29 octubre, 2016

LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA: UN EJEMPLO DE RENOVACIÓN Y MODERNIDAD

Un 29 de octubre de 1876, hace justo 140 años, se inauguraba la Institución Libre de Enseñanza. La ILE fue fundada por un grupo de de catedráticos, entre los que se encontraba Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón, separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral. Eso sucedía en 1867, en una España con un índice de analfabetismo muy elevado, aunque con la revolución de 1868, conocida como la "Gloriosa", recuperaron las aulas temporalmente, ya que con la Restauración Borbónica de 1874 se vieron nuevamente fuera del sistema.

Edificio de la Institución Libre de Enseñanza

Por ello, se vieron obligados a continuar su tarea educadora al margen de los centros universitarios del Estado, mediante la creación de un establecimiento educativo privado, cuyas primeras experiencias se orientaron hacia la enseñanza universitaria, y más tarde, a la educación primaria y secundaria. Y así, de aquella represión educativa nacería el deseo de una educación libre y moderna.

Prestigiosos intelectuales como Joaquín Costa, Leopoldo Alas "Clarín",José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Antonio Machado, Joaquín Sorolla o Santiago Ramón y Cajal, entre otros, estaban comprometidos con la renovación educativa, cultural y social impulsada por la ILE. De hecho, gracias a la Institución Libre de Enseñanza, llegarían a España las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas ya aplicadas y reconocidas en Europa. 

Clase de primaria de la Institución Libre de Enseñanza
La Institución Libre de Enseñanza destacó al promover un modelo pedagógico en el que se podía ver un importante cambio en la metodología de la enseñanza. Y así, la ILE supuso una auténtica revolución en aspectos intocables en la educación tradicional en España, como mezclar a alumnado de todas las edades y de distinto sexo. No había libros de texto ni clases magistrales ni exámenes, se daba clase al aire libre, se hacían excursiones y se buscaba crear interés y motivación en el alumnado del mundo que le rodeaba. Se trataba de ayudar a construir en el alumnado un pensamiento crítico, individual y autónomo, y donde el deporte, la cultura y el respeto a la naturaleza tenían una función importante. Se primaba educar y formar ciudadanos de una forma integral.

De hecho, Giner de los Ríos afirmaba:

"Sí veis  en la escuela niños quietos, callados, que ni ríen ni alborotan es que están muertos: enterradlos. Transformad esas antiguas aulas: suprimid el estrado y la cátedra del maestro. En torno al profesor, un círculo poco numeroso de escolares activos, que piensan, que hablan, que disputan, que se mueven, que están “vivos” en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro".

El más conocido rector de la Institución Libre de Enseñanza fue Francisco Giner de los Ríos (pedagogo, filósofo y ensayista) firme defensor del nuevo proyecto educativo impulsado por la ILE. Antes que rector fue profesor y compaginó estas funciones con la de director del BILE (Boletín de la Institución Libre de Enseñanza) que se convirtió en una publicación que no sólo informaba sobre la marcha del centro sino que daba a conocer el movimiento intelectual contemporáneo. Labor suya sería también la búsqueda de colaboradores que ayudaran a mantener la ILE. 

Es de destacar la larga y brillante lista de colaboradores del Boletín: Bertrand Rusell, Charles Darwin, León Tolstoi, H.G Wells, Henri Bergson, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, Emilia Pardo Bazán, entre otros.

Francisco Giner de los Ríos
La labor de la Institución Libre de Enseñanza influiría en los poderes públicos que iniciaron importantes reformas en los terrenos jurídico, educativo y social, unas reformas que eran muy necesarias en la España de aquel momento. También se crearon organismos como el Museo Pedagógico, y la Junta para la Ampliación de Estudios, de la que dependían el Centro de Estudios Históricos, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales o la Residencia de Estudiantes. Los intentos de renovación pedagógica cristalizaron desde 1907 hasta 1936 con otras iniciativas pioneras como el Instituto Escuela, las colonias escolares de vacaciones, la Universidad Internacional de verano de Santander o las Misiones Pedagógicas que durante la Segunda República divulgarían la cultura entre los pueblos más atrasados y pobres del país.

Pero el proyecto educativo de la Institución Libre de Enseñanza fue tan ambicioso e innovador que con el tiempo se ganó el rechazo de los sectores más conservadores de la sociedad. Con la Guerra Civil Española todo ese esfuerzo de modernización se destruyó, se confiscaron todos los bienes de la ILE, la mayoría de los institucionistas tuvo que exiliarse y los que se quedaron tuvieron que enfrentarse a la censura, la persecución o el ninguneo de su labor, pues era considerada antinacional, de hecho uno de los objetivos de la depuración a pequeña escala realizada por la dictadura fueron los maestros.

Durante un corto período de tiempo (1876-1936) España gracias a la labor de la Institución Libre de Enseñanza alcanzó la sintonía cultural y científica con Europa. Y sin duda, sí se hubiera mantenido el trabajo realizado por la ILE el desarrollo del país hubiera sido muy distinto, pues la involución en materia educativa tras la guerra civil fue un lastre muy considerable.


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Referencias:


22 octubre, 2016

LUGARES CON HISTORIA: CUEVA DE ALTAMIRA

La cueva de Altamira es una cavidad natural en la roca en al que se conserva uno de los ciclos pictóricos y artísticos más importantes de la Prehistoria. El estilo de gran parte de las pinturas se enmarca en el denominado arte franco-cantábrico, caracterizado por el realismo de las figuras representadas. Contiene pinturas policromas, grabados, pinturas negras, rojas y ocres que representan animales, figuras antropomorfas, dibujos abstractos y no figurativos.

Bisontes cueva de Altamira
La cueva de Altamira se encuentra en Cantabria, en los límites de los términos municipales de Santillana del Mar y Reocín. Se sitúa a 158,5 metros sobre el nivel del mar en la parte superior de un karst del Plioceno. Su estructura geológica está formada por estratos casi horizontales de calcarenitas, separadas por finas capas de arcilla.

Altamira tiene un recorrido de 270 metros de longitud. En la zona de la entrada se localiza el yacimiento arqueológico y la sala de policromos, ambos forman parte de una gran sala vestibular. A continuación, a excepción de la Gran Sala, no hay espacios muy amplios y finaliza en una estrecha galería de difícil acceso, pero que también contiene pinturas y grabados.

Marcelino Sanz de Sautuola
El hallazgo de la cueva se debe a Modesto Cubillas, que en 1868 se lo comunicó a Marcelino Sanz de Sautuola que visitaría la cueva por primera vez en 1875. Sautuola tenía una amplia formación en Ciencias Naturales y en Historia y tras visitar la Exposición Universal de París de 1871 y ver los trabajos de las excavaciones realizadas en el Sur de Francia, decidió emprender sus propios trabajos en las cuevas de Cantabria. Volvería a Altamira acompañado por su hija María, que sería la primera en ver las famosas pinturas policromas.

Émile Cartailhac
En 1880 publicó el hallazgo en el folleto "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander" donde atribuía las pinturas a la Prehistoria, al periodo Paleolítico.Pero sus contemporáneos, desde diferentes perspectivas, intelectuales evolucionistas, creacionistas o los incrédulos prehistoriadores del momento, fueron incapaces de asumir sus planteamientos. No sería hasta años más tarde, en 1902, cuando el prehistoriador francés E.de Cartailhac publicó "Les cavernes ornées de dessins. La grotte d'Altamira, Espagne. Mea culpa d'un sceptique" en al que reconocía su valor original, adquiriendo Altamira reconocimiento universal y convirtiéndose en un icono para quienes deseaban conocer el origen del hombre.

La cueva de Altamira contiene los restos de actividades cotidianas de sus habitantes durante los milenios que estuvo ocupada. El yacimiento arqueológico está en el interior, cerca de la actual entrada de la cueva, buena parte sepultado bajo una espesa colada estalagmítica o por los muros artificiales construidos en el S.XX.

Utillaje prehistórico Altamira
Marcelino Sanz de Sautuola en 1879 descubrió en la cueva abundantes objetos de sílex, hueso y asta, colorantes y restos de fauna y conchas que le sirvieron para fijar la edad paleolítica de las famosas pinturas policromas. Pero el primero que excavó en profundidad y extensión la cueva de Altamira fue H. Alcalde del Río, director de la Escuela de artes y oficios de Torrelavega en 1903 siendo él quien descubrió dos niveles consecutivos, el inferior y más antiguo de época Solutrense, y el superior y más reciente, del Magdaleniense. En estudios más recientes del año 2006 al 2010, se distinguieron hasta ocho niveles, desde el Magdaleniense inferior hasta el Gravetiense, hace 22.000 años.

Los conocimientos actuales han permitido establecer que el arte de Altamira se corresponde con el mismo marco cronológico que el depósito arqueológico, entre 35.000 y 13.000 años. Así, el techo de los policromos contiene las representaciones más antiguas como los grandes caballos de color rojo, una mano en positivo y dos en negativo, y varias series de puntos. Hay otras figuras de color negro, dibujadas con carbón, datadas en el Magdaleniense inferior y a ésta época pertenecen también los signos cuadrangulares y una especie de máscaras que son formas naturales de la pared a las que se añadieron ojos o boca, humanizándolas. El ciervo es la figura más representada, la mayoría del Magdaleniense inferior.Los 25 grandes policromos son caballos, bisontes (de 125 a 170 cm.), y una cierva de mas de dos metros. La técnica utilizada fue grabar primero el contorno con carbón y luego se rellenaron con pintura roja o amarillenta. Se utilizaron básicamente dos pigmentos, el negro de carbón y el óxido de hierro rojo o pardo, aplicados directamente o disueltos en agua. La impresión de policromia se produce por la integración del color de la roca para que rojo y negro no choquen cromáticamente. Los bultos naturales del techo y las grietas se utilizaron para dar volumen o para dibujar el contorno de las figuras.

Cierva cueva de Altamira
La cueva de Altamira fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985, considerándola como una obra maestra del genio creador del hombre y la primera de sus expresiones artísticas, constituyendo además un testimonio excepcional de una cultura ancestral y una ilustración extraordinaria de una etapa importante de la historia de la humanidad. De hecho es considerada por los arqueólogos como la "Capilla Sixtina de la Prehistoria". Para preservar la cueva y sus pinturas se decidió cerrarla al público, aunque ha sido reabierta en ciertas ocasiones de forma experimental. Una réplica de la cueva fue construida muy cerca de la misma en 2001 en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira y en su interior destaca la Neocueva de Altamira, la reproducción más fiel que existe de la original y muy similar a como se conocía hace 15.000 años.

Vídeo sobre la cueva de Altamira de la Unesco


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Referencias:
http://museodealtamira.mcu.es/index.html


13 octubre, 2016

ORIGEN DE LAS CARTAS PUEBLAS: BRAÑOSERA, CUNA DEL MUNICIPALISMO

Una Carta Puebla es el documento por el cual los reyes cristianos y señores laicos y eclesiásticos de la Península Ibérica otorgaban una serie de privilegios a grupos de población con el fin de repoblar ciertas zonas de interés económico y/o estratégico durante la Reconquista.

Carta Puebla de Brañosera (824)
Las Cartas Puebla surgieron en el contexto de la Reconquista y la consecuencia de la misma fue la repoblación de las zonas recuperadas militarmente. Estas zonas recuperadas y repobladas y sus cartas de población aseguraban las nuevas fronteras, mediante el asentamiento de una población guerrera y campesina, pero además rehabilitaba las tierras conquistadas a los musulmanes fomentando así la creación de nuevas fuentes de riqueza y el aumento de los recursos de la Hacienda Real. Pero también las Cartas Puebla fueron utilizadas por los monarcas como un instrumento político de equilibrio frente al poder señorial, permitiendo la creación de núcleos urbanos constituidos por hombres libres, en medio de señores y reyes.

Por su finalidad repobladora esta cartas de población fijaban las condiciones jurídicas de la ocupación del territorio y del asentamiento en el mismo, además de regular las relaciones entre los repobladores y el señor de la tierra. Algunas regulaban jurídicamente la vida local germen del municipalismo. Las Cartas Puebla fueron utilizadas sobretodo en la repoblación de la zona norte y centro de la Península Ibérica, áreas deshabitadas o con poca población. Pero también existieron situaciones similares de repoblación en Europa, aunque no por los mismos motivos de recuperación de territorio musulmán.

Quien otorgaba las Cartas Pueblas era el respectivo señor del territorio (ya fuera rey cristiano, señor laico o eclesiástico) que actuaba por propia iniciativa, o en ocasiones, por petición de los propios súbditos ( en este caso el acuerdo adquiría cierta naturaleza pactista).

Las cartas de poblamiento tenían diversas modalidades dependiendo de su naturaleza y contenido, destacando:

- El contrato agrario-colectivo, de carácter privado y que fijaba las normas a las que debían ajustarse los pobladores que se asentaban en la zona como los límites, la titularidad de la tierra o el establecimiento de rentas.

- El contrato agrario-colectivo público o carta de población de naturaleza pública, que establecían un régimen jurídico-público, estableciendo exenciones o privilegios de carácter económico, cargas, etc.

Y así, la más antigua Carta de Población conocida de entre todos los reinos y territorios cristianos de la Península Ibérica es la Carta Puebla de Brañosera, que sería otorgada un trece de octubre de 824 (en tiempos de Alfonso II el Casto) por el Conde Munio Núñez y su esposa Argilo de Trasmiera.

Conde Munio Núñez

Iniciada la repoblación desde los valles cántabros se dirigió hacia la meseta encabezada por gente humilde que impulsada por el hambre y esperanzados por la presura (tierras en propiedad concedidas por el rey al primero que las roturase, con lo que los campesinos mantenían así su condición jurídica de libres con la condición de que las cultivasen y se mantuviesen bajo su mandato) se establecieron de forma dispersa y aleatoria. Detrás de los campesinos llegarían los nobles y abades.

El Conde Munio Núñez se dio cuenta de la necesidad de organizar la repoblación que, amparada por la presura, era inestable e ineficaz para garantizar el avance reconquistador y repoblador (muy dispersa), ya que la situación militar era precaria por ser zonas recientemente reconquistadas y ser zonas fronterizas. Y junto a cinco familias foramontanas (del norte peninsular) llegaron para repoblar Brañosera.

La Carta Puebla de Brañosera (Brannia-Ossaria: tierra de brañas y osos, actualmente población palentina) liberaba a los colonos de ciertas obligaciones consagradas y les otorgaba ciertos privilegios por su propia condición, privilegios que no eran personales sino que se extendían a todo aquel que se acogiera a la misma condición de poblador. Y así, el conde Munio Núñez califica a su súbditos como hombres libres y los dota de derechos. Así, les concedía el libre uso de todo el valle con dos únicas condiciones como eran, la de dar parte de ese uso al que quisiera venir a repoblar el valle, y abonar al conde la mitad de la paga que se cobrara a los de las villas cercanas que hubieran apacentado sus ganados en estos terrenos. A cambio, los pobladores de Brañosera estaban exentos de vigilancia militar y del servicio en los castillos cercanos.

Concesión del Fuero de Brañosera de F.J Hoyos Arribas

Esta singular repoblación de hombres libres sería el origen del reino de Castilla, ya que por entonces Castilla era un conjunto de condados dependientes del Reino Astur. 

Destaca la Carta Puebla de Brañosera por ser uno de los pocos y más antiguos testimonios sobre la repoblación castellana en la alta edad media. Y además, es considerada como el origen del municipalismo en España, el germen de los actuales ayuntamientos.

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Referencias:


07 octubre, 2016

LA HISPANIA PRERROMANA: LOS ÍBEROS Y SU CULTURA

Los íberos fueron un conjunto de pueblos independientes que ocuparon el sur, levante y nordeste de la Península Ibérica (llegando incluso al sudeste de Francia) durante la Edad del Hierro y que tenían la cultura más avanzada. Su cultura tiene elementos comunes, es el caso de la lengua y el arte, pero también tiene rasgos diferenciados según las zonas y diversos grados de desarrollo.

Poblaciones prerromanas: localización geográfica zona íbera

El mundo ibérico se desarrolló a partir del S.VII a.C. por el contacto entre los pueblos indígenas que vivían en la zona sur y en el litoral mediterráneo de la Península Ibérica y los comerciantes fenicios, griegos y cartagineses, coincidiendo con la decadencia de Tartessos, cuya cultura desarrollada a finales de la Edad del Bronce era una de las más ricas y brillantes del Mediterráneo occidental.

Los poblados íberos estaban fortificados y eran los centros políticos, económicos y a veces religiosos de las comunidades ibéricas. Se asentaban casi siempre en lugares altos, fácilmente defendibles y se dotaban de murallas y fortificaciones. Su urbanismo se adaptaba a las características montañosas del lugar. En los alrededores eran frecuentes aldeas aisladas, mientras que las atalayas servían para controlar el territorio. Dentro de los poblados las murallas que los defendían eran un símbolo de poder, servían de defensa, impedían el paso por los puntos más accesibles y marcaban los límites.

Poblado ibérico El Puig Castellar

La arqueología también evidencia la existencia de construcciones ibéricas de mayor tamaño y complejidad por lo que podrían estar vinculados a un sistema de creencias.

Las viviendas íberas eran reducidas, no superando los 45 metros cuadrados, y con un único espacio rectangular en el que se desarrollaban todas las funciones de la vida cotidiana como el descanso, la preparación de alimentos, el almacén y otras tareas. El material constructivo era el adobe para la estructura, el techo era sostenido por vigas de madera y cubriéndose toda la construcción con una cubierta vegetal. Es posible que estas viviendas no tuvieran ventanas y que dispusieran de almacenes adosados e incluso de un piso superior.

En cuanto a las actividades productivas la agricultura era la principal actividad económica complementada por la ganadería. Destacaba la agricultura de secano como los cereales, la vid y el olivo. Alternaban el cultivo de cereales y leguminosas lo que favorecía la regeneración de la tierra. Los frutos, la explotación de los bosques y la recolección completaban, con madera, miel o bellotas, los recursos disponibles. Muy importante también para la economía íbera era el cultivo de la vid y el olivo, destinados a la exportación y cuya venta permitía la importación de otros productos o moneda. Las numerosas herramientas agrícolas halladas en los yacimientos evidencian el gran desarrollo de la agricultura y la metalurgia del hierro (destaca el arado con reja metálica). La ganadería íbera se basaba más en el pastoreo que en la cría en establos, destacando los rebaños de ovejas y cabras, también cerdos y bóvidos. De la ganadería obtenían los íberos carne, leche, queso y también fuerza de trabajo.

En la economía íbera destaca el gran desarrollo de actividades artesanales como la industria textil vinculada especialmente a la mujer. Las mujeres debían dedicarse en gran parte al hilado como lo demuestran las fusayolas (pieza cerámica o piedra que en el huso servía de contrapeso y ayudaba a enrollar el hilo) encontradas en numerosos yacimientos, siendo probable que algunas familias se especializaran en estas tareas. Estrabón (geógrafo e historiador griego) ya mencionaba que las lanas íberas eran muy solicitadas y de bella factura. También se sabe que los íberos eran muy hábiles trabajando el esparto con el que confeccionaban alfombras, cestería y cuerdas.

Cerámica ibérica Museo Arqueológico e Historia Elche
La cerámica y la metalurgia también fueron conocidas y trabajadas por los íberos. Se conocen tanto piezas elaboradas a mano (las más abundantes y que se destinaban para guardar alimentos y como vajilla doméstica), las piezas elaboradas a torno (aumentó la producción y la precisión además de significar una innovación técnica y formal que facilitó el desarrollo de una cerámica autóctona con caracteres propios). Es importante también el uso que los íberos hicieron del horno cerámico con cúpula y doble cámara. Destaca  la decoración con motivos vegetales y escenas de guerra, siendo esta una muestra de la complejidad decorativa de la cerámica ibérica. La metalurgia también fue desarrollada por los íberos que destacaron en el trabajo del hierro forjado (los objetos de hierro aparecen en numerosos yacimientos ibéricos, ya sean herramientas agrícolas o armas) el bronce (usado sobretodo para fabricar fíbulas para sujetar prendas de vestir, botones, brazaletes y pequeñas esculturas entre otros utensilios) y metales como el oro y la plata (materiales de lujo destinado a fabricar vajillas ceremoniales destinadas al culto, joyas y ornamentos).

La moneda y el comercio estaban muy relacionados. El uso de la moneda en el mundo ibérico se inicia con el incremento de los intercambios en el comercio con las colonias fenicias y griegas, pero también con el pago a los soldados íberos reclutados como mercenarios. Al principio utilizaron moneda fenicia o griega acuñando más tarde moneda propia, de hecho desde el S.III a.C las cecas íberas ya acuñaban moneda con iconografía y escritura propia.

Los intercambios comerciales en el mundo ibérico se potenciaron por el contacto con los mercaderes fenicios, griegos y púnicos que establecieron enclaves y colonias en el litoral peninsular, que servían de base para el comercio con la población nativa. El comercio era controlado por las altas jerarquías sociales, que se encargaban de almacenar y redistribuir los productos para la exportación ya fueran metales, cereales o fibras textiles, pero que también monopolizaban los productos de importación como cerámica, tejidos, objetos metálicos, joyas, tejidos de púrpura o cerámicas griegas. Con el control del comercio aumentaba el prestigio de la aristocracia y de los grupos dominantes, que acumulaban bienes de lujo. Para estos intercambios se utilizaron monedas e incluso, a veces, se dejaban por escrito las transacciones realizadas.

Fragemento plomo ibérico con inscripción Castellet de Bernabé

De hecho se sabe que los íberos conocieron el uso de la escritura a través de los contactos con los colonizadores griegos y fenicios desde el S.IV a.C., y que desarrollaron un sistema de escritura propio que aún no ha podido ser descifrado. La escritura ibérica utilizaba diversos soportes como láminas de plomo, grabados en piedra, esculturas y muros, pero también sobre cerámica y monedas.

La organización social de los íberos era piramidal figurando en la cúspide una élite aristocrática de origen económico, tribal o de guerra. Así los miembros varones de la aristocracia tenían el estatus de guerreros y sus tumbas tenían carácter monumental. Los sacerdotes y sacerdotisas no formaban una casta estructurada y sus funciones, siempre dentro de las clases elevadas, eran ocasionales. Los comerciantes podían incluir desde un humilde negociante hasta un rico importador. Los artesanos no disfrutaban de privilegios sociales, aunque su trabajo estaba muy especializado. La mayor parte de la población (hombres y mujeres) se dedicaba a la agricultura y la ganadería. Las diferencias sociales entre la población íbera se observan muy claramente en las necrópolis ibéricas donde contrastan las tumbas con gran riqueza en ajuar y las simples urnas con los restos.

Falcata ibéra Museo Prehistoria Valencia
El pueblo íbero ha sido considerado tradicionalmente como un pueblo guerrero muy preparado y cualificado para la guerra y cuya forma de lucha principal eran las guerrillas. Los enfrentamientos eran numerosos aunque de poca duración entre los distintos pueblos íberos, y entre estos y sus vecinos celtíberos o de otras etnias. Muchas veces era una forma más de obtención de recursos. Los íberos se defendían con diverso material como los escudos, cascos, corazas y espinilleras y su principal armamento se componía de espadas (el arma más conocida la falcata), puñales, lanzas, jabalinas, hondas y arcos. También se sabe que utilizaron la caballería.

La religión de los íberos es bastante desconocida ya que no se conocen sus dioses, quizás porque solo se mostraban a través de los símbolos. Gracias a la arqueología se sabe que seres fabulosos y bestias divinizadas protegían las sepulturas aristocráticas, y que las "damas", posiblemente deidades humanizadas, tuvieron un papel importante. Del S.IV a.C. datan algunas imágenes de divinidades importadas como Astarté, Melqart, Artemisa, Démeter y Tanit, que quizás los íberos adoptarían parcialmente como suyas. También se conocen en ciudades y poblados íberos la existencia de edificios de culto con altares en los que se harían sacrificios de animales.

Los íberos tenían santuarios o lugares de culto, situados en entornos naturales privilegiados, verdaderos centros de peregrinación, meditación y curación. Destacan los exvotos, objetos que se ofrendaban a los dioses en reconocimiento a los favores obtenidos o que se pretendían obtener. Los exvotos eran de muchos tipos según el material utilizado en su fabricación y las formas (pequeñas figuras de hombres y mujeres, bustos, cabezas retrato, etc., en bronce, piedra, terracota, etc.). Estas figuras tienen características diversas según el santuario de procedencia lo que podría indicar un culto a dioses distintos.

Exvotos ibéricos Museo Prehistoria Valencia

Dentro de la cultura ibérica destaca el ritual funerario.De hecho buena parte de su cultura la conocemos gracias a lo que de estos ritos se ha conservado. Los enterramientos tenían relación con el estatus social de los difuntos. El ritual funerario utilizado era la cremación y la posterior ubicación en tumbas de las cenizas y el ajuar. Los restos no incinerados se sometían a un lavado y tras envolverlos en una tela se depositaban en una urna. Durante el banquete funerario se sacrificaban animales y se depositaban en la tumba parte de los alimentos. Junto a la urna se colocaban objetos a modo de ajuar. Las necropolis estaban situadas fuera del poblado y durante mucho tiempo fueron utilizadas exclusivamente por las clases dominantes. En el Noreste de la Península Ibérica solían ser campos de urnas con las cenizasdel difunto y el ajuar en fosas o cajas de losas cubiertas con un túmulo de piedras mientras que en el Sur y Sureste son necrópolis más grandes y con varios tipos de tumbas como cistas, hoyos, túmulos escalonados, torres, pilares-estela, composiciones escultóricas y cámaras funerarias. Los monumentos funerarios más complejos pertenecen a tumbas aristocráticas.

Después de dar este repaso por la cultura ibérica se puede decir que fue una cultura singular y brillante que se mantuvo hasta la llegada de los romanos cuya enfrentamiento con los cartagineses acabó por desequilibrar el territorio íbero desembocando en la posterior conquista romana.

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Referencias: 
Íberos, nuestra civilización antes de Roma. Obra Social La Caixa.