del Nilo, la Antigua Tebas, hoy ciudad de Lúxor en Egipto. Se trata de un paraje de colores ocres y pardos encerrado entre acantilados, rocas y  colinas. Y dominando el Valle de los Reyes se encuentra "la Cima de Occidente" elevación montañosa que atrae la mirada desde el principio. La "Cima" era el refugio de una diosa serpiente Meretseger "la que ama el silencio", que se erigía a su vez en protectora del lugar. Probablemente la presencia de ese elemento geomorfológico, que recuerda a las pirámides reales del Reino Antiguo, fue lo que impulsó a los primeros faraones de la dinastía XVIII a escoger este lugar en el desierto abrasador para levantar en él sus moradas eternas.

El Valle es el inicio de un ued excavado por las lluvias que desgastaron el calcáreo y formaron una depresión donde reina a menudo un calor sofocante. Moldeado en la prehistoria por el lecho de los torrentes y las lluvias tormentosas, el Valle se divide en dos ramas: la del oeste, la más vasta que solo comprende cuatro tumbas de las que solo dos son sepulturas reales (Amenhotep III y la de Ay, sucesor de Tutankamón). La del este, considerada como el Valle de los Reyes propiamente dicho, recibió el nombre de árabe de Biban el-Muluk "las puertas de los reyes", y es donde se encuentran la mayoría de las tumbas reales. Hay que destacar que también algunos personajes no pertenecientes a la realeza tuvieron el gran privilegio de ser inhumados junto a los monarcas a los que sirvieron fielmente, debido a sus vínculos de parentesco.

Mapa con la situación geográfica de las principales tumbas

Desde principios de la dinastía XVIII los faraones decidieron abandonar la construcción de pirámides en la región de Menfis y ubicaron sus tumbas en Tebas. El tipo de tumba real también cambió pues ya no se trataban de pirámides sino de hipogeos excavados en las colinas del desierto del Valle, desligándose a su vez del lugar de culto, que ahora se realizaba en un templo por separado situado junto a la llanura aluvial. La razón del cambio era práctica, pues era mucho más difícil robar en las tumbas del Valle de los Reyes, ya que se mantenía en secreto su emplazamiento, y porque la zona estaba sometida a una estrecha vigilancia.

Y es que los reyes de todas las dinastías se hicieron enterrar con grandes ajuares funerarios que incluían anillos de oro, pectorales de oro, brazaletes de plata y lapislázuli, colgantes de turquesas y toda clase de tesoros inimaginables. Todo ello muy apetecible para los saqueadores de tumbas. Es por ello que se decidió buscar otra ubicación para controlar a los saqueadores.

En cuanto un faraón subía al trono, se reunía con su consejo y comenzaban los preparativos para la construcción de su morada para la eternidad. No sé sabe el motivo por el cual un rey escogía un lugar determinado del valle, pero nada se hacía al azar.

La muerte en Egipto siempre fue considerada como algo omnipresente y permanentemente unido a la vida diaria de los egipcios. Se tenía la necesidad de vencerla por medio de ritos para propiciar la resurrección de los muertos en el más allá. El rey tenía un especial protagonismo en estos rituales. Tras su muerte y el posterior proceso de momificación su cuerpo era depositado con todo boato en un monumento funerario que, normalmente, se componía del lugar de enterramiento propiamente dicho y del templo, construido en la orilla oeste del río, donde recibiría culto funerario por toda la eternidad.
Funeral egipcio de Frederick Artthur Bridgman (1877)

En la actualidad se conocen unas sesenta tumbas de los faraones del Imperio Nuevo. Sería Amenofis I quien, tras la expulsión de los ocupantes hicsos, eligió esta nueva necrópolis para los reyes, pero curiosamente no sería enterrado en ella. Tutmosis I, el tercer faraón de la XVIII dinastía (1505-1493) sería el primer habitante que reposaría en el Valle de los Reyes. Se cree incluso conocer el nombre del maestro de obras que concibió el plano del conjunto del Valle, un tal Ineni, de quien los textos dicen que fue un hombre recto, que sabía guardar los secretos de la casa real, y por ello eligió un paraje aislado donde excavar las sepulturas de los faraones.

El Valle de los Reyes estaba custodiado y prohibida su entrada a los profanos. Las tumbas eran dispuestas en secreto por un reducido equipo de artesanos iniciados que vivían en un aldea que les estaba reservada Dayr al-Madina, y dependían directamente del faraón y de su primer ministro. Arquitectos, escultores, pintores y dibujantes trabajaban casi clandestinamente, practicando sus propios ritos y educando a sus discípulos en su propia escuela.

La planta tipo de las tumbas es sencilla y se compone de una entrada, un corredor en pendiente, un pozo (en cuyo fondo se halla el agua del Nun, el océano de energía que rodea el mundo), salas con columnas y el panteón finalmente el panteón donde se deposita el sarcófago real. Existen variaciones de una tumbas a otras, pero lo esencial sigue siendo el recorrido simbólico que lleva de la luz exterior, la del mundo aparente, a la luz interior, subterránea, gracias a la cual el cuerpo de carne del faraón se convierte en el cuerpo simbólico de Osiris.

Ejemplo de tumba real egipcia

Los muros de las tumbas contienen inscripciones de diversos "libros funerarios reales". Los textos y representaciones proporcionan al rey un plano del más allá, le indican qué caminos debe seguir y el modo de evitar los peligros. El mundo subterráneo por el que transita está poblado por seres extraños, guardianes y símbolos. El Valle en realidad es un lugar de vida porque las moradas de los faraones, en vez de reducirse a meras sepulturas, son libros de enseñanzas, gracias a los jeroglíficos y a la imagen.

Entre los moradores del Valle de los Reyes están Amenofis II, la reina Hatshepsut, Tutmosis III, Ramsés III, Ramsés VI, Seti I (quizás la más bella de todas las tumbas) o Tutankamón, entre otros muchos.

Con la crisis económica que marcó el final del Egipto del Imperio Nuevo las tumbas reales del Valle empezaron a ser profanadas y saqueadas. Ante la gravedad de los hechos los sacerdotes se vieron obligados a desplazar varias veces las momias reales y a colocarlas en lugares más seguros como el templo de Dayr al-Bahari. Así, se puede decir que a comienzos del I milenio a.C. la mayoría de las tumbas del Valle habían sido abiertas.

En época ptolemaica viajeros griegos y romanos visitaron las tumbas reales de Tebas, bien se sabe por las numerosas inscripciones recordatorias que dejaron. Más tarde el Valle sería habitado por algunas comunidades cristianas que no respetaron el lugar. Con la invasión musulmana y su visión religiosa y política, consideró estos monumentos como algo ajeno a su mundo pero no los deterioraron.

Howard Carter examinando el sarcófago de Tutankamón (1922)


Desde entonces el Valle quedó sumido en el olvido hasta la llegada de la Expedición francesa a Egipto a finales del S. XVIII, que con la Comisión de las Ciencias y de las Artes a la cabeza, comenzó las exploraciones y estudios científicos del Valle de los Reyes. Y poco a poco fueron hallando las tumbas. El Valle se convirtió en el objetivo de científicos, viajeros y artistas. Sus maravillas fueron arrancadas para ir a parar a museos europeos. Y así hasta llegar a 1922, cuando el arqueólogo y egiptólogo Howard Carter descubrió la última tumba real del valle, la única sepultura que se había librado del saqueo y el pillaje mostrando así sus tesoros al mundo, y que no es otra que la célebre tumba de Tutankamón.

El Valle de los Reyes es una página fundamental de la historia y la espiritualidad que ha quedado grabada en la piedra. Aún quedan maravillas por descubrir, ya que hay tumbas reales aún no halladas. El Valle continuará, con el trabajo infatigable de los arqueólogos, mostrando sus tesoros.




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Referencias:
El Valle de los Reyes. Christian Jacq. Ediciones Martínez Roca.1998
Guía del Antiguo Egipto. Christian Jaq. Editorial Planeta. 2003.
El Antiguo Egipto. Barry J. Kemp. Editorial Crítica. 2003


06 enero, 2020

LA LEYENDA DE LOS REYES MAGOS DE ORIENTE

Adoración de los Magos de Andrea Mantegna (1495-1505)
Esta pasada noche muchos niños y niñas esperaron con ilusión y ansiedad la llegada de los Reyes Magos de Oriente, quienes cargados de regalos los repartieron entre pequeños y también grandes.

Se trata de una fiesta cristiana y católica, de origen muy antiguo, y muy arraigada llamada "Epifanía" que celebra la manifestación de Dios en su presencia humana en la tierra, y es simbolizada con la llegada de los Reyes Magos, que llegados desde Oriente querían mostrar su adoración al recién nacido rey de los judíos, llevándole como presentes oro, incienso y mirra. Es una fiesta en la que confluyen numerosos elementos de diverso origen religioso y cultural.

La escasez de fuentes fiables no ha impedido el surgimiento de leyendas en torno a estos magos, concebidos también como reyes con el paso del tiempo y que la tradición ha acabado convirtiendo en tres, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar. Que llegarían a Belén desde el lejano Oriente, Persia o Arabia e incluso de Etiopía (de ahí el representar a Baltasar como un rey de tez negra) guiados por una estrella, que bien podría tratarse de un fenómeno astronómico como fue la conjunción de Saturno y Júpiter, que arrojaría un brillo especial que la haría fácilmente distinguible desde la Tierra. Y es que en la cultura y la sociedad antigua oriental las estrellas y los fenómenos atmosféricos y celestes eran signos de los dioses.

Pero los Reyes Magos, sólo son mencionados una vez en la Biblia, en concreto en el Evangelio de San Mateo 2,1-12, y nada dice sobre que fueran tres (hay tradiciones antiguas que fijan el número de magos hasta en doce y en algunas catacumbas romanas aparecen entre dos y cuatro) ni que fueran reyes. Tampoco se menciona sus nombres. Y tampoco dice nada de la fecha concreta en la que los insignes visitantes fueron a homenajear al pequeño Jesús. Esos son datos que se irían añadiendo con el tiempo.

La adoración de los Tres Reyes de Girolamo de Santacroce (1525-1530)

Lo que San Mateo cuenta es que bajo el reinado de Herodes, aparecieron unos magos del este de Jerusalén, que habiendo descubierto el hallazgo de una nueva estrella cuyo significado relacionaron con el nacimiento de un posible Mesías, éstos fueron a preguntar al rey de Judea (con el permiso de Roma, todo sea dicho de paso) donde estaba el rey de los judíos que acababa de nacer hacía poco. Herodes no sabía de qué le hablaban y decidió reunirse con los sacerdotes y escribas para aclarar la situación. Parece ser que según los profetas el lugar elegido sería Belén porque así estaba escrito. Pero el rey Herodes, temeroso de dicha profecía, dejó marchar a los Reyes Magos, con la intención de que fueran los mismos magos quienes a su vuelta le dijeran quien era ese Mesías para mostrarle él también su veneración. Nada más lejos de sus verdaderos propósitos. Tras rendirle homenaje, ofreciéndole oro, incienso y mirra (ofrendas de gran valor económico y simbólico) volvieron hacia Oriente pero sin pasar por el palacio de Herodes, ya que recibieron en sueños la advertencia de tomar otro camino. Es entonces cuando Herodes sintiéndose engañado mandaría matar a todos los niños de Belén y alrededores. Pero Jesús y su familia ya habían emprendido la huida a Egipto.

Y de esta alusión en el evangelio de San Mateo sobre los Reyes Magos se deriva una tradición que ha ido evolucionando con el paso de los siglos, debido a las múltiples versiones existentes.

En el S.III el teólogo Orígenes escribía que los magos eran tres, que se correspondería con los tres regalos ofrecidos, y que sería corroborado por Tertuliano,considerado padre de la iglesia, quien afirmaría además que se trataba no de magos sino de reyes (la palabra "mago" había adquirido desde los primeros siglos del cristianismo un matiz peyorativo). Además que fueran tres regalos, de tres reyes como símbolo de las tres tribus bíblicas descendientes de Noé, Sem, Cam y Jafet que se repartirían por el mundo conocido de Asia, África y Europa.

 Mosaico de la iglesia de San Apolinar Nuevo en Rávena (505)

En cuanto a sus nombres, Melchor, Gaspar y Baltasar, la primera vez que aparecen estos nombres es en una inscripción sobre unos mosaicos en el friso de la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena y que data del S.VI. En las obras atribuidas a Beda, el Venerable (erudito anglosajón, monje y doctor de la Iglesia del S. VII) además de recoger sus nombres los describía diciendo que, Melchor era un anciano de larga cabellera cana y luenga barba, que le ofrecería el oro como símbolo de la realeza divina; Gaspar era joven, imberbe, de tez blanca y rosada, que honró al Niño ofreciéndole incienso como símbolo de la divinidad; y el tercero, Baltasar de tez morena, cuyo presente fue la mirra, que servía para embalsamar a los muertos simbolizando así la vulnerabilidad del hombre y profetizando la muerte del Mesías.


Tras la adoración de los Reyes Magos al Niño volvieron a sus países de origen y la leyenda cuenta que se convirtieron al cristianismo y que tras ser bautizados por el apóstol Tomás, se consagraron a evangelizar las regiones lejanas de Oriente y que serían enterrados en la ciudad de Saba. Sus reliquias serían llevadas a Constantinopla por la emperatriz Elena, madre del emperador Constantino, quien legalizó el cristianismo en el Imperio Romano con el Edicto de Milan en el año 313. De Constantinopla pasarían a Milán por obra de su obispo, San Eustorgio, ya en el S.IX. Y finalmente en 1164, el arzobispo de Colonia y archicanciller de Colonia aprovechó el saqueo de Milán para hacerse con las reliquias. Probablemente no se trate de los restos de los tres magos, pero así ha quedado recogido.

La leyenda de los misteriosos magos de Oriente ha sido capaz de sobrevivir al paso de los siglos para convertirse en un tradición navideña que va más allá de toda liturgia cristiana. Una leyenda que ha ido calando en el imaginario colectivo, aunque los hechos no fueron tan reales como nos cuentan.


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Referencias:
Los Reyes Magos. Historia y Leyenda. Franco Cardini, Editorial Península. 2001.
Historia de los Reyes Magos. José Oroz Reta y M. Teresa Herrera. Helmántica: Revista de Filología Clásica y Hebrea. 1982


01 octubre, 2019

DICHO CON HISTORIA: "TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA"

Seguro que más de una vez hemos escuchado la frase "Todos los caminos conducen a Roma" (Omnes viae Romam ducunt), expresión que viene a decir que existe la posibilidad de conseguir el mismo objetivo por caminos distintos. Es una frase hecha que tendría su origen en el Imperio Romano, cuando Roma era el centro del mundo.

Posible fragmento del Milliarium Aureum

Se cree que el origen de esta expresión está en el Milliarium Aureum, monumento de bronce bañado en oro, erigido en el año 20 a.C. por el emperador Augusto en el Foro de la antigua Roma y que marcaba el punto de arranque de todas las calzadas romanas, similar a lo que hoy conocemos como kilómetro cero (localización geográfica singular desde la cual se miden distancias). En él aparecían grabados los nombres de las principales ciudades del Imperio indicando la distancia que las separaba de Roma.

Todavía hay muchas carreteras en Europa que hoy día siguen el trazado de aquellas antiguas calzadas, que cruzaban todo el imperio hasta la capital. El Imperio Romano construyó alrededor de 400 vías para comunicar Roma con todas sus provincias, lo que suponía unos 85.000 kilómetros que recorrían Europa pero que también llegaron a parte del actual Reino Unido, a Egipto o Turquía entre otros territorios.

Los romanos construyeron esa red de caminos por razones militares y administrativas. En muchos casos serían las propias legiones las que trazaron el mapa de las calzadas. Dichas calzadas tomaron su nombre según la función que desarrollaban (la Vía Salaria, por ejemplo estaba relacionada con el transporte de la sal), de los lugares de destino (la Vía Tiburtina llegaba hasta Tibur, la actual Tívoli) o de sus constructores (la Vía Apia fue encargada por Apio Claudio el Ciego) todas ellas confluían unas en otras hasta llegar a la capital, Roma.

Esa enorme red de vías eran señalizadas mediante hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la vía para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos.

Aunque también existe otro elemento que ayuda a entender esta famosa expresión y es la Tabula Peutingeriana, un largo rollo de pergamino que puede considerarse como el monumento cartográfico más importante de la Antigüedad. Ha llegado hasta nosotros a través de una copia del S.XIII de un original romano datado a principios del S.IV. Este dibujo plano señala las vías de comunicación que unían Roma con el resto del mundo conocido, desde la Península Ibérica hasta Mesopotamia y las tierras de India. Roma es el centro sobre el que gira toda la composición en la que se señalan las principales ciudades del Imperio, ciudades amuralladas, islas, elementos físicos como ríos, lagos, mares, montañas y bosques, pero también calzadas, puertos, templos y termas. Tanto detalle e información hace pensar que se trataría de un documento para los viajeros o Itineraria Picta.

Fragmento de la Tabula Peutingeriana


Por tanto, la expresión de "Todos los caminos conducen a Roma" tendría en la antigüedad un sentido real y geográfico, aunque no está atestiguada en ningún documento de época antigua. La primera mención que se hace de esta frase es en la Edad Media, en un texto del 1175 que literalmente dice así "Mille viae ducunt hominem per saecula Romam" que traducida significa "Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma. Además este dicho se vería reforzado al convertirse Roma en el centro de la cristiandad y por tanto en lugar de peregrinaje.

Y por último, una curiosidad. En todos los continentes podemos encontrar "otras" Roma, es decir, localidades con el mismo nombre. Por tanto se puede acabar diciendo que, efectivamente, tanto en el pasado como en la actualidad "Todos los caminos conducen a Roma". ¿A cuál de ellas? Eso lo decides tú.



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Referencias:
Historia del Mundo en 12 mapas. Jerry Brotton. Editorial Debate. 2016.
Todos los caminos conducen a Roma....y un mapa lo demuestra.
Todos los caminos conducen a Roma (Omnes Viae Romam ducunt)
¿Todos los caminos conducen Roma?
Bibliotheca Augustana. Tábula Peutingeriana.

24 junio, 2019

LUGARES CON HISTORIA: LA VILLA ROMANA DE NOHEDA

El conjunto arqueológico de Noheda es el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana y alberga el mayor mosaico figurativo del Imperio.

Representación del mito de Hipodamia y Pélope

La villa romana de Noheda se sitúa en la pedanía del mismo nombre en el término municipal de Villar de Domingo García en Cuenca. Su descubrimiento tuvo lugar en el año 1984 cuando durante la realización de labores de labranza quedó al descubierto un fragmento de mosaico, aunque los trabajos de excavación no se iniciaron hasta el 2005.

La historia de Noheda se remonta al S.Id.C, aunque su apogeo tuvo lugar en los siglos III Y IV d.C. que se correspondería con el mandato del emperador de origen hispano Teodosio.

Noheda sin duda refleja el intento de transmitir un mensaje de alta carga ideológica y propagandística por parte de un terrateniente "dominus"que garantizaba la estabilidad económica y social de la comunidad. El propietario, del que se desconoce aún el nombre, erigió un gigantesco complejo residencial que conjugaba los conceptos de "ocio y negocio" dentro de una gran extensión de tierras o fundus. Estos conjuntos fueron muy comunes entre los romanos con gran poder adquisitivo y se les conocía como urbes in rure (ciudades en el campo).

El fundus, que tenía una extensión de 25 km cuadrados, estaba compuesto por las tierras de cultivo, los pastos para el ganado y un área montañosa de donde se obtenía madera. La villa se alzaba en un punto estratégico de la hacienda con suficientes recursos hídricos, resguardada de los vientos del norte, y cercana a una vía de comunicación, aunque la hacienda estaba lo suficientemente alejada de la calzada romana, lo cual la libraba de visitas indeseadas o de ser asaltada por legiones hambrientas.

En las villas romanas las pinturas de las paredes, los mosaicos de los suelos, las esculturas y otros elementos que decoraban estos espacios tienen un significado, y en Noheda representan la posesión de una gran riqueza. Los especialistas no encuentran una respuesta a cómo fue posible tal acumulación de lujo y riqueza, puesto que se han detectado más de 30 tipos de mármol traídos de todo el mundo conocido en la época.

Indicación de los paneles figurativos
La villa de Noheda se compone de tres partes fundamentales, la primera se corresponde con la parte urbana reservada al dominus, la segunda es la parte rústica destinada a los trabajadores o esclavos, y la última parte, la fructuaria, reservada a los edificios que se encargaban de la elaboración y transformación de los productos que se obtenían. También se descubrió un complejo termal de 900 metros cuadrados y un puente romano ubicado en la entrada de la villa.


La construcción de la villa ocupaba 10 hectáreas y solo el triclinium constaba de casi 300 metros cuadrados y contaba con un mosaico que es el más grande de tipo figurativo del imperio conocido hasta la fecha.

El pavimento lo componían una zona central, dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica, denominadas por las seis primeras letras del alfabeto.

La escena A, representa la contienda entre el rey de Olimpia, Enómao, y el principe anatolio, Pélope, por Hipodamia, hija del primero. Se han hallado pocas representaciones de este mito griego en general. La escena B, ubicada en la zona norte de la sala, representa una compañía teatral en la que se suceden todos los componentes de la pantomima. La escena C, se localiza en la zona oriental de la estancia, representa el Juicio de Paris, y otro grupo representa el rapto de Helena y la llegada a Troya. La escena D, también ubicada en el lado oriental de la sala, se plasma un cortejo dionisíaco, y a parte del Dioniso, aparecen ménades, sátiros, el dios Pan, Sileno y animales de filiación oriental. La escena E, ubicada en la zona meridional de la sala es muy similar a la B con la representación de otra pantomima. La escena F, parcialmente destruida por la caída de la cúpula de la estancia, representa diversos motivos marinos, con escenas de pesca, tritones y nereidas, acordes con la naturaleza acuática del estanque que enmarcaban.

Representación de un cortejo dionisiaco (banda de arriba)
Representación del rapto de Helena y la llegada a Troya (banda inferior)

El número de teselas (piezas que componen un mosaico) utilizadas es incontable. Los arqueólogos piensan que hubo más de un diseñador o pictor imaginarius. Se descubrió también que en algunas zonas del gran mosaico se oculta otro con diferentes motivos, debido quizás a que al dueño no le gustara el primero y ordenara elaborar otro encima del primero. En el centro de la estancia había una fuente ornamental de la que sólo se conservan las canalizaciones.

De la villa solo se ha excavado una parte muy pequeña, solo un 5%, y además de los mosaicos, también se han hallado más de 550 fragmentos de esculturas de gran calidad, pues se realizaron en mármol importado de Oriente y traído de Carrara. Así, el conjunto escultórico de Noheda es el más amplio de Hispania e incluyen figuras de Dionisios, Venus o los Dioscuros.

También se han encontrado monedas romanas correspondientes a la época de los emperadores Constantino el Grande, Constante y Teodosio.

Monedas halladas en la villa romana de Noheda

Con la caída del Imperio Romano, toda Hispania sufrió una rápida cristianización y los nuevos habitantes utilizaron las estancias de la villa como lugar donde habitar y muchas de las esculturas paganas se destruyeron.

Destacar que el complejo arqueológico de Noheda fue declarado Bien de Interés Cultural en 2012.



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Referencias:
Miguel Ángel Valero Tévar. El Proyecto Fundus de la Villa romana de Noheda
La Villa más lujosa de la Hispania Romana enseña sus tesoros.
Noheda, la villa más lujosa de la Hispania Romana.

29 enero, 2019

LOS ORÍGENES DE LA MEDICINA

Cráneo trepanado con sílex. Neolítico 3.500 a.C
La medicina es tan antigua como el hombre, aunque la enfermedad es más antigua que éste, puesto que se ha documentado la existencia de enfermedades en restos de animales y plantas que precedieron al hombre en millones de años. Nuestros antepasados más antiguos ya se preguntarían como remediar los males físicos que padecían, como podían curar las heridas de todo tipo, fracturas de huesos, caries dentales y enfermedades.

Ahora bien, que nuestros antepasados lejanos se interesasen por los males que tenían lugar en sus cuerpos, no significa que supiesen explicar tales "trastornos". No es de extrañar entonces que las medicinas antiguas o paleomedicinas estuvieran basadas en un mezcla de creencias mágicas y religiosas con prácticas empíricas (como es el uso de plantas), carentes de base científica.

Una creencia frecuente era la de considerar a los enfermos como victimas de un enemigo que lo había hecho objeto de un maleficio mágico o de un demonio o dios al que el enfermo habría molestado. De ahí que entre los primeros médicos se encuentren los hechiceros o chamanes.

La medicina es una ciencia, pero también una técnica y como tal, se introdujeron instrumentos o prácticas útiles mucho antes de que se dispusiesen de explicaciones científicas. Y así, se conoce la técnica de la trepanación craneal desde muy antiguo, encontrándose evidencias en cráneos trepanados del Neolítico europeo.

En cuanto a las enfermedades, hace cinco o seis millones de años, los homínidos anteriores al Homo Sapiens, vivieron como cazadores y recolectores en pequeños grupos de no más de 100 individuos, lo que se mantuvo hasta que los modernos humanos se convirtieron en agricultores y ganaderos. La baja densidad de población y el nomadismo existente hacía que los grupos humanos se viesen menos afectados por infecciones bacterianas que dependen del contacto directo entre individuos, lo que significa que no debieron existir enfermedades como el sarampión, la viruela, la tos ferina o la poliomielitis. Sin embargo, sí que pudieron darse enfermedades víricas caracterizadas por mantenerse en estado latente y manifestarse de manera recurrente como el herpes simple o la varicela. Además el nomadismo de los homínidos y de los humanos primitivos evitaba que las aguas se contaminaran y que el almacenamiento de los deshechos se convirtiera en foco de insectos transmisores de enfermedades infecciosas.

Las fuentes principales de enfermedades debieron de proceder de la ingestión de carne de animales con microorganismos que éstos portaban. Variedades de este tipo de enfermedades serían la triquinosis, el tétanos o la esquistosomiasis, una enfermedad debilitante producida por parásitos. También es posible que se diesen formas de tifus, malaria y fiebre amarilla, aunque en menor proporción y debido por el contacto entre individuos de especies diferentes. Con el desarrollo de la ganadería este tipo de enfermedades entre los humanos aumentarían.

Tratamiento de la migraña recogido en
un papiro egipcio
Existen pruebas tempranas que evidencian las prácticas que configurarían lo que llamamos "medicina". Así, en excavaciones arqueológicas, han aparecido restos humanos de hace miles de años que muestran que se habían reparado roturas de huesos y curado heridas. Se han encontrado restos de cráneos que muestran que la trepanación (agujeros en el cráneo) ya se practicaba hacia el año 5.000 a.C.

En algunas tumbas u otros lugares correspondientes al Antiguo Imperio Egipcio, han aparecido inscripciones en las que se especifican los nombres de "jefes de médicos", "oculistas", "médicos del vientre", "dentistas", "intérpretes de los líquidos escondidos en el interior". Unido a esto se puede decir que la farmacología egipcia estaba también muy desarrollada y se servía de productos vegetales, minerales o animales como bebedizos, pomadas y cataplasmas, que constituían remedios muy habituales.

También se han hallado en Mesopotamia restos arqueológicos que prueban la existencia de prácticas médicas.

Se observa que en esas épocas los conocimientos y remedios médicos aún eran muy primitivos y elementales, lo que no significa que no existiese una práctica médica sometida a una serie de regulaciones. Así por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1.750 a.C), se aparecen una "Reglamentación legal de la práctica de los sanadores de rango inferior" en la que queda claro que la profesión de cirujano comportaba una serie de riesgos importantes, incluso la muerte, si se producía la muerte del paciente, si se trataba de clase alta. También es de destacar el Papiro Ebers (hacia el 1.500 a.C), uno de los tratados médicos y de farmacopea más antiguos conocidos, y que contiene descripciones de fármacos procedentes de plantas con indicaciones terapéuticas.

Un problema para que la medicina avanzara era el poder acceder al interior del cuerpo humano. Las parte exteriores como la cabeza, el tronco y las extremidades proporcionaban un conocimiento muy superficial del cuerpo. Acceder al interior del cuerpo humano producía graves daños al individuo lo que explica las dificultades que había que vencer para profundizar en el conocimiento de la estructura interna del cuerpo. Lo que se avanzaba se debía a a los traumatismos producidos por acciones exteriores violentas como fracturas de huesos, heridas producidas en combates, amputaciones accidentales de extremidades. Los traumatismos permitían observar directamente y de ello se derivaron las acciones destinadas a intentar restablecer los cuerpos a sus estados originales. Así por ejemplo, la reducción de las fracturas ayudó al conocimiento del esqueleto y de los tendones. El embalsamamiento de los faraones contribuyó al conocimiento de la anatomía y a la práctica de la cirugía y proporcionó un conocimiento de las cavidades del organismo.

La disección humana, que podía ayudar a conocer el interior del cuerpo se topó a menudo con dificultades y prohibiciones, siendo una práctica poco utilizada e incluso prohibida en algunas culturas, al considerarse el cuerpo humano sagrado.

Papiro Ebers

La medicina al ser una actividad tan necesaria para el ser humano se estableció por todo el mundo, por lo que médicos e ideas sobre la materia médica aparecieron en todas las culturas. Y así, a parte de los ejemplos de Mesopotamia y Egipto, destaca también la medicina en China y la India.

Los textos más antiguos de la medicina india son las colecciones atribuidas a Sushuruta y Charaka, escritas hacia el S.I a.C. textos que combinaban anatomía con sintomatología y recetas.

En cuanto a la medicina china destaca la práctica de la acupuntura, basada en en una vieja idea china que entiende la salud y la enfermedad como producto de la relación entre dos principios opuestos, el yang (positivo, cálido, seco) y el ying (negativo, frío, húmedo). La acupuntura trataba de restablecer el equilibrio correcto entre estos dos principios.



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Referencias:
J. M. Sánchez Ron y A. Mingote. Una Historia de la Medicina: de Hipócrates al ADN. Crítica. 2013.